Cuentos Descoloniales | Tarén para el que sufre modernidad

Inspirado en el relato de la comunidad Pemón: "Tarén para el niño que sufre el moroné de lo podrido".

Voy a decir otro tarén; éste es para combatir un mal que los otros llaman modernidad y nosotros bien podemos comparar al moroné de lo podrido.

En ésta situación de modernidad, muy posterior al primer piá-Daktai, se encontraba el niño de un piá, hijo del agua. Ya la enfermedad lo tenía confundido, sin saber quién era, ni de dónde provenía él y su pueblo; porque cuando alguno cae en ésta enfermedad, la enajenación está presente y lo va destrozando como a una curiara vacía que boga por el río y embiste contra los peñascos.

Pero he aquí que lo encontraron unos cuantos zamuros y unas cuantas moscas de las que viven en la misma modernidad. —¿Qué es lo que te pasa?, le dijeron. Y el piá respondió: —Que comí modernidad, en compañía de unos que estaban con el moroné de lo podrido, y mi hijo cayó con este mismo mal.

Eso no es nada, dijeron ellos; eso es igual que nada. Mírame a mí: con esa misma modernidad me sustento yo y me fortalezco, con el caldo de lo que hiede, con el caldo de lo podrido. Con el jugo de los helenos, con el jugo de los germanos, con el jugo de los hispanos y sus descendientes… crío mis hijos yo.

Entonces dijo uno de ellos: —He aquí que yo encuentro al hijo de un piá, al hijo de un poblador originario; he aquí que lo encuentro ya sufriendo, ya explotado, ya alienado, ya transculturizado.

El otro dijo: —Pues eso es como nada; ése es un mal que se quita. Con eso mismo hago yo crecer a mis hijos; y, que va, no caen debajo de ese mal, porque, con espíritu crítico, con pretensión de verdad, con ánimo de liberación y situados desde la periferia, se puede enfrentar la enfermedad. No para negarla en su totalidad sino para tomar de ella lo que desde la exterioridad, y no desde el centro, sea considerado benigno y aprovechable, como la yuca amarga -esa que es nuestra comida de cada día-, descartando sólo lo perjudicial para el piá y la naturaleza en su conjunto. Sabemos, como aquel gran piache, el Piaimá, que el fármaco es veneno y, a la vez, antídoto. Así yo le quito ese mal.

Y dijo nombrándose: —Yo, ciertamente, yo, Tito-Piá, yo lo curo. El tarén es signo previo de la curación. Yo soy el que coge el moroné de la modernidad y, mediante el canto del tarén, lo convierte en transmodernidad (que viene en función de la vida -como principio ético absoluto- y no en función del incremento de la tasa de ganancia). Es una nueva edad del mundo: no-moderna, multipolar y en permanente diálogo intercultural. A mí me nombrarán para sus tarén sus descendientes, los que superarán completamente éste mal en los próximos siglos.

Luego dijo: —Pero eso no es nada; eso lo curo yo, lo arreglo yo. Ahorita ya, tráeme tu bebida y tu comida moderna para que te la sople. ¡Itú-itú! La sopló. Y he aquí que la modernidad pudo comerse sin temor de daño o mal.

Éste es el dicho, éste es el tarén contra la modernidad; y si cualquier otro sufre ese mal, le harás éste tarén.


Inspirado en el relato de la comunidad Pemón: “Tarén para el niño que sufre el moroné de lo podrido”. Tarén es una invocación mágica, propia del pueblo Pemón. Moroné es sustancia dañina de los alimentos en descomposición.

Aldo J. Galindo O. / Ciudad CCS

Únase a la conversación