El dedo injerencista y acusador del Tío Sam no descansa

Sanción tras sanción, Washington busca doblegar al gobierno bolivariano

Un libro, un estrechar de manos, los gestos conciliadores del Comandante Chávez, no borraron nunca la sonrisa bélica de Barack Obama, en su administración por allá en el 2009. Sin embargo y de alguna manera las arremetidas contra el entonces presidente Chávez no tenían el tono amenazante con que acostumbra a gruñir el Tío Sam.

Entrado el año 2016 Obama reconoció en una entrevista que “su administración por entonces tomó una decisión estratégica muy temprano que consistió en que en lugar de tomárnoslo como un adversario gigante, dar al problema las dimensiones que merecía y decir: No nos gusta lo que está pasando en Venezuela, pero no es una amenaza para EE.UU.”

Como puyando para dar el empujón, la estrategia cambia y en el 2015 somos “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos y para la salud de su sistema financiero”, ordenando la suspensión de visas y la congelación de activos en territorio estadounidense de siete funcionarios militares y policiales venezolanos.

Aunque Obama se despide de su cargo, extiende dicho Decreto por un año más, como regalo.

¿Cómo es que una de las precupaciones expuestas por aquel mandatario era rebajar el sentimiento antiestadounidense en la región?

Las injerencias en Venezuela solo cambiaron de nombre de administrador, Donald Trump, y el manoseo incesante a nuestra soberanía económica con el fin último de dejar a Venezuela con una mano adelante y otra atrás.

Así, la Carta Democrática Interamericana fue invocada por Luis Almagro como Secretario General de la OEA, acusando a Venezuela de una ruptura del orden democrático. No contentos con eso, trataron de entorpecer el proceso constituyente sancionando a 13 funcionarios, exfuncionarios y militares venezolanos.

Una estocada se anuncia con el control (secuestro) de nuestros activos petroleros equivalentes a 7 mil millones de dólares y cuentas congeladas con 11 millones de dólares. Los mil doscientos millones de dólares que suman además, el oro venezolano secuestrado por Gran Bretaña.

“Citgo es y siempre será de los venezolanos. Quieren llevarse nuestros recursos, Pdvsa. No podrán con nosotros”, dijo recién el ministro del petróleo, Manuel Quevedo, en esta batalla que se asemeja a una partida de ajedrez complicada.

Una misma estrategia para diferentes épocas

Desde la llegada del Presidente Hugo Chávez y la revolución bolivariana al poder, son muchos los ataques que ha recibido Venezuela en su intento por hacer un gobierno para el pueblo, sin el tradicional recetario neoliberal estado unidense.

Es necesario hacer un ejercicio de reflexión para remontarnos a la administración Bush, la entonces Secretaria de Estado de EE.UU. Condolleza Rice, hablaba de intervenir en los asuntos internos de Venezuela, argumentando ofrecer una “ayuda” al Presidente Chávez y recomendándole, cambiara el rumbo de su revolución.

“Estamos trabajando con nuestros aliados en la OEA para intentar ayudar a Venezuela, esperamos que Chávez se de cuenta que el mundo esta observandolo y sepa aprovechar esta oportunidad para enderezar su barco que ha estado moviéndose francamente en a direccion equivocada”, declaró Rice, a una cadena de noticias norteamericana.

La satanización y la descalificación, ha sido un recurso permanente usado tanto para el presidente Chávez, como para el presidente Nicolás Maduro.

Podemos observar en los años recientes, como los Estados Unidos se autoproclaman rectores de la comunidad internacional, aunque sus acciones se distancian de la concepción del “derecho internacional” emanado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) ya que tienen al menos 37 bases militares en latinoamerica. ¿Cuál es el objetivo de esas bases?

Psicología de guerra en territorio de paz

Las operaciones psicológicas aplicadas contra el pueblo de Venezuela cumplen al pie de la letra algunos de los principios de la propaganda nazi, creados por Joseph Goebbels, y método usado por Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial para atacar a los países que no se alinean a sus políticas.

Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave, se conoce como el “Principio de la exageración y desfiguración”.

Convencer a muchas personas que se piensan “como todo el mundo”, crea una impresión de voluntad unánime, a esto se la llama “Principio de la unanimidad”:

“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De esta premisa deriva la famosa frase, “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”, cumpliéndose el prinicipio de la orquestación.

Las consecuencias de este método de manipulación psicológica son la negación y usurpación de la realidad (crear medias verdades), violencia, irracionalidad, falta de identidad, pánico, tensión, fobia, y se desarrollan fundamentalmente en el escenario mediático.

La administración Bush empleó la manipulación con la invasión a Irak (2003), basándose en la presunta tenencia de armas de destrucción masiva. Luego de años de destrucción declaró que no se encontraron .

FRANCIS COVA/GUSTAVO VARGAS/CIUDAD CCS

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