El Derecho contra la fuerza

Néstor Rivero

¿Tiene posibilidades el Derecho de vencer en la arena de la vida a la fuerza bruta? Quizá en la época en que los seres deambulaban entre cavernas, selvas y sabanas para lograr lo indispensable, en muchos casos se imponía el instinto y la fuerza por encima del raciocinio y la equidad.

Hoy las personas en su abrumadora mayoría –al menos en los países democráticos y aquellos donde se construye una revolución– van a la escuela, aprenden nociones de moralidad y ajustan los apetitos individuales a normas básicas para el funcionamiento del orden colectivo. Y este mismo principio de convivencia que asegura la paz dentro de una comunidad o nación se extiende al ámbito internacional para dar una indispensable funcionalidad a las relaciones entre los sujetos de Derecho Internacional. Y especialmente tras la terminación de la Segunda Guerra Mundial se despejó ante las naciones, las grandes y las pequeñas, el principio de que la solución a toda controversia debía ser sometida siempre a condiciones civilizadas de avenimiento, que por ningún sentido diesen a ninguna de las partes la facultad de alzar el hacha de la guerra contra quien refuta una posición. El Derecho en el mundo civilizado es instrumento para encaminar disputas. Y no existe en la historia universal antecedente alguno que justifique el abandono del diálogo, por tenso que este sea, o en tono sutil, áspero o amigable, con árbitro o de forma directa entre los involucrados, para que alguno de los interlocutores abandone el camino de la ley y se convierta en forajido internacional abusando de su superioridad material y armamentística frente a la contraparte, cuando dispone del mismo para imponer pretensiones.

Y hoy, en la hostilidad que manifiesta el gobierno de EE UU contra Venezuela, dicha potencia con su nueva Doctrina del Estado Mercenario –según la cual se hará la guerra en otros países y se cobrará por ello con los recursos y riquezas del territorio invadido– pretende retrotraer al mundo a los tiempos del medioevo, cuando los soldados condotieros cobraban por asaltar murallas y tomar castillos. Para asegurar la paz hoy, el Derecho debe vencer a la fuerza.

 


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