Destino suramericano

Néstor Rivero

Las fuerzas geopolíticas que se enfrentan en Latinoamérica y el Caribe hoy expresan los mismos intereses que colidieron en este hemisferio cuando, de una parte James Monroe concebía el predominio continental de la naciente potencia estadounidense, y por la otra, Simón Bolívar proyectaba una gran “República de Naciones”, cuya primera cita se dio en 1826 en el Itsmo de Panamá.
Y la América de habla hispana, junto al Caribe angloparlante y francófilo constantemente da muestras de su vocación integracionista, no para hacer entrega a las potencias imperiales, de sus potencialidades de desarrollo y bienestar, ni de sus materias primas en términos del extremo comercio desigual que signó el mercado internacional durante los últimos cien años, no. Se trata de una vocación de integración y de conciencia del rol que la región latinoamericana y caribeña está llamada a jugar como actor económico, político y diplomático ante las demás porciones del globo. Así, las dirigencias y la población de cada parcela de la región suramericana y caribeña, cada día comprende con mayor claridad, que para construir desarrollo y adquirir el status de interlocutor ante bloques de poder mundial como la Unión Europea, EE.UU y sus grandes corporaciones financieras, energéticas y del armamento, así como para lograr alianzas y asociaciones exitosas con regiones emergentes como China, Rusia, Turquía e Irán entre otros, se hace indispensable, dar pasos ciertos y avanzar en el sentido de conformar una Región: “echar músculo” económico y de interlocución política.
Así, los logros que en esta materia legó la ola de años recientes de progresismo capitaneada por Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Rafael Correa y Lula da Silva entre otros, deben ser reivindicados de modo permanente. Y se debe confiar en las fuerzas que dentro de cada país, despertaron dichos liderazgos, para apuntalar el renacimiento del destino latinoamericano y caribeño.


Únase a la conversación