Editorial | Crónica de papel y luz

Mercedes Chacín

Desde el 7 de marzo de 2019 estuvo la edición de Ciudad CCS del 10 de marzo, que circuló ayer, en la bandeja de enviados para la Imprenta Nacional. Eran cerca de las cinco de la tarde cuando “la luz se fue”. Esperamos hasta las nueve de la noche y nos fuimos a dormir convencidos de que la luz llegaría con la alborada. No fue así. Cuando a las 8 de la mañana del viernes 8, Día Internacional de la Mujer, llegamos a la Plaza Bolívar de Caracas, comprobamos que la extrema derecha mundial (imperialista, aporofóbica, misógina, racista y homofóbica) en comandita con la de aquí, “liderada” por un apátrida sorprendentemente cruel e insensible, no tiene límites en su afán para asirse del poder político en Venezuela.

El día nueve, ya con la “experiencia” acumulada cerca de las cinco de la tarde, nos retiramos de la redacción no sin antes citarnos para el día siguiente, y todos los días que dure este ataque, sin necesidad de convocarnos.

El día domingo 10 de marzo apareció una pequeña planta eléctrica extraviada por los fantasmas del edificio Gradillas y la noticia de que podíamos conectar cuatro computadoras para trabajar nos hizo pensar que la edición del 11 de marzo, finalmente, circularía, y así fue.

Dos fotógrafos, dos diseñadores y dos reporteros, asistidos por los siempre atentos de soporte técnico, dos personas de seguridad y dos conductores (que terminaron cocinando lentejas, arepas fritas y arroz con pinta de atol) fueron el equipo de tercos que llegaron hasta el día domingo, estresados por las intermitencias de la luz que borraban a cada rato trabajos casi concluidos (este texto se escribió cuatro veces) y por la incertidumbre de enterarnos casi simultáneamente con las autoridades de la magnitud del ataque terrorista.

Las máquinas de escribir de nuestros primeros pininos en el periodismo en las aulas de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela llegaba en fuertes ráfagas de pensamientos y comprobamos, una vez más, la importancia de lo real, lo tocable, lo no virtual que es definitivamente el papel.

Cuando Simón Bolívar solicitó con urgencia una imprenta no podía imaginar que la revolución digital de las comunicaciones puede acabar con todo, hasta con la verdad, pero sí sabía que esa artillería es indispensable para ganar en la batalla de las ideas, que en la hora que vive la humanidad es algo más que eso, pues nos estamos jugando la supervivencia de la especie humana, amenazada por una pandilla de nazis.

Tal vez sí pudo imaginar El Libertador que 200 años después la edición número uno de El Correo del Orinoco se podría tocar y que esa conexión con el pasado haría que su gesta, plasmada también en cientos de cartas, sería seguida por la gente buena del mundo. Hoy, en medio de esta encrucijada por la salud de la Patria, el famoso granito de arena para el esfuerzo colectivo requiere de toda nuestra creatividad y conciencia para lograr la victoria. Sigamos.

CIUDAD CCS

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