Editorial | Recuerdos antiimperialistas

Mercedes Chacín

Permítanme, queridas lectores y queridos lectores algunos recuerdos en primera persona en estos tiempos en los que está prohibido olvidar. Empezaba la década de los años 80 del siglo pasado, cuando llegué a Caracas con un cargamento de sueños y de proyectos. Y ya con sarampión a los 16 años. Así que no fue difícil incorporarme “a la lucha”. Mi primera “militancia” política en la capital fue en la solidaridad internacional con los países de Centroamérica. Nuestra consigna siempre fue defender la autodeterminación de los pueblos, que traducido al lenguaje coloquial significa: nosotros resolvemos nuestras diferencias sin injerencia extranjera. Para eso me incorporé al Movimiento Universitario de Solidaridad con Centroamérica (MUSC).

Había gente burda de activa en la UCV en la solidaridad internacional, pues en 1979 los sandinistas empezaron a mandar en la “Nicaragua sin Somoza”, frase de aquella canción que Rubén Blades cantaba contra el imperialismo. Pero se olvidó de esa letra. Ya no le da palos al tiburón. Eran los tiempos de los Contra, de los indios miskitos, de los asesinatos de curas y monjas, de torturas, de la Teología de la Liberación, tiempos de guerra y de muerte.

En El Salvador, en Honduras y en Guatemala había guerras de liberación. El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y el Frente Sandinista para la Liberación Nacional, por solo nombrar a dos legendarias organizaciones guerrilleras, marcaban la pauta de la juventud rebelde.

La injerencia gringa siempre presente apoyaba a los verdugos, a los dictadores, a los esbirros, a los torturadores, a los asesinos de sueños.

Les contaba que nosotros decidimos reunirnos en el MUSC. La verdad es que en ese momento nunca imaginé que el “fuera la bo, fuera la bo, fuera la bota militar” que gritábamos a los guardias nacionales del Jardín Botánico de la UCV, algún día se convertiría en una amenaza real contra Venezuela. Esto viene a cuento porque hay personas que se preguntan que es lo mejor para nuestro país. Si Trump o Maduro. Si Independencia o coloniaje. Si paz o guerra.

Y una no entiende la duda. Y tal vez no la entiende porque el antiimperialismo es una militancia que no cesa. ¿Cómo se deja de ser antiimperialista? ¿Cuándo bajar la cabeza, cuándo ser indigna?

¿Cuándo abrazar una bandera extranjera y pisotear la nuestra? ¿Cuándo se puede confiar en un ejército invasor? Sé lo que es una guerra desde hace décadas y sé qué significa ser antiimperialista y creer en la autodeterminación de los pueblos y ningún compatriota distraído debería dudar entre paz y guerra. Estar del lado de la guerra con argumentos fútiles, frívolos, descabellados, son solo eso, arranques de ingenuidad que pueden ser muy costosos. La guerra es la guerra. En la guerra nadie gana. Hay bajas humanas en las guerras. Es entre humanos. Y el ser humano por instinto debe defender su vida. Preferir la vida. No seamos cómplices de la barbarie. Para la guerra nada.

CIUDAD CCS

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