Carles Puigdemont, el pastelero independentista

El presidente de Cataluña ayudó en la pastelería familiar, ejerció como periodista y avanza en su sueño independentista

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El presidente de Cataluña ayudó en la pastelería familiar, ejerció como periodista y avanza en su sueño independentista

Hijo y nieto de pasteleros, periodista sin estudios e independentista por convicción, el presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, se encuentra en la mira del Gobierno español por el referendo secesionista del próximo domingo 1 de octubre, declarado nulo por el Tribunal Constitucional de España.

El fiscal general de España, José Manuel Maza, lo investiga por tres delitos: desobediencia, prevaricación y malversación, y asegura que solo la última falta contempla penas de prisión. Aunque, por los momentos, dijo, la Fiscalía no ha considerado oportuna la detención de Puigdemont.

“Tendremos que ver qué circunstancias se producen en su momento”, agregó en una entrevista esta semana a una radio española.

El expresidente catalán, Artur Mas, fue condenado el lunes por el Tribunal de Cuentas a pagar una multa de 5,2 millones de euros, por los gastos de la organización y celebración de la consulta popular no referendaria sobre el futuro político de Cataluña del pasado 9 de noviembre de 2014.

De pastelero a presidente de Cataluña

Carles Puigdemont es el segundo de los ocho hijos de Xavier Puigdemont y Núria Casamajó.

Nació el 29 de diciembre de 1962 –con la ayuda de una comadrona–en la misma casa donde su abuelo, Francisco Puigdemont, fundó la Pastelería Puigdemont en 1927 y vivió con su familia, en Amer, un pueblo de la provincia de Gerona, Cataluña, en el edificio número 6 de la calle Sant Miquel, a un paso del Ayuntamiento.

En ese hogar, de donde el abuelo huyó por dos años durante la Guerra Civil Española para no servir a las filas republicanas (el pueblo de Amer era republicano), se refugiaron tres enemigos de la República –dos curas, uno de ellos hermano de la mujer de Francisco (María), y un militar jubilado de Madrid, a quien el estallido de la guerra sorprendió de vacaciones en la Costa Brava–. Francisco se resistía a unirse a los republicanos, se negaba a ir a la batalla del Ebro.

Así que Francisco decidió dejar a su mujer e hijos: Xavier, Josep y Anna en Amer, atendiendo la pastelería; y en su huida terminó llegando a Ubrique, un municipio español ubicado en el sur de Andalucía, en la sierra de Cádiz. Allí, a través de un amigo, se incorporó a trabajar como cocinero en el penal de Burgos, donde se encontraban presos cientos de republicanos.

Francisco también se encargaba de comprar los alimentos. Estaba contento con su trabajo, cobraba un buen sueldo, por lo que al terminar la guerra, le propuso a su mujer mudarse con él a Burgos, pero no resultó.

El negocio en Amer iba bien, y en la ausencia de Francisco, la familia –ella, de 36 años, y los pequeños Xavier, de 12 años, Josep, de 11, y Anna, de cinco– no sufrieron represalias por parte de los republicanos. Así que en 1940 el pastelero regresó a su pastelería, pero según recuerda su hijo Josep en una entrevista a un medio español, volvió vestido de falangista.

En la familia “catalanista y católica”, según recuerda Josep, hubo más historias como la de su padre. Como la del bisabuelo de Carles, José Oliveras, un hombre de misa diaria, alcalde de Amer en 1910 y 1911, que fue distinguido como Caballero de España tras ser apresado por el Frente Popular. O la del primo de Francisco, jefe de Falange de Amer.

La guerra pasó, la dictadura franquista se instaló y Francisco y María siguieron al frente de la pastelería hasta que su primogénito, Xavier, con estudios de repostería, tomó las riendas del negocio con su esposa Núria.

Y es en aquel hogar, donde se leía a diario el carlista (movimiento político español de carácter tradicionalista) y católico periódico El Correo Catalán, en el que se crió el hoy presidente de Cataluña, Carles Piugdemont.

Según su biografía, publicada en el portal de la Presidencia de Cataluña, de niño Carles quiso ser astronauta y, de joven, fue bajista en una banda.

Cursó los estudios básicos y el bachillerato en su pueblo (Amer) y en el internado católico del Collell. Como alumno, según su amigo Salvador Clarà, hoy segundo teniente de alcalde de Amer, era eficaz y un apasionado de la historia.

Sobre su posición política, con 12 años, el hoy presidente de Cataluña ya era antifranquista.

Cinco años después, con 17 años de edad, Carles acudió por primera vez a un mitin de Jordi Pujol –fundador del partido independentista catalán Convergencia Democrática de Cataluñ (CDC)–. Lo llevó su tío y padrino Josep, quien fue elegido como el primer alcalde democrático de Amer por el CDC.

Según cuenta Josep, Carles se identificó como independentista desde muy joven, incluso cuando en las filas del partido CDC nadie apostaba por la vía de la independencia de Cataluña.

Carles inició estudios en Filología Catalana en el Colegio Universitario de Gerona, que luego abandonó para dedicarse al periodismo. Y es que a los 16 años de edad, el presidente catalán empezó a trabajar como corresponsal de la sección de deportes para el periódico Los Sitios, de Gerona.

El nieto e hijo de pasteleros ya había descubierto que hornear pasteles y vender pan no era su vocación. Ayudaba los fines de semana detrás del mostrador –también en la pastelería que algunos veranos alquiló la familia en Estartit–, pero aquello no era la suyo. Lo que le gustaba era el periodismo.

Sus siguientes pasos como periodista los dio en El Punt Diari. Y aunque nunca se matriculó en Periodismo, por sus años de trabajo pudo inscribirse en el Colegio de Periodistas de Cataluña.

Estabilizado en El Punt, donde terminó siendo jefe de redacción, Carles se concedió un año sabático para viajar por las denominadas naciones sin Estado, culminando con el libro Cata… què?

En tanto, conocería y se enamoraría de Marcela Topor, una joven rumana de origen humilde a la que conoció en el Festival Internacional de Teatro Amateur de Gerona, que él contribuyó a organizar.

Se casaron en Rosas por lo civil, y en Rumanía por el rito ortodoxo en el año 2000. Tienen dos hijas, Magalí y María.

En su carrera periodística, por encargo de la Generalitat, Carles participó en la creación de la Agència Catalana de Notícies (ACN), que dirigió hasta el año 2002, cuando el presidente de la Diputación gerundense, Carles Pàramo (CiU), le ofreció el puesto de director de la Casa de Cultura de Gerona.

En 2004, volvió a dedicarse al periodismo dirigiendo Catalonia Today, periódico catalán en lengua inglesa sostenido por subvenciones públicas de la Generalitat de Catalunya. En 2006 fue candidato a las elecciones al Parlamento de Cataluña por Convergència i Unió, resultando elegido diputado por la circunscripción de Gerona.

En 2007 fue cabeza de lista por la misma formación al Ayuntamiento de Gerona, aunque no ganó las elecciones. El 1 de julio de 2011 se convirtió en el sucesor de la alcaldesa Anna Pagans, tras las elecciones municipales celebradas el 22 de mayo de 2011, interrumpiendo más de 32 años de alcaldía del Partido Socialista Catalán en Gerona.

En julio de 2015 sustituyó a Josep Maria Vila d’Abadal en la presidencia de la Asociación de Municipios Independentistas, una de las principales entidades partidarias de la secesión.

En las elecciones al Parlamento de Cataluña, del 27 de septiembre de 2015, ocupó el puesto tres en la lista de Junts pel Sí por Gerona, resultando reelegido diputado.

El 9 de enero de 2016, Artur Mas, presidente en funciones de la Generalidad de Cataluña, le propuso como nuevo presidente, siendo investido el 12 de enero de 2016, con los votos acordados de la extrema izquierda independentista Candidatura de Unidad Popular (CUP), aunque sin apoyar los primeros presupuestos de la legislatura seis meses después.

Ningún pariente de Carles Puigdemont imaginó que el chico melenudo que atendía los fines de semana la antigua pastelería familiar en Amer se subiría un día al puig de mont (cima de monte) para liderar la cuenta regresiva hacia la Independencia.

Emma Grand / Ciudad CCS

 


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