En San Bernardino convive el verdor del Waraira con el matiz urbano

En sus calles, llenas de grandes árboles, se mezclan tres estratos sociales y varias religiones Sus haciendas de antaño cultivaron el primer café...

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Bañada por el cudal del río Anauco, y oculta entre grandes árboles, comenzó a florecer San Bernardino, un lugar lleno de frescura, que albergó las primeras haciendas cafeteras de Caracas. Luego, el crecimiento poblacional de la ciudad la convirtió en una zona que albergaba a las familias más acaudaladas de la capital.

Como todas las parroquias de Caracas, San Bernardino tiene su historia. Antes de su reciente nombramiento como parroquia, el 1 de octubre de 1994, bajo su iglesia oficial Claret, el sector era una urbanización. Sin embargo, sus orígenes se remontan a las grandes haciendas que se instalaron en la naciente ciudad.

Tras la fundación de Caracas, la primera edificación que se creó en San Bernardino fue la Quinta de Anauco arriba, que empezó a construirse en el año 1632.

También hay indicios de que previamente los españoles construyeron en esa misma zona un gran molino para procesar alimentos. De él, hoy solo quedan algunos restos.

El cronista y habitante del Barrio Los Erasos de San Bernardino, Pedro Elías Cruz, explicó que la instalación de la hacienda tenía un sentido geográfico, puesto que se planificaba poblar el valle por la zona norte; además, gracias a esta ubicación era más sencillo movilizar los víveres y el ganado vacuno que llegaba desde el puerto de La Guaira por el Camino de Los Españoles.

La presencia del río Anauco también influyó para poblar la zona. Tener agua cerca era vital, además enriquecía la tierra y facilitaba la actividad agropecuaria. Con el pasar de los años, la Quinta de Anauco arriba comenzó a tener vecinas. La llegada del café motivó la construcción de nuevas haciendas dedicadas a su producción, que abastecían al valle caraqueño de la nueva y popular bebida oscura que todos querían probar. Todo el sector de San Bernardino fue el principal productor de café en Venezuela hasta mediados del siglo XIX, cuando el crecimiento de la ciudad obliga a los productores a mudarse a otros estados.

Dos Quintas de Anauco

Hay una confusión con la existencia de las quintas de Anauco. Efectivamente ambas existen. Sin embargo, sus fechas de construcción se separan por casi dos siglos. La Quinta de Anauco se ubica en el sector Los Erasos, mucho más abajo y céntrica que la Quinta de Anauco arriba, la cual se construyó en 1796, y actualmente funciona como el Museo de Arte Colonial Venezolano, con más de 700 metros de construcción que comprenden habitaciones que se comunican internamente y dos patios internos rodeados de hermosos jardines, que hacen de esta obra un gran palacio.

Ambas casonas pasaron por varios dueños, y en los tiempos de antaño era muy común que las familias acaudaladas tuvieran dos casas; una, destinada a su residencia principal, donde se establecían todos los miembros de la familia junto a un número reducido de sirvientes, y la otra, para la residencia de los peones de las haciendas donde, dirigidos por el capataz, atendían los sembradíos y el ganado; solamente para cosas muy puntuales iba el dueño de las casas. También asistían los otros miembros de la familia, pero con fines recreativos.

La historia de estas casas adquieren valor en los primeros pasos de la república, cuando pertenecían al Marqués del Toro. En una de ellas, la de la parte baja, el Libertador Simón Bolívar pasó su última noche en Caracas, antes de salir por el puerto de La Guaira, el 5 de julio de 1827. La estadía quedaría marcada en la memoria de Bolívar, que posteriormente expresaría repetidamente el deseo de retirarse de los asuntos políticos para vivir en ella.

Crecimiento poblacional

Pedro Elías Cruz hizo referencia que a inicios del siglo XX, San Bernardino ya era un lugar más poblado. En esos días, las familias más famosas de este valle eran las propietarias de las haciendas de esa zona: los Vollmer, los Zuloaga y los Machado eran algunos de ellos. Las extensiones de terreno de cada hacienda eran abismales, y por tal razón, comenzaron a vender lotes de tierra a nuevas familias, donde se empezaron a construir viviendas más pequeñas. El lugar, geográficamente, era muy atractivo para los nuevos habitantes; el fresco clima y la cercanía al centro caraqueño propiciaban un ambiente ideal para hacer vida.

Como en toda Venezuela, el lugar sufre cambios drásticos con la llegada del “boom” petrolero. Para la década de 1930 ya nace como urbanización, con la visión del arquitecto francés Maurice Rotival, quien rompió con el clásico urbanismo de la cuadrilla española para construir una zona pensada para las familias clases media y alta de la ciudad, distribuyendo las calles circularmente a partir de la plaza la Estrella, desde donde se puede apreciar San Bernardino en todas sus vertientes.

A partir de los años 40, nuevas estructuras se empiezan a construir en la zona. Tal es el caso del Hospital de Niños JM de los Rios y el Centro Médico de San Bernardino, la primera clínica de grandes dimensiones de Caracas. La imponente edificación que hoy alberga a la Comandancia General de la Armada también se empezó a construir para la fecha. Por esos años también corría la Segunda Guerra Mundial en Europa, lo que ocasionó una fuerte migración de europeos a Venezuela: españoles, portugueses, italianos y un gran número de familias judías establecieron su residencia en San Bernardino. La presencia de esta religión, relativamente nueva en Venezuela, cobró bastante fuerza en la zona, con la construcción de tres sinagogas, que incluso superan a la iglesia Claret, único templo católico del lugar.

En los días de Pérez Jiménez, el Hotel Ávila, ubicado en la parte alta de la parroquia, era la sede de las fiestas de la élite caraqueña, entre ellas las de carnaval, que por esos días gozaban de mucha popularidad. “En el Ávila es la cosa”, era la frase que se corría por toda la ciudad, en voces de las negritas que paseaban en las caravanas e indicaban en horas nocturnas que la fiesta se instalaría en el famoso hotel.

Nace el barrio Los Erasos

Tras el derrocamiento de Pérez Jiménez llegaron cambios a San Bernardino. En octubre de 1958 se llevó a cabo el plan de emergencia de obras públicas en la ciudad, lo cual significó un crecimiento económico y poblacional en Caracas. Miles de familias del interior del país llegaron a la capital en busca de una mejor calidad de vida.

Fue así como el cronista Pedro Elías Cruz llegó en los brazos de su familia al recién creado barrio Los Erasos. Tenía solamente dos años de edad, y desde entonces allí vive. Explicó que “es el barrio más grande de la parroquia: tiene más de 450 viviendas y más de 1.700 familias; la gran mayoría de las casas son multifamiliares (…) es un barrio relativamente pequeño, abarca 520 metros de largo desde su entrada hasta el final. Su crecimiento se concentra en lo vertical, con casas de varios pisos”.

Además de Los Erasos, existen otros barrios más pequeños. San Bernardino se caracteriza por eso, alberga tres clases sociales en una sola parroquia y dos cultos religiosos muy marcados.

“Aquí tenemos una convivencia social y religiosa muy bonita”, relata Cruz.

Sello característico

A San Bernardino se le conoce como la parroquia médica de Caracas. Se contabilizan alrededor de un centenar de instituciones abocadas a la salud, entre clínicas, laboratorios, hospitales, consultorios, geriátricos y módulos de Barrio Adentro.

Para Cruz, el elemento extra que tiene San Bernardino es el verdor de sus calles. “Es una de las pocas parroquias que conserva gran parte de su vegetación, la gran mayoría de sus calles están custodiadas por grandes árboles que brindan frescura al caminante”.
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Misión Vivienda

La gran Misión Vivienda Venezuela sigue llenado de casas a muchos sectores del país. El 18 de octubre del 2012, en la parroquia San Bernardino se inauguró un complejo urbanístico que daría hogar a 46 familias.

El sector que bautizaron como Los Llanos de San Bernardino, fue presentado por la entonces jefa de Gobierno del Distrito Capital, quien explicó que los edificios fueron construidos en terrenos habilitados gracias a los trabajos de saneamiento realizados en áreas cercanas al río Guaire.
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Ubicación


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Biografía Mínima

Pedro Elías Cruz llegó a Caracas con tan solo dos años. Vino con su familia desde Los Andes y se estableció en Los Erasos. Allí, junto a sus 7 hermanos, se paseó por los grandes cañaverales y matas de mango que abundaban en la zona. Estudió en la Escuela Vicente Landaeta y el Liceo Carlos Soublette, ambas instituciones ubicadas en el sector. Se dedicó a las artes plásticas, es muralista y caricaturista y conoce gran parte de la historia de San Bernardino. La recuerda como un lugar lleno de espacios para jugar.
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Censo de árboles

La variedad de árboles que existen en esta zona ha permitido que los habitantes sientan afinidad con la naturaleza, llevando a cabo planes para la conservación del verdor que abunda en las calles de San Bernardino.

En tal sentido, los vecinos de la parroquia fueron pioneros al censar todos los árboles que se encuentran en los espacios públicos. Los resultados arrojaron que existen más de 20 especies autóctonas de la ciudad, y más de 40 traídas de otras zonas.

Este censo fue posible gracias a la organización vecinal, en pro de realzar la belleza de este sector ubicado a los pies del Ávila, y se viene realizando desde hace más de 30 años. Actualmente, como modo de control y de información, a cada árbol censado se le coloca en la parte inferior una leyenda que indica el nombre de la especie.

Los resultados de esta iniciativa han sido muy positivos en los miembros de la comunidad, que cuidan y aprecian estos gigantes protectores; incluso los niveles de tala se han reducido considerablemente, en comparación con el resto de las parroquias.

Caminar por esas calles confirma este trabajo; la variedad de especies y árboles que poseen ha dado paso al crecimiento de la biodiversidad; bandadas de loros y guacamayas hacen vida aquí, llegando por las tardes para descansar luego del sobrevuelo diario. Otro que no vuela, pero sí descansa permanentemente es el perezoso, que a paso lento se pasea y descansa en estos árboles.
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Manolo Novoa

La Caracas de los techos rojos dio vida a grandes personajes icónicos, que le dieron riqueza cultural con su obra y que hoy se recuerdan con mucha simpatía en una ciudad que creció a pasos agigantados.

Uno de ellos, Manolo Novoa, se hizo famoso en San Bernardino. Llegó desde España en busca de una nueva vida en la década de los 50, y para crear el sustento de los suyos, comenzó a trabajar con una carreta dirigida por un caballo, con la cual paseaba a los niños por toda la parroquia. Los pequeños esperaban ansiosos la llegada del carretero, quien por tan solo unas cuantas monedas los aventuraba en un viaje mágico, saludando a su paso a todos aquellos que veían y disfrutando del glorioso paisaje. Hoy en día puede sonar un poco simple, pero para aquella época, debió ser toda una novedad.

Por más de cuatro décadas se dedicó a esta noble labor. Con él estuvieron 8 caballos, uno de ellos tenía nombre y apellido: Caramelo Bombón de Chocolate.

Murió en los 90, y fue reemplazado por Nube, animal que entrenó previamente para que lo acompañe en las últimas jornadas de su trabajo. Manolo era exigente y no podía poner a un caballo enclenque que pusiera en duda su gran fama; lo alimentó bien para que tomara cuerpo y realizó algunos viajes con él hasta que su ojo clínico le dijo que estaba listo.

Hoy en día, los más longevos de San Bernardino recuerdan con mucho cariño al que llaman “el último carretero de Caracas”.

Albert Cañas / Ciudad CCS
Fotos: Jesús Vargas / Alejandro Angulo


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