¿Cómo entender Brasil hoy?

El militar Bolsonaro contó con el apoyo de la población joven, de líderes evangélicos que otrora apoyaron al PT y también de mujeres

Las elecciones realizadas en Brasil el domingo 8 de octubre nos deja una estela de interrogantes: ¿qué pasa con los pueblos? Es la primera de ellas. Hay quienes señalan que los actos de corrupción en los que incurrió el PT incidió en el comportamiento electoral. Son hechos con sentencia firme.

Ciertamente rechazables. Nadie que abogue por el bien común puede avalarlos.

El asunto es que la propuesta de Jair Bolsonaro va en contra de la condición humana de la que nos habla Emmanuel Lévinas y que ha sido la apuesta de muchos de los gobernantes. No solo se trata de ser un misógino, irrespetuoso de los derechos humanos, amén de ser racista, xenófobo y del ala militar que primero dispara, luego averigua. Es, como dice Atilio Borón, “un monstruo” peligroso.

Pero ese monstruo sacó 46% versus 29% que obtuvo Fernando Haddad. ¿Cómo explicarlo?

Preocupa el destino del país y de la región: Bolsonaro ha señalado que recortaría a 15 los ministerios, al estilo Macri. También reducirá la deuda pública en 20% por la vía de las privatizaciones y concesiones, creará un sistema de jubilación por capitalización, redistribuirá la carga impositiva: quienes más pagan, pagarán menos y los que evaden el Fisco pagarán más. En su programa no menciona al Mercosur, pero sí alude a acuerdos bilaterales. Probablemente tratados de libre comercio “a la carta”.

Es complejo entender esos resultados en medio de una guerra comercial global entre Estados Unidos y China, de una recesión mundial y de las economías nacionales. Y especialmente en el marco de una nueva ola fascista con varios epicentros en el mundo. Es difícil comprender que líderes evangélicos que otrora apoyaron al PT, y también mujeres que han sido irrespetadas en el discurso oficial tanto de Jair como de Eduardo, hayan apoyado al representante del Partido Social Liberal. ¿Las mujeres? Ese amplio sector de féminas, quienes respaldan a los ángeles caídos y consideran que “las de abajo” no son acreedoras de acceder a las prerrogativas del Estado, ni de la vida, y deben seguir en su destino manifiesto: al margen. Es decir, “marginadas”. ¡Inacreditável!

MARBELYS MAVÁREZ LAGUNA

Únase a la conversación