Evo, el apu mallku del Abya Yala

Clodovaldo Hernández

Hay pocos gobernantes en el mundo que puedan decir, como Evo Morales, que ha sido electo por el pueblo y que a la vez ejerce una especie de reinado. Ciertamente, el presidente de Bolivia está en su puesto porque se lo ha ganado en las urnas de votación, pero también ha recibido el reconocimiento de los pueblos originarios, que lo han designado como apu mallku.

Se trata de una dignidad realmente ancestral. Incluso, corresponde a un tiempo que precedió al imperio inca en el sur de América, según el historiador Carlos Omar Choque Mariño, en su estudio Apuntes de historia aymara: de Thunupa a Atahualpa.

A Evo, siendo presidente electo de Bolivia, lo designaron apu mallku un día antes de su toma de posesión en 2006, en un acto realizado en Meseta del Collao, al sureste del lago Titicaca, en el templo de Kalasasaya, lugar conocido como las ruinas de Tiahuanaco. Allí se le impuso una corona en lo que fue la primera entronización de la América originaria (el Abya Yala) desde la de Túpac Amaru. Nada menos.

Este acto se repitió cuatro años después, cuando Evo asumió por segunda vez la presidencia. En esa ocasión se le reconoció ya como apu mallku del Estado Plurinacional de Bolivia, pues la Asamblea Constituyente convocada por el presidente indígena había establecido esta nueva denominación para el país.

Doblemente investido de autoridad, Morales ha sido uno de los grandes dolores de cabeza para el poder imperial y para las oligarquías latinoamericanas, factores que esperaban cooptarlo fácilmente, tal como hicieron con otros líderes de raíz indígena en la región. Él dejó claro desde un principio que iba a gobernar a su manera y la coronación como apu mallku fue una demostración. Luego concurrió a los actos protocolares de toma de posesión sin el tradicional traje y corbata, sino con una de sus prendas tradicionales, una chaqueta sin solapas, con imágenes de llamas y alpacas.

Esos gestos eran apenas lo simbólico porque Evo ha tenido la virtud de gobernar para las mayorías, que en su patria es la población originaria, pero también para los bolivianos mestizos, excluidos durante décadas y más décadas por gobiernos ligados a los intereses de las clases dominantes o directamente entregadas a las transnacionales.

Desde que llegó al poder, esos grupos han tratado de desalojarlo, por las buenas o por las malas, mediante elecciones o con grandes operaciones de manipulación, como el intento de dividir el país, conocido como la Media Luna, en 2008.

El obstáculo más importante que han tenido los opositores de Morales, aparte de su formidable liderazgo, es que ha hecho un buen gobierno. Los resultados están a la vista en indicadores de desarrollo humano, como educación y salud, y también en otros más del gusto de los neoliberales, como el crecimiento económico. Así, las típicas proclamas contra los gobiernos socialistas o populistas no han tenido el mismo efecto en Bolivia, que el que tuvieron en Argentina o Brasil.

El gobierno de Morales ha sido calificado incluso como un milagro económico, pues ha logrado reducir la pobreza y la desigualdad y expandir la clase media con una tasa promedio de crecimiento de 4,9% del Producto Interno Bruto entre 2006 y 2017, más de dos puntos sobre el promedio regional.

Igual que con los demás líderes populares de Nuestramérica, contra Evo lo han intentado todo, desde campañas difamatorias hasta acciones contra su integridad física. Antes de su primer triunfo, el entonces embajador de Estados Unidos en La Paz, Manuel Rocha, advirtió que si él ganaba, su país retiraría toda la ayuda que daba a Bolivia. El argumento era la condición de “cocalero” del candidato, adversario de los planes de erradicación de cultivos de coca, patrocinados por Washington. Intencionalmente se pretendía (aún se pretende) equiparar la hoja de coca con la cocaína.

Época de gloria

La victoria de Evo Morales en Bolivia fue otro paso en la configuración del cuadro de lo que sería el mejor momento de la izquierda en toda la historia de la región. Con Hugo Chávez en Venezuela, Luiz Inacio Lula Da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Pepe Mujica en Uruguay, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua.

Esa confluencia permitió que se forjaran varios nuevos organismos de integración regional, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblo (ALBA-TCP), la Unión de Naciones del Sur (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). En todas ella fue clave el papel de Morales como referencia viviente de la unión de los pueblos originarios.

Morales fue uno de los grandes aliados de Chávez en ese gran envión del liderazgo de las fuerzas populares en América Latina. Con su adverbial sencillez, Evo actuó de manera transparente allí donde otros recurrieron al cálculo político. Eso se notó hasta en los funerales del comandante de la Revolución Bolivariana. “Se caló completo a pie el cortejo de Chávez desde la Academia Militar hasta el Cuartel de la Montaña. Era un bululú insólito, hasta hubo un accidente con un caballo. Él marchó todo el trayecto al lado de Maduro”, relató un testigo de excepción.

De una sola pieza ha sido también Evo en la defensa del legado de Chávez en el escenario internacional. Su voz se ha elevado contra el asedio financiero, diplomático y comunicacional que sufre Venezuela.

Su reciente intervención en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, hablándole directamente a la cara al infausto emperador Donald Trump, es una pieza de colección en el catálogo de la dignidad hemisférica. En eso se portó como lo que es: un Presidente con respaldo electoral y un flamante apu mallku de la Abya Yala.
______________
Por sobre la ignominia

“Tuvimos que esperar 500 años de humillación e infamia para que se alzara el liderazgo de un genuino hijo de la América profunda, del Abya Yala, siglos de aprendizaje que le dan una lección al mundo. Evo Morales es la imagen que encabeza un proceso inédito en el mundo, que ha recorrido apenas 12 años y las transformaciones, que benefician a los que nunca antes fueron dignos de merecer un buen vivir, se palpan por todo el territorio”, dijo la embajadora de Venezuela en La Paz, Cris González.

En su concepto, Morales “se erigió por encima de siglos de ignominia y marginación del pueblo aymara para ser el primer boliviano que encarna los anhelos libertarios de todos y todas quienes fueron subyugados por la invasión europea, despojados de sus formas ancestrales tuvieron que mantener, muchas veces, en secreto su cosmovisión y sentir”.

Para le embajadora, Evo representa la victoria de aquellos marginados y marginadas por siglos de explotación. “Es la síntesis del pensamiento sin división, es el Estado Plurinacional inédito en un mundo homogéneo, que no reconoce diferencias, que anuncia la palabra igualdad en función del dominante”, agregó la diplomática. “Este 12 de octubre conmemoramos la dignidad del que nunca se dejó dominar por el invasor, del que siguió la lucha hasta lograr retomar el lugar protagónico del pueblo originario”.


Únase a la conversación