«Expresar un mundo propio siempre es arduo»

Laura Antillano

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Poesía
Pasé una hora pensando un verso
/Que la pluma no quiere escribir/
Sin embargo está aquí dentro/
Inquieto, vivo. /
Está aquí dentro/
Y no quiere salir. /
Pero la poesía de este momento/
Inunda mi vida entera.

Drumond de Andrade

Imposible establecer reglas impolutas, normativos eficientes para todos en la labor universal de la escritura, he aquí algunas consideraciones de espontánea soledad espectral:

Necesario es escribir todos los días. Inventar un diario. Tomar notas de lo que sucede o no sucede pero lo ves o lo presientes en el entorno.

Leer, incansablemente: leer. Encontrarás los procedimientos y estructuras leyendo a otros.

Percibir el cómo (importa menos el qué). Cómo, cuándo, dónde, por qué.

Observar el afuera y el interior. Los detalles que hacen reales las cosas, los fenómenos, los personajes.

Construir entonces tu entorno en base a tu interior, tus escenarios, tus cosas, tus personajes, tus tramas.

Comenzar a escribir un texto siempre es volver a nacer, como hacerlo por primera vez, como si en el papel o en la pantalla del computador estuviera ya y lo vamos dejando a la luz con el teclado o el lápiz.

Escribir un relato, una novela, es tener un pedazo del cielo contigo, el espacio del tiempo de la invención ocupa cualquier anhelo, se convierte en el tiempo universal, no hay afuera, y cuando realmente piensas que está terminado, cerrado, entonces viene una sensación de depresión, de despojo. Escribió Hemingway que «todo libro terminado es como un león muerto».

Diseña tus personajes y aprende a convivir con ellos, míralos llegar a tu mesa, conversa con ellos, acompáñalos, llora con convicción sus tragedias y celebra la alegría que les pertenece, sólo así los harás veraces.

Una historia verdadera puede no resultar tal si no ha sido escrita con el pulso y la perspectiva que merece, una historia ficticia en su totalidad logrará conmovernos, convencernos si ha sido escrita como lo merece.

No hay recetas ni fórmulas mágicas, pero es importante leer a los clásicos maestros y conocer sus procedimientos (Horacio Quiroga, Chejov, Juan Bosch, Meneses, Maupassant, Cortázar, Borges ).

Encuentra tu pulso, tu voz, tu línea de acción en aquello que en la vida te conmueve, conviértelo en palabras probando distintas arquitecturas.

Escribe, escribe, termina y guarda. Espera un tiempo, el descanso de la emoción, nuevas experiencias, otras lecturas.

Busca lo escrito y guardado y reléelo como si no fuera tuyo. Descubrirás lo que debes cambiar.

Define tu horario de rutina para dedicarte a la escritura en condiciones normales, pero prepárate para inesperadas circunstancias y ten siempre a mano papel y lápiz, teléfono, herramientas para notas que encienden la luz.

Si presientes una historia, algo que contar, apenas en una sensación que te produce una imagen, un paisaje, hasta un objeto, o un alguien descubierto, (no tiene que ser algo en concreto), intenta tomar notas de ese detalle en particular; tu memoria se ocupará de ayudarte a diseñar las conexiones que te darán progresivamente el contexto general y la trama. O acaso te señalará la necesidad del poema.

La constancia es importante y también la posibilidad de sorprenderse ante el mundo y lo cotidiano.

La novela es una caja de sorpresas con muchos compartimientos, no hay una fórmula, cada una requiere renovar el método de escritura.

El inicio de la noche es un buen momento para rescatar ideas y sensaciones. Tomar notas.

Intenta contar el cuento desde diversas perspectivas o personajes, así le vas tomando el pulso, hasta elegir la voz adecuado al efecto que buscas.

Un poema requiere otros silencios. Un poema requiere silencios. Un poema es síntesis. Totalidad en síntesis. El día a día de nuestra contemporaneidad ha eliminado el derecho al silencio, y el silencio es importante para descubrir el empuje de lo verdadero, lo genuino. Y recuerda que, como escribió Pessoa: El único misterio del universo es que exista un misterio del universo.

Escribir se aprende escribiendo


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