Federico Álvarez | Placer y Goze

Tal vez me equivoque pero me parece que es Lacan y no Freud quien hace la distinción categorial entre placer (Lust, plaisir) y...

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Tal vez me equivoque pero me parece que es Lacan y no Freud quien hace la distinción categorial entre placer (Lust, plaisir) y goce (Genuss, jouissance). Al hablar del principio del placer (Lust), al que hay que domar para poder asumir la realidad social, Freud habla también del displacer (unlust, que puede ser dolor, angustia, melancolía, represión). El problema surge cuando hablamos del placer del poeta en su pena. Un poeta que se duele gustosamente de sus penas de amor es, para Freud, un neurótico que sublima su padecimiento por no poder dar satisfacción a su deseo, y «lo satisface» refiriéndose lo amargamente (o, dicho en otras palabras, no suprime su pulsión erótica y la convierte en obsesión y angustia). Es un sentimiento que tiene facetas semejantes a las de la hipocondría (una especie de masoquismo moral), al sentimiento de culpa (el de quien se somete al castigo porque se sabe culpable) o, en el peor de los casos, al narcisismo, es decir, a la desexualización. Se puede imaginar también que esa neurosis obsesiva tiene un aspecto protector y defensivo. Nostalgia de un amor que, en el fondo, se reprime, se prohíbe, no se desea consumar, para no anularlo, para no trivializarlo, para sentir en el dolor amoroso el placer sublimado del autoconocimiento y reconstruir ventajosamente el objeto perdido. Y el sufrimiento es el precio que hay que pagar. Freud habla del «auto-tormento», de «una bienaventurada embriaguez», que tal vez pueda identificarse con aquella «voluptuosidad del dolor» de que hablaba Heine, voluptuosidad en la que se supone, además, un cierto valor ético (Schopenhauer, Nietzsche). Hay que recordar que no sólo san Benito vivía alejándose horrorizado de toda felicidad; también Artaud, que no sólo huía del placer sino que buscaba el dolor y la enfermedad como constancia de su realidad.
Zizek ha dado una versión de la diferencia entre goce y placer que, si pensamos en la voluptuosidad dolorosa del poeta, no parece muy clara: «El goce (Genuss) no debe identificarse con el placer (Lust): el goce es precisamente «el placer en el displacer», designa esa paradójica satisfacción procurada por un encuentro doloroso con algo que perturba el equilibrio del «principio de placer». En otras palabras, el goce se sitúa «más allá del principio del placer». Y cita a Néstor Braunstein, que ha escrito un extraordinario libro titulado Goce que comienza precisamente con ese dilema.
Él podría sacarnos de apuros, y definir eso que siente el poeta. Entretanto me quedo con el optimismo ilustrado de Goethe que hablaba de «la poesía de lazareto» de los románticos y proponía —ignorante de Freud— el goce de cuanta humana felicidad pudiera darnos la vida.

*Tomado de Vaciar una montaña, de Federico Álvarez (2019).


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