Fedora canta

A sus 105 años voló alto esta baluarte de la cultura nacional y de la música latinoamericana

“(…) El canto nos eleva, es la música, es el poema que nos hace vibrar,
el canto nos mantiene el equilibrio emocional; cuando cantamos nunca estamos solos, estamos en compañía de una melodía, de un gran poeta o de un recuerdo (…)”.

Maestra Honoraria

 

Una mujer hermosa, como de película. Busque fotos y compruébelo. Pero además, portadora de una voz sublime, envolvente, definitivamente única; y por si fuera poco, ella que interpretó grandes obras clásicas, siempre tuvo lugar privilegiado en sus repertorios de la música latinoamericana y venezolana. Busque Las Naranjas de Valencia de la compositora María Luisa Escobar o Hasta la guitarra llora de la compositora peruana Rosa Mercedes Ayarza de Morales, por solo mencionar algunas. A mí me eriza la piel escucharla, y sentir esa musicalidad nuestra en sus increíbles fraseos me conmueve.

Fedora inspiraba profundo y apresaba todo el aire dentro de sí. Luego lo dejaba salir, pero muy despacito. Lo dosificaba respiro a respiro y allí, junto a sus pianistas favoritos, Nina de Ivanek o Conrado Galcio, o rodeada de alguna prestigiosa orquesta, entregaba al mundo su voz iluminada, cálida y en inigualables sucesiones de notas rápidas. Como cascadas de voz.

El profesor Alí Rojas Olaya me contó que Heitor Villa-Lobos, músico y compositor brasilero, estuvo en Caracas, en el marco del Festival Latinoamericano de Música por allá en 1954, en el cual Fedora interpretó las Bachianas Brasileñas Nº 5 para soprano solista y ocho cellos del mencionado compositor. Al parecer, asombrado por su interpretación, Villa-Lobos afirmó que aquella versión era una de las mejores que había escuchado, reconociendo así el talento de la venezolana.

Entre muchas obras, interpretó Virginia, la primera ópera conocida en la historia musical venezolana escrita por José Ángel Montero, bajo la dirección del maestro Primo Casale en el Teatro Municipal de Caracas en 1969, la cual había sido condenada al olvido cien años atrás. El canto fue su vida y como promotora principal durante una larga temporada se presentó dos veces por semana en la radio, acompañada por las orquestas de Pedro Antonio Ríos Reina, Ángel Sauce, Aldemaro Romero y Augusto Brandt. Fue también pionera en difundir el género en la televisión.

Entre diversos reconocimientos obtuvo el premio Nacional de Música y justamente, el año pasado, el 11 de octubre, cuando cumplió 105 años, la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Uneartes) le preparó un homenaje en el cual le otorgó el título de Maestra Honoraria, “por haber dedicado su vida a la promoción del arte y la cultura nacional”. Este título, me contó el profe Alí, es el equivalente al Doctorado Honoris Causa que otorgan las universidades, y en el caso del arte, “ser maestro o maestra, se gana con entrega pasional, respeto, dignidad y perseverancia”.
Sin duda, Fedora se ganó con creces ser Maestra Honoraria.

La soprano coloratura de Caracas

 

Caracas la vio nacer el 11 de octubre de 1912. Inició sus estudios de piano y canto muy jovencita con el maestro Andrés Delgado Pardo y luego estuvo en la Escuela de Música y Declamación de Caracas, hoy Escuela de Música José Ángel Lamas, con la profesora María Irazábal.

En 1934 viajó a los Estados Unidos donde continuó sus estudios con el maestro Fausto Cleva del Metropolitan Opera de Nueva York y tuvo la oportunidad de grabar su primer disco con el sello RCA Víctor. Durante su estancia, realizó varios recitales en el Teatro Town Hall, en el Carnegie Hall, Carl Fischer Concert Hall de Nueva York, la Unión Panamericana de Washington. Igualmente se presentó en la Cadena Norteamericana de Televisión NBC y en las estaciones radiales WHN y La Voz de América.

Cosechó éxitos y de vuelta al país, continuó su formación con el profesor Vienes Alfredo Holander, quien se convirtió en su gran maestro y tutor por muchos años. Como parte de su formación estudió perfeccionamiento vocal en los Conservatorios de Francia e Italia, especialmente en la Academia Chigiana y el Conservatorio de Santa Cecilia en Roma, y a partir de su destacada participación en el Festival “Mayo Musical” de Bordeaux, empezó a recorrer el mundo y llevar como buena embajadora musical, un poquito de nuestro país en cada presentación.

Su vida fue cantar y formarse para cantar cada vez mejor. Ella era una mujer muy disciplinada, y solía estudiar dos horas y medias diarias de musicalización y a su vez, dedicaba otras horas a la teoría. Para los que se preguntan, ¿qué es eso de soprano coloratura?, les cuento que es una destreza de nuestra Fedora, y es precisamente esa condición, ganada en el estudio, que hace su voz única. Se trata de la tesitura particular de su voz, la cual implica gran alcance en los agudos y la ejecución con rápidas escalas.

De hecho, su voz, y también su presencia y su personalidad encantadora, enamoró a Antonio Estévez, Joaquín Rodrigo, Rházes Hernández López, Isabel Aretz, Inocente Carreño, Ana Mercedes Azuaje de Rugeles, José A Calcaño y Moisés Moleiro, entre otros, quienes le dedicaron diversas composiciones.

Canto de ángeles

 

Para cantar hay que aprender a respirar, insistía Fedora. Solía decir que las mujeres respiran intercostal, abriendo las costillas; y los hombres respiran abdominalmente, bajando el diafragma.

Curiosa como era, quizás decidió ir a averiguar cómo cantan y respiran los ángeles, que según dicen no tienen sexo. Hace unos días, el 6 de febrero, se fue en silencio. Buen viaje Maestra.

 


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