Francisco Massiani El libro indeseado: Una mala novela sirve hasta para divorciarse

Luego de varios años de escrita el profesor Earle Herrera publica esta entrevista, ahora inédita, que realizó a Massiani para conocer de su...

 Nota: Finalizaba la década de los 80 y yo hacía una serie de entrevistas breves bajo el título genérico de “El libro indeseado”. El poeta Luis Alberto Crespo las publicaba en el Papel Literario de El Nacional (cuando el Papel era el Papel y El Nacional aquel diario cuya lectura causaba adicción). Andaba con un grabador y una libreta preguntando a los escritores cuál de sus libros hubiera deseado no haber escrito. La vergüenza y el arrepentimiento literarios existen. Francisco Massiani me prometió la entrevista para cuando estuviera sobrio, pero incumplimos el trato y el diálogo se llevó a cabo en una mesita de El Gato Pescador. O del Tic Tac. Sabana Grande se me borra. O esa zona fronteriza con Los Caobos. Concluida la entrevista, Pancho me prohibió publicarla porque estaba borracho. “Cuándo puedo publicarla entonces?”, le pregunté. “Cuando yo ya no pueda leerla”, ordenó, golpeando la mesa con los nudillos. Le cumplí y guardé el texto por años. Ayercito, Pancho cambió de paisaje y decidí entregar a los lectores nuestra hasta ahora inédita conversación sobre sus pecados literarios. Sin mea culpa.

Francisco Massiani, autor de un best-seller por cuyos derechos ha soportado más de una taquicardia (la editorial del Estado le paga a discreción), sostiene que el hombre debe vivir solo y sin enmienda, asumiendo todos sus pecados literarios y sin estar esperando próximas ediciones de sus libros para corregir lo que ya no le pertenece. “En ese sentido, –dice-, a mis obras no les pongo ni les quito nada, ni un punto ni una coma, así la versión primera no me guste, como me ha ocurrido”.

Autor de una de las novelas más vendidas en el país, Piedra de mar, confiesa que escribió una obra mejor que esta, de la cual ya no tiene noticias, pero recuerda su destino: la escribió en Madrid, en la época de Francisco Franco. Su título: Renata o siempre la vida como un comienzo. La musa: una alemana que vivía en el Hotel Regente, frente a su habitación, hacia donde él “gateaba” por las noches frías. O viceversa.

—Yo tenía 19 años y estaba enamorado de esa alemana, dueña de las tetas y los muslos más bellos que he visto en mi perra vida. Luego del amor íbamos a recoger flores y papas (a ella le gustaban las papas y a mí las flores), que nos comíamos por las noches entre cada faena. Era la época de Franco y no permitían la convivencia en un hotel de un caballero y una dama, y yo sufría mucho por eso (una maldición para Franco).

—¡Muera Franco otra vez!, pero, ¿qué pasó con la novela?

—Se la entregué a Felipe, mi hermano, y no le gustó. La consideró pornográfica y exageradamente autobiográfica, muy personal. “No debes publicar eso –me dijo-, te van a joder en la Escuela de Filosofía”, donde yo estudiaba. Decidí no publicarla, aunque hoy, viéndola a la distancia, me parece mucho mejor que Piedra de mar; no así cuando la escribí. En verdad, yo estaba en Madrid porque quería seguir a Hemingway. Él y Gabriel García Márquez, el Gabo, son los únicos maestros que admito en la vida. Los demás son unos peorros.

Tampoco le gusta al “viejo Pancho” otra novela suya que terminó entre cucarachas y otras malas compañías. Se titulaba El amor nuestro. “Una novela demasiado larga. Yo no conocía el escenario, Londres, por donde solo estuve de paso. Es una , y todos sus capítulos deben ser desechados, botados a la basura. Una torta. Una vez llegué a casa con una pareja amiga (Luis Alberto Méndez y su esposa) y mi… me botó por el bajante una botella de Whisky y yo boté la novela por el mismo ducto. Sobrevino el divorcio. Yo trataba allí de mi vida y todo eso se fue por un barranco. No me interesa reescribirla.

—¿Son esos tus pecados literarios?

—No señor, todavía faltan! El más grande fue haber publicado Los tres mandamientos de mister Doc Monegal. Una porquería de novela, pero yo la quería escribir para divorciarme. Allí dije cosas adrede para separarme, es decir, fui literario hasta en el divorcio. Llevé la novela a los tribunales para que la tomaran como causal de divorcio y, en efecto, me divorciaron. Esos fueron los dos años más desdichado de Pancho Massiani, cuando estaba escribiendo esa novela. De todo eso nació lo más grande que tengo en la vida.

—¿Arrepentido, viejo?

—¡Nunca! Asumo mis pecados, literarios o de cualquier naturaleza, no con resignación, sino con una profunda arrechera (escríbelo así). Me hubiera gustado escribir un cuento de García Márquez, aquel del viejo que se robaba las bolas de billar en un pueblo donde no pasaba nada. En verdad, yo copiaba cuentos de García Márquez; los escribía repetidamente para aprender a escribir. Una vez me lo encontré en Madrid y le dije: “Usted es el escritor más grande que hay en el mundo”.

—¿Y él qué te respondió?

—Nada.

—¿Por qué?

—Porque yo estaba borracho.

Francisco Massiani se peina la barba y el pelo con las manos, arquea una ceja y despotrica por las largas esperas a que lo someten en Monte Ávila cuando va a cobrar sus derechos de autor, para, al final, decirle: “Vuelva el mes que viene”. De pronto, para mi sorpresa, confiesa que le hubiera gustado no haber escrito Piedra de mar.

—¡Pero te ha dado el éxito!

—Pero no me gusta. Es un relato largo, de muchacho, le falta consistencia. Le ha gustado a la gente porque es uno de los pocos relatos frescos que hay en este país, pero a mí no me llena. Ahora estoy escribiendo una novela de amor, la historia de una puta, algo extraordinario que se titula: Con agua en la piel.

De súbito, Pancho Massiani me mira fijamente y me dice que ya basta de preguntadera de paja. Yo me limito a responderle: “comparto tu opinión”.

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Biografía mínima

Massiani nace en Caracas el 2 de abril de 1944. Vive con sus padres en La Florida. Viaja a Nueva York cuando tenía cuatro años y permanece allá aproximadamente un año. Luego regresa a Venezuela. A los siete años llega a Santiago de Chile con sus padres. En esa ciudad transcurre su infancia y parte de su adolescencia. Estudia en el Kent´s School y comienza su pasión por el fútbol.

Novelista, cuentista, dibujante y bohemio. De lenguaje claro, transparente, gestual, de alguna forma testimonia la desolación de los jóvenes de su generación. Obtuvo el Premio Municipal de Prosa en 1998. En el 2005 resulta ganador del V Concurso anual de la Fundación para La Cultura Urbana, con su libro de relatos Florencio y los pajaritos de Angelina, su mujer. En el 2006 publica su primer libro de poesía.

Piedra de Mar (1968), es, por excelencia, su obra más emblemática.

EARLE HERRERA
FOTO ENRIQUE HERNÁNDEZ D’JESÚS

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