Freddy Fernández | “El conocimiento es una desventaja”

Periodista. Poeta. Escritor. Durante algunos años estuvo al frente de la Agencia Venezolana de Noticias, AVN. Escribe en El Correo del Orinoco, en...

—Después de haber estado durante algunos años al frente de la Agencia Venezolana de Noticias, AVN, ¿ha mejorado la comunicación -la falla tectónica- en el país?

—A la selección Argentina le hizo mucho daño la sobrevaloración de Messi. Depender integralmente del desempeño de su principal arma táctica, erróneamente proyectada como ventaja estratégica. Nos está pasando algo similar. Contamos con recursos valiosos, pero sobrevaloramos nuestra arma principal, con el agravante de actuar sobre la base de emergencias y olvidar la necesidad de una visión estratégica. Y por si faltara algo, impera la errónea convicción de que lo político y lo comunicacional son una misma cosa. La consecuencia positiva es que tenemos mucha fuerza en la respuesta y ganamos con contundencia en la confrontación directa. Las consecuencias negativas consisten en que no construimos porque no tenemos objetivos a largo plazo.

—¿Hacemos más propaganda que periodismo?

—Provoca preguntar, ¿qué es el periodismo? Hoy parece que el periodismo es solamente hacer pública una información y parece que son mejores los que logran más “me gusta” o más retuits. Prefiero pensar en el periodismo como un oficio que consiste en presentar la información en su movimiento y contexto. No solo hay un hecho o un dato; hay unas causas que lo motivan y unas consecuencias, sobre todo humanas, que pueden o deben manifestarse; ocurre bajo unas circunstancias que lo explican y cada dato, cada cifra, cada nombre y cada fecha que aportamos tiene que ser cierta y verificable. Hoy casi todas las empresas dedicadas a trabajar con noticias han prescindido del periodismo. El mercadeo y la propaganda imperan, la gente ha descubierto que mucho del periodismo es mentira o es solo parte de la verdad. Por eso busca información en otras fuentes, aunque lo que encuentran allí, casi siempre, es peor. Todo esto tiene consecuencias lamentables. Creo que tendríamos mejores gobiernos -regionales y locales- y mejor oposición, si existiera verdadero periodismo. Tomemos el ejemplo de la oposición. Es impresentable su falta de visión política, su constante apuesta por aventuras irresponsables y su incapacidad para construir una referencia política. Mucho peor si hablamos de su desatada corrupción con los millones de dólares y euros que recibe. Para los medios privados estos temas no existen. Su prioridad ha sido dar un golpe de Estado o favorecer una intervención.

—¿Por fin los medios públicos encontraron público?

—Lo curioso de los medios es que siempre tienen usuarios. Casi que no importa cuáles sean los contenidos, porque los medios “forman” a sus espectadores. La mala televisión tiene muchos espectadores también. A mí me parece que nuestros medios públicos se desdibujan constantemente, no se especializan, no cultivan públicos específicos y eso nos hace perder posibilidades enormes. En eso consistiría un “sistema”: diversos procesos y capacidades que contribuyen a unos objetivos comunes; no se trata de todos haciendo lo mismo. Una vez le pusimos un nombre, para que pareciera un sistema, y los desdibujamos. En comunicación tiene un peso enorme la seducción, eso lo saben muy bien los publicistas. La comunicación no es solo la verdad; es también el enamoramiento. Nosotros olvidamos ese aspecto. A mí me gustaría que la gente se entretenga en nuestros medios. Que la levedad y la vacuidad también contribuyan en favor nuestro.

—“El periodista escribe para el olvido”, decía Jorge Luis Borges. ¿Nos olvidamos ya de lo que hicieron los medios en el 2002?

—No debemos olvidarlo. Sobre todo no olvidar que, a pesar de las redes sociales, los medios siguen “formando” a la gente. Desde 1998, con telenovelas, musicales y comiquitas, la televisión privada se dedicó a formar al fascismo que puebla hoy las filas opositoras.

—¿La cultura nos puede ayudar a salir de la crisis?

— Estamos frente a un reto interesante: están desapareciendo los lectores. Nuestros valores humanistas -cristianos en nuestro particular caso- están sustentados en el respeto y la veneración a la palabra escrita. La tecnología está creando una cultura de analfabetas sobreinformados que menosprecia el conocimiento y el pensamiento. Todos nos sabemos informados y quien enarbola una idea compleja es dejado de lado por “intenso”. Ocurre en una fiesta, pero también en una discusión política. El conocimiento es una desventaja. Es el gran momento para piratas y corsarios en la comunicación y en la política.

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Retrato Hablado

A 207 años de la Declaración de la Independencia seguimos aferrados a esa lucha constante. A partir del 19 de abril de 1810, cuando comenzaron a darse las discusiones de nuestros patriotas para alcanzar la independencia, y aún siendo todavía súbditos de Fernando VII, ya se veía la fuerza y la valentía de nuestra gente, por rechazar esa dependencia, hasta llegar al 5 de julio de 1811. Las provincias de Caracas, Cumaná, Barinas, Barcelona, Margarita, Mérida y Trujillo proclamaron libre a la nación del dominio español. Y el presidente del Congreso, Juan Antonio Rodríguez, tomó la palabra y dijo: “Declaro solemnemente la independencia de Venezuela. Esto nos saca de la esclavitud en la que hemos permanecido hasta ahora”. Después, el acta fue escrita por los diputados Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi. De esta manera, nuestro país fue el tercero de América en declarar su independencia, después de Estados Unidos (1776) y de Haití (1804). Con ese sentido de querencia y admiración por nuestra patria, el último párrafo del acta de la independencia lo deja muy claro: “Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y la autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias unidas son (…) Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes (…)”.

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El Viernes de Lira

Roberto Malaver


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