De generación en generación con un legado de hilo y aguja

Por más de 9 años las mujeres de la familia Guaina han capacitado y ejercido la costura como sinónimo de trabajo duro

Cualquier caraqueño puede estar caminando por las estaciones del Metro, o desplazándose en pleno Casco Histórico y se le queda “pegao” el cierre de la chaqueta, o ese ruedillo del pantalón arrastrando que parece para barrer las calles de la ciudad, ¿esto tiene solución?

El trabajo de remendar alguna prenda puede ser costoso, y a veces el no tener una noción básica de costura hace que muchas personas se lamenten y pierdan sus prendas de ropa favoritas.

Tras este dilema apareció en cierto sector de la ciudad uno de los grandes principios impulsados por la campaña de convivencia ciudadana Convivir para vivir que lleva la Fundación para la Comunicación CCS que promueve la frase: “El famoso granito de arena no es suficiente: En Caracas el poder es popular”.

Este precepto lo conoce a la perfección la familia Guaina, que con una descendencia indígena que las apellida son vecinas del sector Manicomio, al oeste de la ciudad. Son más de 6 personas que trabajan para su comunidad con más de 9 años cosiendo y enseñando en el sector, esta familia ha desplegado desde su vivienda hasta conseguir un pequeño espacio en la entrada de Lídice donde reciben a todos los que necesitan una nueva prenda o un arreglito de último minuto (esencialmente esos ocasionados por las leyes de Murphy).

Maestras con el don de crear

Las féminas más adultas de la familia no sólo se han encargado de incentivar a parte de su familia, (incluso los más jóvenes) sino también a diversas vecinas y mujeres en busca de capacitación laboral sin ningún tipo de retribución monetaria.

Anteriormente esta familia tomó la iniciativa de dar clases de “corte y confección” en el pequeño espacio, de manera gratuita a mujeres de la comunidad, otorgándoles la oportunidad de aprender algo nuevo que les serviría de apoyo en sus vidas cotidianas. Y de este proyecto nacieron las capacitadoras que hoy día dan clases en diversos puntos de la ciudad de manera comunitaria, manteniendo el mismo mensaje de conocimiento grato y gratuito.

A través del tiempo cada aprendiz de la comunidad y la familia se han convertido en socias que no sólo ayudan a la comunidad ofreciendóles sus servicios confeccionando vestidos de todo tipo, reparación de bolsos y carteras, toma de ruedos, ajustes de talla a precios económicos, sino que han incursionado en la creación de pañales para bebés y ayudar a madres jóvenes.

Nos explicaron el proceso que conlleva la elaboración de estos pañales, que necesitan de poca materia prima, ingenio y mucho cariño, “así las mamás se ahorran la plata en pañales, y son muy buenos, los puedes lavar” aseguró Damarys Guaina, una de las integrantes con más experiencia.

Con visión a futuro

En vista de que el espacio se les redujo buscan otro espacio y recibir mayores encargos para poder lograr algunas planificaciones a futuro con mayor manejo de materia prima para que de esta manera las maestras costureras vuelvan a enseñar para un mayor volumen de personas de la comunidad.

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Para aprender más

Dentro de las instalaciones de la Unidad Educativa Nacional Perú de Lacroix, en el mismo sector, se llevan a cabo las clases de la “escuela nocturna” donde los inscritos se ven beneficiados con clases de diversas índoles, en este caso la confección, patronaje y lencería son las protagonistas que cultivan en los estudiantes de diferentes edades ese amor por crear prendas con sus propias manos.
Muchas de las facilitadoras y docentes son estimuladas por las enseñanzas de la familia Guaina, por tener tanto tiempo confeccionando en la zona y capacitando generaciones.

NATASHA MARTÍNEZ/CIUDAD CCS
FOTOS VLADIMIR MENDEZ

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