Un gimnasio que salió adelante gracias al respeto

En la plaza La Candelaria conviven debajo de frondosos árboles los deportistas que se ejercitan, niños, religiosos y los comerciantes

La emblemática plaza La Candelaria es un basto lugar que comprende más de 10 mil metros cuadrados. Tiene diferentes ambientes y allí suelen cohabitar todos los días niños, transeúntes, comerciantes, visitantes, funcionarios del orden público, religiosos, historiadores y deportistas.

Desde que el lugar fue remodelado y entregado al pueblo en 2003 por la Alcaldía de Caracas, un gimnasio al aire libre y los fisicoculturistas que hacen vida en el área destacan entre una pareja que se profesa amor, el grueso grupo de chamos que se desliza por los coloridos toboganes de plástico, los fieles que acuden a la misa de 5 pm y los funcionarios de la PNB que vigilan celosamente toda la periferia.

Antes de 2003, cuando el espacio era una especie de “sábana de retazos” (estaba formada por los mismos ambientes que tiene ahora, pero de manera dispersa, aislados uno del otro y ubicados en dos plazas separadas), los vecinos de la parroquia rechazaban la presencia del gimnasio. Lo mandaron a encerrar en una jaula conformada por una reja de alfajol, dado que no podían execrarlo.

La remodelación implicaba cambios y ello avivó en los vecinos el ánimo de mandar al carajo al montón de fierros viejos, pesas y con ellos también a los musculosos que lo frecuentaban.
“Recogimos firmas para sacarlos cuando se planteó la remodelación de la plaza”, rememoró Juan Aponte, un lugareño y jugador de dominó.

Emil Maurera, quien se definió como uno de los deportistas pioneros en el uso del gimnasio, relató que, después de la refacción, se han ganado la aceptación de todos a punta de respeto y de cumplir y acatar normas: “donde hay deporte está lo sano. Los comerciantes nos han donado aparatos y la gente se divierte viéndonos entrenar. Estamos dando muestras de convivencia”, dijo.

_____________

Todos ayudan con la rutina

Siguiendo la premisa de Samuel Robinson de que en Caracas no nos entredestruimos, sino que nos entreayudamos, los asistentes al gimnasio al aire libre de la plaza La Candelaria no tienen instructores y cumplen con sus quehaceres para que todos los días se cumplan las actividades.
Iovis Suárez, quien desde 2012 está entrenando en el lugar, explicó que los panas que están más avanzados en conocimientos ayudan a los que están empezando de manera solidaria.
“La idea es dar consejos para que las personas realiecen las rutinas de forma apropiada, de esa forma se evitan las lesiones. La gente que llega sin experiencia y asume el ejercicio por cuenta propia, corre muchos riesgos. Nosotros ayudamos de manera gratuita”, detalló.
En medio de la rutina de ejercicios, los jóvenes cuentan anecdotas de sus salidas con chicas, saludan respetuosamente a una dama que pasa por la acera y, al final de la jornada, recogen las pesas y las guardan en un sótano.

JUAN RAMÓN LUGO/CIUDAD CCS
FOTOS JAVIER CAMPOS

Únase a la conversación