Historia de vida | Comunidades producen comida para capitalinos

Desde Macarao, tierra desde donde Guaicaipuro desalojó a los españoles y los hizo huir, el movimiento social Comunidades al mando, integrado por habitantes...

Desde Macarao, tierra desde donde Guaicaipuro desalojó a los españoles y los hizo huir, el movimiento social Comunidades al mando, integrado por habitantes de 18 parroquias de Caracas, cuenta con una granja productiva en la que se crían cachamas, cerdos y se siembran hortalizas para el consumo de la comunidad capitalina.

Rafael Fernández Soto, uno de los voceros de esta novedosa experiencia productiva, nos cuenta cómo gracias a la articulación con comunas del interior del país, han podido poner en marcha una serie de actividades que les han permitido plantearse como meta producir lo que se consume en Caracas, con la activación de seis granjas productivas en las parroquias Sucre, La Vega (2), Caricuao, Coche y El Recreo.

“Nosotros nos vinculamos porque tenemos 16 años haciendo cosas juntos, y decidimos ponernos de acuerdo desde proyectos individuales para poner a funcionar la panadería, entre otras actividades. Con esas panaderías, que ahorita son varias, es que hemos podido lograr todo esto que ven aquí”, explica extendiendo la mano para señalar las piscinas donde desde hace cuatro meses crecen unas cachamas que son las primeras de una meta de 1.500 que estiman tener para el mes de septiembre.

Además de la autogestión, instituciones como la Alcaldía de Caracas y la Gran Misión Saber y Trabajo han apostado a impulsar y consolidar estos proyectos socioproductivos que permitan acabar con la contracultura que plantea que en Caracas no se produce nada.

Macarao, por ser una zona noble en tierras para la siembra, es el centro de la primera experiencia productiva para estas comunidades organizadas. El terreno de la granja, que le fue expropiado a una familia que lo usaba como “casa de campo”, hoy está bordeado por una docena de edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela. Allí, semanalmente cinco hombres reciben la guardia para resguardar la siembra y los animales de cría que pronto alcanzará para alimentar a los capitalinos.

El proyecto sirve de motivación para otros movimientos sociales.

El mito: la capital no produce

“A nosotros nos han querido imponer ese mito de que en Caracas no se produce nada”, explica Rafael mientras acaricia a las gallinas ponedoras que se preparan para comer. “Pero eso no es cierto -continúa diciendo-, ¿quiénes son los que viven en Caracas? ¿No es nuestra gente que se vino y sigue viniendo del campo a trabajar? Y lo primero que hacen al llegar aquí es ver qué pedacito de tierra tienen para sembrar, aunque sea cebollín”, concluye sonriendo y agrega, desde su sabiduría ancestral, que es necesario buscar alternativas para alimentar a las aves, “para no depender de la agroindustria”.

La claridad política de Rafael le permite, además, presentar argumentos acerca de la necesidad de nuevas formas de producción. “Aquí estamos. Somos un núcleo de compañeros que vimos la necesidad de agruparnos, de organizarnos como pueblo, y con la granja productiva pues nos montamos a trabajar a propósito de la guerra económica en la que estamos inmersos”.

“Los ejércitos caminan sobre sus estómagos”, nos dice parafraseaando a Napoleón Bonaparte, y cuenta hasta el momento con cinco proyectos: avícola, agricultura, piscicultura, porcina y lombricultura, esta última “para abonar la tierra, porque no podemos seguir dependiendo de los privados”. Se trata de una primera fase que luego se convertirá en 16 diferentes proyectos, en los que incluirán además al sector textil, la cría de abejas y la recreación.

Con la puesta en marcha de un crédito de la Gran Misión Saber y Trabajo para ocho nuevas Unidades de Producción Familiar (UPF), y un crédito de la Alcaldía para la nueva infraestructura de la Granja comunitaria, el proyecto se consolidará de manera que la meta es alimentar a 3 millones de personas en Caracas. “Ahorita estamos creando las bases para demostrar que sí somos capaces de llevar adelante la experiencia, que sí somos capaces de producir lo que nos llevamos a la boca”.
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ANÁLISIS>
La conducta de la banca privada

La banca privada en Venezuela no se ha caracterizado por su sana intermediación. El caso más reciente es el del banco Banesco. Este banco servía de plataforma tecnológica de las mafias colombo-venezolanas que sustraían los billetes de nuestro cono monetario. Era principalmente a través de Banesco que se realizaban las transacciones, y a través de este banco también se transaban las operaciones provenientes de la compra y venta del dólar paralelo.

Los bancos están obligados por ley a verificar cualquier transacción irregular e informarle a la Superintendencia de Bancos acerca de las cuentas con movimientos anómalos. En ese sentido, de un total de 900 cuentas con claros movimientos irregulares, Banesco solo informó de 30. Pero también debemos recordar el caso de los 200 millones en efectivo que el Banco Occidental de Descuento (BOD) le entregó, supuestamente para pagar la clínica de la abuela, cuando se sabía que era para pagar a los jóvenes que tenían azotando a la ciudad con las llamadas “Guarimbas” (la banca financiando la violencia), y en un momento en que no le daban a ningún otro venezolano más de 30 mil bolívares en efectivo.

No podemos olvidar el caso de los créditos indexados, lo cual se convirtió en una política de la banca privada a través de la cual se cobraban intereses sobre intereses y el prestatario, por más que pagara su deuda, cada vez debía más dinero al banco. Con ese mecanismo muchas familias perdieron sus viviendas. Esto obligó la intervención del gobierno, y la Sala Constitucional del TSJ revirtió los efectos de esos créditos y obligó a los bancos a devolver buena parte del dinero a los prestatarios. Algo similar ocurrió con los intereses que la banca privada cobraba por el uso de sus tarjetas de crédito, por lo cual el Gobierno Nacional también se vio en la necesidad de intervenir para obligar a la banca privada a bajar los intereses.

JESSICA DOS SANTOS JARDIM/JUAN CARLOS VALDEZ G.
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