Historia Viva | Comicios locales

Aldemaro Barrios R. Mucho polvo ha caído sobre las tarjetas de los comicios electorales de 1944 que marcan un antes y un después...

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Aldemaro Barrios R.
Mucho polvo ha caído sobre las tarjetas de los comicios electorales de 1944 que marcan un antes y un después de unas elecciones municipales en Venezuela, en ese momento cartelizadas por la influencia del gobierno de Medina Angarita sobre los votantes, muchos de ellos funcionarios del gobierno.

Algunas fuentes, como el testimonio de Rodolfo Quintero (4 de diciembre de 1910-1985) quien fuera candidato a concejal por la parroquia San Agustín, en Caracas, señalan que su candidatura se midió contra la de Rómulo Betancourt, cuyo partido tenía una fuerza militante reconocida en esa localidad y, sin embargo, el partido AD protestó ante un virtual fraude, “Quintero sostuvo que el triunfo de Betancourt fue la mejor evidencia de que no hubo fraude en esas elecciones de 1944” . Pareciera que todavía hay lastres de ese tipo en la oposición actual, que, a pesar de ganar comicios, descalifican al árbitro.

Entonces, a las elecciones no concurrían las mujeres, que significaban un 50% de la población votante, solo los hombres mayores de 21 años votaban y lo hacían solo si sabían leer, para lo cual el gobierno de Medina Angarita implantó un sistema de alfabetización rápido que, además, aseguraban el voto para los candidatos del Gobierno.

Durante la dictadura de Pérez Jiménez poco hay que decir sobre eventos comiciales locales, pero a partir de la Constitución de 1961, suspendida 14 veces durante el Puntofijismo, restablecía: “Los venezolanos adultos adquirieron formalmente el derecho a organizarse y participar en la res pública, alcanzaron la condición de ciudadanos con derechos civiles y políticos”. Sin embargo, el monopolio del poder municipal y su elección era fraguado por las llamadas Juntas Comunales, convenidas entre Acción Democrática y Copei, y luego los Consejos Municipales, réplicas del bipartidismo, que tuvo durante este período una dependencia exclusiva del gobierno central, puesto que, tanto gobernadores como alcaldes, eran designados por el Ejecutivo Nacional.
La primera elección de alcaldes y concejales se realizó en 1989, con un saldo de abstención sobre un 57%, posteriormente, se realizaron elecciones en 1992 con la baja en abstención a un poco más de 50%. En 1996 la abstención llegó sobre un 53%.

En 2000, luego de la Constituyente para refundar las instituciones, los resultados electorales arrojaron una abstención de 43%. Las elecciones municipales de 2008 arrojaron 34,55% de abstención, es el histórico más bajo desde 1944.

La tendencia abstencionista es un indicador de la percepción pública sobre las dinámicas de poder, de los actores políticos y sus partidos. Si de algo nos sirve, podemos comparar en Chile los porcentajes de abstención en elecciones que rondan sobre el 65%. Venezuela, en tiempos del Chavismo, alcanzó una cifra histórica de reducción de la abstención (34%) y de un nivel muy altos del acceso y participación para elecciones municipales


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