Historias de nuestra gente | Esperando que se revele un milagro del mismísimo Cielo

Planificación y conciencia de uso son clave

“La culpa es de la gente como usted (…) El INOS (ahora Hidrocapital) pidió a tiempo que se economizara el agua. Usted no hizo caso. Ahora estamos pagando las consecuencias. (…) El estado de cosas no era tan tranquilizador como lo presentaban. Se ignoraba un aspecto importante: la economía. (…) Caracas estaba llegando a su hora cero”, escribió Gabriel García Márquez en su crónica “Caracas sin agua”, incluida en Cuando era feliz e indocumentado (1973), como crítica periodística ante la falta de agua en aquella Caracas gobernada por Rafael Caldera, en su primer mandato.

Desde esos días (y desde antes) la capital de la República, que era surtida hidrológica e insuficientemente por La Mariposa, Lagartijo, Camatagua, Ocumarito, Taguaza, Taguacita, La Pereza y Macarao, anunciaba la crisis que se avecinaría; sobre todo por el desmedido crecimiento que, sin planificación alguna, permitió poblar las faldas (y también los copos) de los cerros que rodean a este expoliado, explotado y talado valle. A ello se unió el descuido de las plantas de tratamiento, y para rematar, la naturaleza, que nos envía cíclicamente al rey de la sequía: El Niño.

Desde entonces han transcurrido los días y la anarquía vulneró los cuatro puntos cardinales. La ciudad explotó hacia adentro y hacia afuera. Sin control de la poblacional ni de sus lógicas demandas. Como resultado, la prestación idónea de los servicios ha sido más que una quimera. El mantenimiento debe unirse a la conciencia del pueblo, sea en este, en anteriores o en venideros gobiernos. Es una lógica ecuación de autoridades y ciudadanos para vivir plenamente.

¿Quién puede negar que, en plena crisis de sequía y racionamiento del agua potable, ahora hay más gente que riega jardines, que lava carros y motos, que trata de higienizar calles, avenidas y aceras, que limpia vidrieras públicas o privadas, y que derrocha el vital líquido sin conciencia de conservar, quién sabe si por falta de conciencia o por criminales instrucciones de sabotaje?

Ante esta realidad, tal como apuntó el Gabo al final de su crónica, la gente común vivió (y vivirá) con fe para que haya tino por parte de quienes deciden por todos. Además, ante los caprichos naturales con evidente incidencia sobre las carencias de recursos básicos para la vida, este bravo pueblo alzará su vista y su plegaria al mismísimo Empíreo para que desde la más oscura nube baje, en caída libre, todo el sagrado líquido, pero no torrencialmente, porque estaríamos enfrentando otro tipo de males, que pudiera tener su origen en la anarquía caraqueña.

LUIS MARTÍN/CIUDAD CCS
FOTO LUIS BOBADILLA

 


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