Isaías Medina: brilla para él la polémica perpetua

Clodovaldo Hernández

Hace muchos años, alguien me explicó que la avenida Victoria y la avenida Presidente Medina eran la misma vía, que tenía dos nombres. ¿Y eso por qué?, pregunté, y me contestaron que era producto de una vieja tirria de los adecos contra Isaías Medina Angarita.

Bueno, para hacer el cuento corto, la avenida comenzó a construirse en tiempos de Medina (igual que la aledaña Ciudad Universitaria), pero luego de derrocarlo, los dirigentes de AD no podían permitir que se le rindiera ese tipo de honores, así que empezaron a llamarla “Victoria”, en referencia al resultado favorable a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Aún hoy, la avenida tiene sus dos nombres y sigue viva la polémica sobre si Medina es o no merecedor de reconocimientos. Todo eso a pesar de que el general falleció en 1953. Pareciera que en su velorio alguien hubiese pedido que brille para él la polémica perpetua.

No queda duda de que Medina es una figura signada por las contradicciones. Fue uno de los primeros generales egresados de la Academia Militar, fue heredero del gomecismo que había asolado al país entre 1908 y 1935, pero la historia lo ha reivindicado como un civilista y un demócrata de primera magnitud.

Si se le mira desde este tiempo, estaba convencido de que el país debía avanzar hacia un sistema de libertades, pero lo derrocaron con el argumento de que no era suficientemente demócrata. Para completar el cuadro polémico, los compañeros de armas que (aliados con la dirigencia de Acción Democrática) lo echaron del poder con esas justificaciones, a la vuelta de tres años dieron otro zarpazo que sumió al país en la dictadura durante una década.

La controversia lo caracterizó durante toda su carrera como personaje público. Cuando fue ministro de Guerra y Marina del presidente Eleazar López Contreras, en los corrillos políticos se le señalaba como un tipo muy peligroso porque supuestamente era simpatizante del fascismo. Decían que concordaba con las ideas de Mussolini y le atribuían las culpas de los excesos cometidos por el gobierno lopecista en cuestión de derechos humanos.

Era el chivo expiatorio de su jefe, al punto de que las veces que López Contreras tomó medidas pro democráticas, la gente decía que lo había hecho en contra de la opinión de su ministro.

Ni siquiera las obras de Medina en el gobierno lo salvaron de esa tradición oral según la cual era un dictador. Curiosamente, la chapa que le montaron los adecos se desarrolló sin cortapisas a través de los medios de comunicación de la época, pues durante su mandato no se tomaron medidas contra la prensa. De hecho, en esos años nacieron varios de los más importantes diarios del siglo XX venezolano.

Incluso, el partido que más lo adversó, AD, fue fundado en 1941, aprovechando el régimen de libertad política que se abrió tan pronto Medina asumió la presidencia, en junio de ese año.

Este hombre nacido en San Cristóbal en 1897 puede considerarse una de las primeras víctimas de eso que ahora se llaman matrices de opinión. Objetivamente hablando, durante su gobierno hubo varias elecciones legislativas y municipales y se caminaba hacia la eliminación de discriminaciones, como la que no permitía el voto de las mujeres, pero a Medina Angarita se le pintó como un mandatario negado a cualquier avance democrático.

Al analizar su obra de gobierno se aprecia que también puso las bases de grandes progresos en materia social, laboral, agraria y petrolera. Según algunos estudiosos, en este último aspecto tal vez pueda encontrarse la razón por la cual fraguan el golpe en su contra: la reforma a la Ley de Hidrocarburos dio los primeros pasos hacia un reparto menos injusto de la riqueza petrolera entre las empresas transnacionales y el Estado venezolano. No es de extrañar que por ello se hayan movido los poderosos tentáculos del poder estadounidense. Todo ello a pesar de que Medina fue (en 1944) el primer jefe de Estado venezolano en ser recibido por el presidente de EEUU (Franklin Delano Roosevelt) y por el Congreso de esa nación. ¿Otra de las contradicciones de su vida?

Entre los intereses tocados por Medina en su gobierno estuvieron también los de la burguesía nacional, toda vez que promovió una reforma a la Ley de Impuesto sobre la Renta y creó el Seguro Social Obligatorio.

“He contribuido en toda la medida de mis fuerzas a hacer efectiva la justicia social y la libertad del ciudadano, y puedo decir que por mi voluntad ningún compatriota sufre prisión, ni se halla alejado de la tierra natal”, expresó durante su último mensaje anual al Congreso, semanas antes de ser defenestrado.

Otra de las grandes disonancias entre la imagen del mandatario y sus ejecutorias se produjo, justamente, durante el derrocamiento. Muchos pronosticaron que como era un oficial de la vieja guardia gomecista se iba a resistir, causando una ola de violencia. Ocurrió todo lo contrario, pues Medina prefirió evitar que corriera la sangre. Y él, que se congratulaba por no haber desterrado a nadie, fue expulsado del país de inmediato. Residió el resto de su vida en Nueva York, donde sufrió un accidente cerebro-vascular en 1952. Un año más tarde falleció, a la edad de 56 años.

Para el momento de su partida, el país que lo había calificado de tirano, al que le habían parecido insuficientes sus reformas democráticas, estaba sumido en su noche más oscura después de la muerte de Gómez. El jefe militar que encabezó la conspiración, Marcos Pérez Jiménez, demostraba lo que era un dictador de verdad, mientras los políticos que lo acompañaron en esa aventura estaban en el exilio, en la clandestinidad, en las cárceles o en el otro mundo. Ironías de la vida y de la política que han contribuido a hacer perpetua la polémica sobre el general Medina.

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Un personaje fascinante

“No había más remedio que quererlo”, expresó alguna vez Arturo Uslar Pietri, uno de los mejores amigos de Isaías Medina Angarita, quien luego de su muerte se convirtió en una especie de heredero de la ya mencionada tirria adeca, aunque ese es otro tema.

Y es que si se trata de seguir buscando aparentes contradicciones, hay que acotar que el expresidente tuvo amistades y aliados en un amplio espectro de la política, desde la rancia derecha hasta el Partido Comunista.
Para los historiadores, Medina Angarita ha sido un personaje fascinante. Entre quienes le han dedicado más atención debe señalarse a Nora Bustamante Luciani, quien además de historiadora fue médica y escritora. Sus libros han reivindicado la figura del general tachirense, tan maltratada por la polémica política.

Las nuevas generaciones también se han visto interesadas. Un aporte muy valioso lo hizo la periodista Carolina Marturet en 2003, en su trabajo de grado en la Universidad Católica Andrés Bello, titulado Gobierno de Isaías Medina, un régimen de libertades que duró cuatro años. En esa tesis, bajo la tutoría del profesor Luis Ernesto Blanco, Marturet recogió las opiniones de varios políticos e historiadores, entre ellos Jorge Olavarría, quien no dudó en calificar al de Medina Angarita como “el mejor gobierno que ha tenido Venezuela desde todo punto de vista”.


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