John Lennon, el pacifista que murió a tiros

Clodovaldo Hernández

En el edificio Dakota, en Nueva York, había una placa que rezaba “Embajada de Nutopía”. La habían puesto John Lennon y Yoko Ono. Ellos decidieron crear un no-país, llamado Nueva Utopía (Nutopía) que no tenía territorio, gobierno ni leyes. Solo estaba formado por sus habitantes, gente amante de la paz, sin razones para matar o morir, como en la letra del tema Imagine.

Como carecían de territorio, todos los habitantes de Nutopía estaban siempre en el extranjero, razón por la cual tenían funciones de embajadores. John y Yoko llegaron incluso a reclamar el privilegio de la inmunidad diplomática. Pero el Gobierno de EEUU solo reconoce a los funcionarios autoproclamados cuando son sus compinches en alguna trastada, así que a estos dos les negaron el fuero.

De todos modos, tal vez ni siquiera la protección diplomática habría amparado a Lennon, quien fue asesinado allí mismo, delante del Dakota, el 8 de diciembre de 1980, cuando tenía 40 años de edad y era un icono de las luchas por la paz mundial.

El desequilibrado Mark David Chapman le disparó cuatro veces al ex Beatle, configurando una de los más amargos escarnios de aquellos años en los que seguía muy caliente la Guerra Fría: un mítico pacifista que caía muerto a tiros.

No se hicieron esperar las teorías conspirativas que le atribuyeron a Chapman motivos diferentes a la locura. La más extravagante de esas teorías indica que el Gobierno estadounidense quería evitar que el cantante revelara al mundo sus experiencias con seres extraterrestres. Otras hipótesis son mucho más de este mundo: Richard Nixon, el presidente de EEUU al que más le afectó la oposición de Lennon a la guerra de Vietnam, siempre quiso deshacerse de él. No pudo lograrlo durante su mandato, pero lo habría conseguido luego, utilizando como sicario de oportunidad a un demente.

Chapman era un nerd de 25 años que unas horas antes había esperado pacientemente en la entrada del edificio para que Lennon le firmara un ejemplar de Double fantasy, su último álbum. Un paparazzi, que montaba guardia en el lugar, sacó la foto de ese momento. El fan volvió luego, no con un disco sino con una 38, y cuando Lennon y Ono se bajaron del automóvil, se acercó a la pareja, dijo: “¡Señor Lennon!”, y lo acribilló.

Luego de hacerlo, según cuentan, se recostó en la pared a esperar que llegara la policía, leyendo El guardián entre el centeno, la novela de J. D. Salinger sobre las incontrolables pasiones juveniles.

El periodista Feston Bresler en su libro ¿Quién mató a John Lennon?, sostiene la hipótesis de que Chapman podía haber sido programado por la CIA mediante avanzadas técnicas de lavado cerebral que lo convirtieron en un ser sin voluntad, capaz de cumplir órdenes tan nefastas como la de asesinar a su ídolo.

La conjetura luce descabellada, digna de una película de ciencia ficción, pero solo se sabrá si es cierta dentro de quien sabe cuantos años, cuando se desclasifiquen los secretos de la época. En todo caso, lo que sí es indiscutible es que Lennon resultaba para el complejo industrial-militar de EEUU lo que ahora podríamos calificar como “una amenaza inusual y extraordinaria”, sobre todo porque había salido de las propias entrañas de la industria cultural capitalista, pero en lugar de conformarse con ser una superestrella multimillonaria (que lo era, ¡vaya que sí!) optó por transfigurarse en un rebelde, una piedra en el zapato del siempre floreciente negocio de la guerra.

La paz en la cama

Desde su tiempo con Los Beatles, Lennon tenía fama de niño terrible, pero el enfoque más político sobrevino como consecuencia de su relación con Ono. Cuando se casaron, en 1969, lograron un impacto mundial al invitar a la prensa a su luna de miel en la suite presidencial del Amsterdam Hilton. Los periodistas y fotógrafos llegaron como enjambres y se encontraron con la pareja con flores en sus manos y un cartel que decía “La cama de la paz”.

Lennon comentó que los medios esperaban que ellos tuvieran relaciones sexuales ante las cámaras, pero se llevaron la sorpresa de una contundente manifestación pacifista llevada a cabo en un costoso hotel de cinco estrellas.

Luego repetirían actos parecidos en otros lugares del mundo, durante los cuales patentaron su lema “Dale un chance a la paz”. Posteriormente se pusieron más intensos y lanzaron la campaña “War is over (if you want)”, algo así como “la guerra ha terminado (si tu lo quieres)”.

Entonces comenzó la persecución política de la pareja. Nixon ordenó seguirlos e intervenirles el teléfono. En algún momento encontraron la fórmula para expulsarlo de EEUU: los detuvieron en posesión de marihuana. La suerte corrida por Nixon tras el escándalo del Watergate impidió que se concretara la medida. Por el contrario, en 1975 les otorgaron la residencia.

Debido a la llegada de su hijo Sean, Lennon estuvo prácticamente retirado durante un lustro. Fue justamente en 1980 cuando retomó su carrera con Double fantasy. Ronald Reagan acababa de ganar las elecciones y –de nuevo según las teorías conspirativas– los ultaconservadores reactivaron sus maniobras contra Lennon pues previeron que, con su regreso a la escena pública, sería un obstáculo para el guerrerismo republicano, tal como lo había sido para Nixon.

Sea como haya sido –por la iniciativa alucinada de Chapman o por un complot de los más poderosos–, lo cierto es que Lennon fue eliminado cuando se disponía a vivir una etapa muy productiva. Irónicamente, unos años antes, en la época de las fotos en las camas de la paz, John había agradecido que sus adversarios no los tomaban en serio. Alegaba que quienes sí habían sido tomados en serio, como Martin Luther King, John F. Kennedy o el Mahatma Gandhi, terminaron muertos a tiros.
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“Imagine” por nosotros

En un anterior intento (también muy incompleto) de hacer el perfil de Lennon, consulté al músico venezolano Chuchito Sanoja y este me salió con una de las suyas: “es un Alí Primera global”.

Es una definición muy precisa porque, igual que nuestro Alí, Lennon tocó temas fundamentales del mundo que le tocó vivir ; como Alí compuso e interpretó la canción necesaria ; e, igual que Alí, muchos años después de haber dejado este mundo, su mensaje tiene gran vigencia.

Así, los temas que él dedicó a denunciar la iniquidad de la guerra de Vietnam han servido durante los siguientes 50 años para protestar y pedir el cese de los centenares de otros conflictos bélicos que la insaciable maquinaria de la guerra ha propiciado en casi todos los rincones del mundo: Irak-Irán, Yugoslavia, Irak (de nuevo), Afganistán, Irak (otra vez), Libia, Siria, Palestina, Líbano, Yemen, decenas de países africanos, Centroamérica, Colombia…

¿Cuántas veces en todos estos años hemos desempolvado los discos (antes) o buscado en youtube (más recientemente) las canciones necesarias de Lennon para expresar solidaridad con otros pueblos?

Ahora, la fatídica mira de los guerreristas está puesta en Venezuela, con la oscura complicidad de muchos vecinos y de un puñado de connacionales. Es escalofriante pensar que hoy, cuando los amantes de la paz en todo el planeta cantan o escuchan Imagine están rezando por nosotros.


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