El juguetero es un ser especial que da felicidad

Rovimar Serrano Gómez, juguetera, investigadora, poeta y docente en ocasión del otorgamiento de ayuda ecónomica al gremio de artesanos

 

Me siento profundamente agradecida por estar hoy formando parte de este grupo de hermanas y hermanos que nos unimos en vísperas del día del niño y de la niña, entendiendo que ese día es tan solo un pretexto para valorar esa etapa tan importante dentro de la conformación de nuestra existencia.

Ser la vocera en este acto tan significativo encierra un compromiso muy grande al tratar de hilar las palabras más idóneas que den cuenta de esta lucha que lleva el movimiento de artesanas y artesanos de Venezuela, especialmente los hacedores de juguetes, una lucha que busca entender que las artesanías tienen una variada inscripción social: desde lo cultural, económico, político, simbólico y ético.

En otras palabras, se configura un diálogo con esos procesos y fenómenos sociales que nos identifican y que se articulan para el entramado tejido de un Estado. Podemos señalar aquí la presencia de una lucha desigual ante el bombardeo del aparato mediático con sus estereotipos y mecanismos de imposición de patrones de comportamiento y de consumo.

Es en este escenario donde notamos la presencia del juguetero y juguetera, que a pesar de los procesos industrializados que signan la producción de artículos y mercancías, construye juguetes con sus manos y da vida a esos materiales de nuestro entorno, tales como: madera, semillas, telas, hilos, cuero y plástico, entre otros.

Aquí destacamos la hermosa labor que desarrolla el colectivo de jugueteros de aula Taller La Zaranda en el Estado Aragua: Julio Pérez, Jesús Torcatt y Ginmi Gulianelly, con la confección de juguetes a partir de botellas y tapas plásticas. Un ejemplo a seguir porque los jugueteros y jugueteras han tenido que innovar a partir de las limitaciones que el contexto actual nos ha impuesto.

En nuestra cotidianidad vemos juguetes y juegos tradicionales e identitarios que siguen presentes en el imaginario colectivo: trompos, gurrufíos, maromeros, yoyos, zarandas, papagayos y este gurrumango que se resiste a desaparecer. Son juguetes que van tejiendo esa urdimbre necesaria para nuestra existencia, una existencia que buscamos que esté marcada por la alegría, la paz, el amor y la convivencia.

—¿Y qué son los juguetes? ¿Por qué jugamos lo que jugamos?

—Son objetos que responden a un pasado signado por ritos mágico-religiosos o prácticas para la obtención de alimentos; objetos que nuestros antepasados crearon para invocar y loar las fuerzas superiores y desconocidas del universo.

Dicen algunos estudiosos que en el pasado el trompo se usaba para atraer los vientos; el papagayo, en algunos países árabes, para alejar a los malos espíritus que atacan a los niños y niñas recién nacidos, y en China como mecanismo de comunicación durante la guerra y en las islas del pacífico para pescar; el sonajero para alejar los malos espíritus; y el gurrumango para relajar.

Estos y otros juguetes tienen hoy día otra significación, producto de la modernización de las sociedades y sus respectivas transformaciones, a pesar de que hemos olvidado los usos que le dábamos.

Esos objetos conviven con nosotros porque los hemos transmitido de distintas maneras, de generación a generación; y prueba de ello es el trabajo que lleva a cabo el movimiento de jugueteras y jugueteros de Venezuela al hacer esfuerzos para que sigan aquí esos juguetes y juegos tradicionales.

También nos alegramos cuando aparecen espontáneamente espacios y gente para volar papagayos, jugar muñecas, trompos, jugar la ere, paralizado y muchos otros juegos, sin necesidad de una propaganda televisiva que invite a eso.

A partir de esos espacios para los juegos, son muchos los momentos especiales que se han atesorado en nuestra vida en torno a ellos. Allí hemos aprendido formas de relacionarnos con los otros a través de la sana convivencia, hemos creado grandes lazos de amistad, aprendimos reglas, solidaridad, compromiso, entrega y sobre todo a generar equilibrio a partir del goce y la diversión.

Por otro lado, quiero señalar un hecho significativo que acontece cuando un juguetero o juguetera participa en una feria y el visitante interactúa con nuestros juguetes: empieza a dibujarse una gran sonrisa frente a ese juguete, pues se evocan sensibilidades; cosa que no ocurre con otras formas de artesanía. Y es que nuestros juguetes tienen alma, esa esencia que transmitimos cuando procesamos la materia prima y vamos dándole vida al juguete. Los fabricamos desde esa tranquilidad que encierra la conexión con ese poder creador y eso se evidencia en cada juguete.

El juguetero y la juguetera saben llegar al punto sensible del ser humano. Es un ser especial, produce un juguete que le da felicidad a mucha gente. Es un creador, un soñador que hace falta en cada sociedad, pues mantienen la esencia del hombre.

En una entrevista que le hice hace unos cuatro años a Humberto Rivas, juguetero del Estado Mérida, señalaba que: “Necesitamos recordar la habilidad de manejarnos con el viento, arrastrarnos, llenarnos de polvo, desarrollar la motricidad fina, correr, saltar…”; en fin, el oficio de juguetero contribuye con el desarrollo físico y emocional de nuestros niños y niñas.

Podemos señalar también que el juguetero(a) es un niño en esencia, en su actitud, porque tiene a flor de boca el chiste oportuno, la risa amable y sobre todo la comprensión por el otro. De allí nace la creatividad, porque para los niños y niñas todo se puede hacer.

Pensamos, además, que los jugueteros son grandes profesionales, ya que dominan el uso del color, el equilibrio, la simetría; saben de matemáticas, ciencias, física y filosofía, cuestiones que nos llevan a pensar en la necesidad de que nuestros niños, niñas y jóvenes se inclinen hacia el trabajo manual, para que ellos mismos sean capaces de crear sus juguetes y todo aquello que puedan necesitar en su cotidianidad.

Decía Rousseau, en su tratado sobre la educación (1762), que: “Emilio debe aprender un oficio, un verdadero oficio, un arte puramente mecánico en el que las manos trabajen más que la cabeza… En lugar de obligar al niño a inclinarse sobre los libros, lo ocupo en un taller donde sus manos trabajen en provecho de su espíritu: mientras cree ser sólo un obrero se convierte en filósofo”.

Nos queda decir que, desde este colectivo, aplaudimos la acertada iniciativa llevada a cabo por la Alcaldía Bolivariana del Municipio Libertador a manos de la alcaldesa Erika Farías y su equipo de trabajo, por este apoyo económico ofrecido a este grupo de jugueteras y jugueteros; una iniciativa que se suma al conjunto de acciones que lleva el gobierno nacional para contribuir con la infancia de este país.

Animamos al equipo de gobierno de este municipio a reflexionar sobre el diseño de políticas sociales para que las escuelas, museos, plazas, calles hospitales y todos los espacios de la ciudad se orienten al uso, conocimiento y práctica del juego y del juguete tradicional y ancestral, bajo criterios que permitan a niñas y niños ejercer su derecho a una infancia feliz.

Nosotros, los integrantes del movimiento de jugueteros y jugueteras, nos mantenemos activados para el encuentro permanente de nuestros hermanos y hermanas en toda Venezuela y el intercambio de saberes. Prueba de ello son las múltiples ferias donde se exponen y ofrecen talleres gratuitos para dar a conocer el oficio.

En octubre de este año está previsto el encuentro nacional de jugueteras y jugueteros en el Pedagógico de Caracas. Y para el año 2019, el primer evento internacional que hemos querido denominar nuestro americano, para rememorar el ideario de nuestro precursor Francisco de Miranda. En esta ocasión queremos un continente unido a través de los juegos, juguetes y deportes tradicionales y ancestrales.

Este evento internacional es producto de las conversaciones y encuentros con algunos miembros de la asociación panamericana de juegos y deportes autóctonos y tradicionales: Kiabarú Gómez por Venezuela, Elizara Marín por Brasil, Wilfredo Chau por Perú y Nelson Medina por Honduras.

Concluimos haciendo hincapié en que este colectivo de jugueteras y jugueteros es un movimiento que hace presencia en estos tiempos de cambio que ponen de manifiesto la contradicción entre las fuerzas técnicas y económicas.

Intentamos rebelarnos contra el capitalismo con esas leyes de mercado. Ofrecemos nuestros juguetes no como piezas u objetos artesanales, sino como una manifestación de la actividad humana, un artefacto cultural sin pretensiones y seducciones de agentes externos. Defendemos lo local, respetamos la soberanía popular, el saber ancestral, lo reivindicamos y estamos orgullosos de postergar ese legado a través de nuestros juguetes.

Así que viva nuestra Patria, nuestros artesanos y artesanas y todas aquellas mujeres y hombres que contribuyen desde el amor al desarrollo de este país. ¡Un viva para todos!

Rovimar Serrano Gómez
Caracas, 7 de julio de 2018


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