La antipoesía de Nicanor Parra

Carlos de Nóbrega

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Nicanor Parra (1913-2018) es hoy más que nunca una de las voces más significativas de la poesía chilena contemporánea junto a Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, Pablo de Rokha y Jorge Teillier. Entre sus poemarios, el lector cuenta con la frescura reivindicativa de Poemas y antipoemas (1954), La cueca larga (1958), Versos de salón (1962) y Canciones rusas (1967). La propuesta anti-poética de Parra bordea la oralidad mágica del habla popular, el humor negro y los juegos enternecedores con el lenguaje como si se tratase de la voz salvaje de niños, adolescentes o locos de pueblo.

El Decir riguroso, divertido y tocable se desenvuelve sin miramientos tanto en el verso uniforme y rimado como en el libre. «Sinfonía de cuna» consiste en un canto travieso que vincula la divinidad y la apostasía propias en la melosa rima consonante y elemental, tenor musical de esta parodia de Jacob bailando con el ángel: «Se enojó conmigo, / Me tiró un revés / Con su espada de oro, / Yo me le agaché. // Ángel más absurdo / No volveré a ver». «Defensa de un árbol», más que poema ecológico, supone un elogio lírico sencillo y sentido a la naturaleza, ello en el influjo de las silvas americanas de Andrés Bello y las odas de Neruda: «Él da la fruta deleitosa / Más que la leche, más que el nardo; / Luna de oro en el inverno, / Sombra de plata en el verano».

La Poesía del Decir, en este y otros casos, posee variadísimos registros musicales, temáticos y climáticos que se contraponen a los monólogos unidimensionales de ciertas iglesias y cogollos literarios. «Hay un día feliz» y «Es olvido» nos remiten a las crónicas comarcales y la literatura epistolar para configurar una saudade sinuosa, campestre y compacta como la carne de la manzana que implica la vuelta al origen, lo cual nos reconcilia con Rosalía de Castro, Miguel Hernández y Jorge Teillier. En cambio, «Desorden en el cielo», apela al humor ambiguo y pueblerino para contravenir el mercado aséptico de ultratumba con que el episcopado importuna la vida gozosa de la humanidad: «Aquí no se necesita / Del brillo de tu esqueleto / Para amenizar el baile / De Dios y sus adeptos».

¿No les suenan estos versos a la Teología de la Liberación en América Latina con sus Gustavo Gutiérrez, Hélder Cámara, Monseñor Romero y Leonardo Boff?

«Autorretrato» es un texto confesional que raya en lo hiperreal y lo satírico, de manera que embestirse a sí mismo implique desmontar el entorno inhóspito que nos engulle sin descanso. El erotismo descarnado se hace sentir en las canciones obscenas de marineros ebrios y disolutos, que amenizan tangos o cuecas misóginas y desencaminadas: «Mujer parecida al mar, / -Violada entre ola y ola- / Eres más ardiente aún / Que un cielo de nubes rojas». El Epitafio se reconvierte en gag marxista (me refiero a Groucho) con el que se pretende cerrar un ejercicio autobiográfico desconsolador: «Fui lo que fui: una mezcla / De vinagre y de aceite de comer. / ¡Un embutido de ángel y bestia!». «Advertencia al lector», teniendo como antirreferencia literaria delirante a Aristófanes, es un llamado egotista, placentero y desencaminado a solazarse en los Poemas y antipoemas de Parra, no para cimentar el prestigio literario sino, por el contrario, para desconfiar de las grandes voces autorizadas de la creación y la crítica poéticas que boicotean el orgasmo lector («O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista, / Me vanaglorio de mis limitaciones. / Pongo por las nubes mis creaciones»).

La anécdota familiar anotada en «El túnel», va preñada de lamentos sarcásticos, implosiones malcriadas y un extraño dejo paradójico de nostalgia desengañada que la juventud escurre en el albañal: «Él vive en una campana de vidrio que se llama Arte / que se llama Lujuria, que se llama Ciencia / tratando de establecer contacto con un mundo de relaciones / que sólo existen para él y para un pequeño grupo de amigos». Las andanzas de esas tres tías insufribles y patéticas, restablecieron al joven de golpe y porrazo a una realidad inquietante y tragicómica por explorar: La Poesía camina en el mar de puntillas en un ademán milagroso y contingente.

¡Feliz viaje, poeta mayor del Decir anti-poético! (Aunque sea en tu Volkswagen, surca los cielos desparramando en el Paraíso y el Infierno. A nosotros nos toca restablecer el Purgatorio o el Limbo, mientras te releemos con un renovado placer).


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