La Caraqueñidad | Pacheco nos abandona antes y se lleva al capín melao

El tradicional frío posdecembrino, del cual solo quedan rastros comparado con años anteriores, se esfuma por el maltrato humano contra la naturaleza

Para el habitante de Caracas, es usual despedir el año viejo e iniciar el nuevo, quizás hasta mediados de febrero, conviviendo con Pacheco; así como con todo lo que trae consigo el famoso polen que expide el capín melao que baja del gigante cerro Guaraira Repano (Con G, no con W, como se pretende), e inocula la tradicionalmente llamada alergia navideña.

A pesar de sentirse intermitentemente cierto fresco, que a veces raya en frío que obliga a desempolvar suéteres y chaquetas, no se compara con las bajas temperaturas de antaño, que representaban uno de los tesoros naturales de Caracas: su rico clima.

Para contrarrestar algunos efectos negativos (que en esta época de ausencia de medicamentos se parecen a la consecuencia de una guera fría), los especialistas y la sabiduría popular recomiendan el consumo de infusiones a base de malojillo y limonadas, cerrar las ventanas para dormir, mantener constante higiene del polvillo de las casas con trapos húmedos y evitar en lo posible el tendido de ropa durante las noches.

Sin embargo Pacheco y su capín melao cada vez inciden menos y (aunque suene paradójico) eso preocupa, no tanto por las consecuencias sino por la causa.

Hay una serie de factores, todos a partir del maltrato y abuso excesivo del ciudadano común (de Caracas y sus alrededores), en contra del ambiente y las leyes naturales, por lo que se imponen los efectos nocivos de la contaminación y del calentamiento global, que alejan la tradición que representaba aquel popular “vendedor de flores” que a inicios de noviembre bajaba desde Galipán con su arreo de burros además anunciando el imponente frío navideño, don Antonio Pacheco, quien no solo tiene rato postergando cada vez más su bajada, sino que adelanta su despedida, quién sabe si hasta diciembre próximo.

El humor de aquiles. Hace años, ambientalistas, cultores populares, ecologistas y filósofos de esquina lo han venido advirtiendo. No fue una excepción el poeta caraqueño Aquiles Nazoa, quien con su genial ocurrencia, parió con su pluma un muy particular reclamo al señor del frío y de las flores: Qué hubo Pacheco, publicado en una de sus obras maestras, Humor y Amor.

Antier no más era una fija tener, al menos en el valle capitalino, frío parejo desde noviembre hasta mediados de febrero; no obstante, una medición publicada en el sitio web accu weather (escogida al azar), da muestras de que esa realidad tiende a desvanecerse: La temperatura real para el 1° de enero osciló entre 28 y 21°C, mientras que la medida histórica habitual era de 24 y 14°. Se proyectó para este jueves 19 una variación entre 27 y 18°C, con una medida histórica que rondaba entre 24 y 13°C y se mantenía así hasta cerca de carnavales; pero desde ya se proyecta que en esos días la alta será de 28 y la baja de 20°C. A las claras, menos frío, aunque queda un agradable fresquito.

Conciencia parece ser la palabra que debe imperar entre la ciudadanía para minimizar los efectos sobre la salud del clima, la sanidad del aire que respiramos y la vida permanente y de calidad de nuestro principal pulmón vegetal, el Guaraira Repano.

Aunque para algunos descocados este es un tema trivial, hay que seguir en advertencia, porque si además de la baja ingesta tradicional de la época (por los entuertos económicos) nos prohibimos el disfrute del especial clima que siempre caracterizó a Caracas, entonces seremos testigos y protagonistas de excepción de una muerte lenta, inducida y causada, como casi siempre, debido a nuestros excesos. Mosca!!!

________

Qué hubo Pacheco

Después de muchos meses esperando
que con tu soplo gélido
a refrescar vinieras la canícula
que este año enflaqueció a los caraqueños,
he aquí que ya estamos en noviembre,
un mes que era muy frío en otros tiempos,
y el calor continúa
ocasionando pérdidas de peso,
porque a ti no te da tu perra gana de regresar, oh pícaro Pacheco.
¿A qué debe atribuirse tu retardo,
tú que eras tan puntual y tan correcto?
¿Si antaño, cada vez que las campanas
doblaban por el Día de los Muertos,
ya tú estabas haciendo tus valijas,
limpiando tu bufanda y tu chaleco
para después bajar, lleno de flores,
con tu sonrisa de ancianito fresco
y tu pincel teñido de manzana
que en los rostros ponía un rosa tierno?
Todo el mundo exclamaba en ese entonces
con júbilo infantil: ¡Llegó Pacheco!,
mientras tú por el Ávila llegabas
con tu bufanda vegetal al cuello,
y una flota pascual de golondrinas
volando de tu lírico sombrero!

_____________

Con maestría ejecuta por igual timbales, congas o batás

Historias de nuestra gente | Pibo Márquez internacionaliza a Caracas con sus tambores

Haber nacido en Caracas suma un determinante en la vida. La dinámica de su gente que vive en la más linda fortaleza natural, como es su hermoso valle, genera la seguridad necesaria para emprender un camino de deseos y sueños para volverlos realidad.

Quien así se expresa es el maestro percusionista Joel Pibo Márquez, quien asegura que lleva a Caracas en cada repique de sus tambores.

Músico de pasión y profesión, Pibo se forjó en medio de una familia de músicos de afición. Sus estudios académicos y musicales enseriaron los redobles y hoy compone, suena y hace bailar internacionalizando a Caracas con particular éxito en los cinco continentes.

“Por mi música, porte afrolatino y mis instrumentos, muy poca gente me relaciona con Caracas, sobre todo por aquel clisé de las reinas de belleza y novelas rosas donde, en efecto, aparecen muy pocos negros”, expone y deja saber que está orgulloso de ser de Los Flores de Catia, “zona rumbera y de impulso popular donde aprendes a valerte, a compartir, a generar, a soñar y sobre todo a cumplir tus sueños”, explicó.

Con la remembranza de haber dado sus primeros pasos musicales en el grupo Jhayro (Jóvenes haciendo arte y rompiendo obstáculos), asegura que Caracas le dio temple para adaptarse y sonar muy bien tanto en Nueva York como en Bogotá, Milán, Sao Paulo, Buenos Aires, París, Roma, Bucarest o Mali, donde ha dejado la huella caraqueña porque desde su cosmovisión aprendió a asumir las más interesantes empresas musicales y culturales que se le puedan ocurrir.

“Caracas siempre forma parte de mi creación”, asevera, y a pesar de que la dinámica lo lleva a desdoblarse artísticamente en los idiomas que domina (francés, italiano e inglés) y en los ritmos que asume (salsa, jazz latino, gaita y música espiritual, entre otros) , “la caraqueñidad indisolublemente aflora conceptualmente y retumba en los cueros y en la música que hago”.

Amparado en su background, Caracas se le antoja cosmopolita. “La sultana del Ávila es el seno de grandes sueños que sus habitantes vuelven realidad. Caminar por el centro de Caracas es tan demandante como estar en Central Park”, expone tajantemente.

Con respecto a la realidad de la migración, afirma que “los caraqueños tenemos una afinidad universal y aunque mi ascendencia es barloventeña se mezcla con la suerte de haber nacido en Caracas” y este maestro, trotamundo musical made in Catia, emula al poeta Serrat, y evoca: “Pisaré las calles nuevamente de mi hermosa ciudad para seguir soñando mi música, y ver la sonrisa de mi gente y su empuje”.

LUIS MARTÍN/CIUDAD CCS
FOTO ARCHIVO

Únase a la conversación