La ciudad capital anhela se adueñen de sus espacios

Caracas, una urbe aquejada por diversos problemas, reclama por su conservación y una transformación estructural

Transitar por las calles caraqueñas puede evocar muchas experiencias. Entre su abarrotado tránsito, la aglomeración de personas, los olores mezclados, su clima fresco, sus altos edificios, sus ranchos, su ya colapsado transporte subterráneo, sus lindos parques y centros culturales, la pasividad de su casco histórico… Ella es, probablemente, una de las ciudades más incomprensibles e incomprendidas del mundo.

De día, la silueta de esa montaña mágica que la cubre como un manto protector; de noche, con sus luces que brillan y su frío que activa. Estas vistas generan una sensación de nostalgia, recuerdos de salidas, de paseos con amigos, familiares y con una que otra pareja.

Sus calles ofrecen, ciertamente, variedad: si estás por el oeste, el paisaje puede que no resulte muy agradable. Entre los que venden cuanta cosa se les ocurre, los que piden para comer y los que hurgan entre la basura, resulta toda una gran mezcolanza.

Todo esto sin considerar sus coloridas pero inestables infraestructuras, algo heredado y aún adeudado a la población, evidencia clara de la existente desigualdad social y económica.

Más hacia el centro de la ciudad está el casco histórico. Caminarlo evoca, de verdad, a los libertadores. Casi que pueden sentirse aquellas almas independentistas, libertarias. Sin dejar de lado, claro está, la estética. Por ejemplo, sin duda, por alguna mente debe haber pasado más de una vez llevar un traje de la época colonial.

No olvidemos sus centros culturales. El Teatro Teresa Carreño, siempre propicio para los encuentros y amenas reuniones y las tertulias, aunque también para adquirir libros, ver algún espectáculo que se esté presentando en sus áreas y sentir esa aura bohemia y pacífica que aquel espacio irradia. Vale la pena pasearse por allí.

Por otra parte, es necesario e indispensable hablar del este capitalino. Sus locales de vida nocturna por lo general es lo que más llama la atención. Sus restaurantes, parques, teatros, centros comerciales (en verdad los hay en toda la ciudad), sin olvidar sus edificios. Destacable es el hecho de las viviendas, bonitas estructuras con apartamentos hermosos y muy seguros arquitectónicamente. Lujosas casas, unas más grandes que otras. Se evidencia nuevamente la diferencia de las clases sociales, pero ese debate dejémoslo a los marxistas.

Lo cierto es que hay temas que la aquejan de manera general. Que si la falta de agua, que si la falta de transporte colectivo, que si la basura, inseguridad, bullicio, bachaqueo… Realmente son muchas.

Sentido de pertenencia

En este sentido, podría decirse que Caracas está cual mujer lastimada, esa que es golpeada, ofendida, mancillada. Recordando un poquito a Alí, “manoseada”. También a Juan Antonio Pérez Bonalde, en su poema Vuelta a la Patria, que destaca en uno de sus fragmentos: “…Caracas, allí está; vedla tendida a las faldas del Ávila empinado, odalisca rendida a los pies del sultán enamorado”.

No cabe duda que la capital ha sido esclava de su misma gente, de quienes la habitan y también de quienes la visitan. Quizás se trate de una especie de falta de identidad para con ella, una falta de sentido de pertenencia. Víctima de su propio estrés. Un aspecto a tomar en cuenta es su sistema de transporte subterráneo, que muchas veces hace pensar que, tal vez, el agobio no está, precisamente, en las calles, sino debajo de ellas.

Por esto, valdría la pena empezar a caminarla, conocer bien sus espacios, los lugares que ofrece. Pudiera ser que, de esta forma, los caraqueños comiencen a tomarle cariño y la quieran más, la cuiden e incluso la transformen. Permitirse vivirla de una forma más sana, más agradable y cordial, debería ser una prioridad.

La relación del ser humano con su ambiente va íntimamente ligada a su estilo de vida, esto en aras de desarrollar una convivencia más armónica con el entorno.

Es así como la manera en que se vive la cultura de los pueblos y sus costumbres van en concordancia con el medio en el que éste se desenvuelve. Es decir, estas razones suponen la hermandad que debería existir entre los elementos que componen una sociedad.

Cumplir con las normas establecidas, no ensuciar las calles, respetar las señales de tránsito, entre muchísimas otras cosas más, son solo algunas de las recomendaciones, sugerencias o consejos que pueden darse a la hora de desarrollar una nueva cultura, una conciencia colectiva que permita a la ciudadanía vincularse entre sí.

Para que todo esto ocurra, es necesario apoderarse de los espacios, hacer vida en ellos, identificarse y reconocerse dentro de esos lugares, así sería como podrían valorarse y transformarse los usos, costumbres y modos de vida que, hasta ahora, no han ido en concordancia con el anhelado sueño de poder vivir Caracas.

KLAUDIA FLORES / CIUDAD CCS/BIEN RESUELTO
FOTO ALBERT CAÑAS

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