Reinaldo Iturriza: “El autogobierno popular es la nueva institucionalidad en Venezuela”

Como ministro de las comunas, del 2013 al 2014, descubrió las potencialidades de un pueblo organizado que debe seguir recibiendo el respaldo del...

Han pasado tres años desde que terminó de cumplir una de sus tantas tareas dentro del Gobierno Bolivariano: ser ministro. Al recordarlo, sentado en un jardín del imponente Complejo Urbanístico Parque Central, le embarga una tranquilidad contagiosa, esa misma que le caracteriza y con la cual accede a compartir parte de su trayectoria profesional y personal con este servidor y para los asiduos lectores de Ciudad CCS.

Es que para Reinaldo Iturriza el hecho de ser, en su momento, titular de dos ministerios (Comunas y Cultura) no solo transformó su vida, sus ideas y su convicción política, sino que además le dejó grandes experiencias y enseñanzas que desde hace algún tiempo ha tratado de plasmar en valiosos textos que para él representan también la consumación de un oficio que además ha cultivado con pasión: escribir.

Cuenta, sin ningún tipo de reserva, que siendo el típico joven de clase media, con pensamientos migratorios, de rendimiento académico excepcional, pero con una formación de izquierda, incluso comunista, por su padre, concluye su etapa de estudiante en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en la carrera de sociología, en 1999, cuando justamente el Comandante Eterno Hugo Chávez asumía la presidencia en Venezuela, por primera vez.

Confiesa que le era impensable pisar una institución del Estado y mucho menos trabajar en ella, pero luego de laborar en varias, le llegó, quizás, la oportunidad de su vida, que además no podía desperdiciar o como él mismo asegura, no podía negarse a ocupar por la coyuntura política y social que atravesaba el país con el fallecimiento del líder de la Revolución Bolivariana y el primer mandato de Nicolás Maduro, en abril de 2013.

— En ese sentido, ¿cómo asume usted tan repentina y exigente oportunidad de guiar un ministerio y en un momento trascendental de la historia política de Venezuela?

—Estaba en mi casa con amigos, compañeros de trabajo y mi familia, que tenían conocimiento de la inesperada llamada que me habían hecho. Yo, con sinceridad, estaba cómodo con el trabajo que venía haciendo (en la Vicepresidencia Ejecutiva), me sentía bien, le escribía al Comandante Chávez, no tenía la necesidad de hacer algo distinto, no tenía otra gran aspiración. Acababa de nacer una hija y más bien trataba de negociar con mi esposa el hecho de tener más tiempo para cuidar de la bebé. Pero la propuesta de asumir el Ministerio de Comunas era un falso dilema y, como estaba el país, hubiera sido de mi parte una cobardía huirle a esa responsabilidad. Dentro del equipo que me iba a acompañar sí existió algo de pánico, entre bromas, por la naturaleza de la tarea, pero la cumplimos.

— Los ataques contra el Gobierno Bolivariano tienen antecedentes y usted ha sido testigo de ellos, entonces, ¿cuál cree usted es el principal desafío que tiene un ministro en medio de las continuas arremetidas de la derecha nacional e internacional?

— 2013 para mi fue uno de los años más intensos y felices de mi vida por la oportunidad que me dieron de ser ministro y que además me permitió tener contacto directo con la gente, con el pueblo todos los días. En su momento el presidente Nicolás Maduro tomó decisiones e iniciativas para que el Gobierno no decayera. Esas medidas permitieron remontar la cuesta emocional, pues la pérdida de Chávez fue un golpe de shock para todos y todas. Allí entendí y además cambié mi manera de ver la política. En el Ministerio de las Comunas me reencontré con muchas experiencias que viví antes de su muerte y entonces para mi el hecho de ser como Chávez, todo lo que él representó o representa en sus seguidores era mi mayor desafío como ministro.

Antes de tener dicho cargo veía cómo debíamos enfrentar un aparato burocrático dentro del Gobierno, pero ya siendo parte del tren Ejecutivo debíamos cambiar esa realidad. Tenía la obligación de actuar de otra manera y ese era otro de mis retos. Yo traté de hacer todo bajo perfil, sin mucha propaganda, sin mucha cámara y por eso recibí reproches, pero la idea de mi equipo era mostrar lo menos posible y avanzar todo lo que se pudiera por debajo y creo que lo logramos.

Estoy satisfecho de lo que hicimos. En ese tiempo hubo una revitalización del tema comunal muy importante, con un apoyo muy fuerte de Nicolás Maduro.

En muchas ocasiones tuve la protección de él y tuve chance de hacer muchas cosas buenas.

— La organización en las comunidades hoy es más que evidente y en esa dirección, ¿cree usted en la necesidad de seguir fortaleciendo y apostando en el Estado Comunal que siempre impulsó Hugo Chávez?

— El autogobierno popular es la nueva institucionalidad en el país. Una de las cosas de las que me percaté como ministro de comunas y lo decía públicamente, con vergüenza, es que lo que pude identificar en las zonas populares era una realidad, no se trataba de un intelecto que defendía esas capacidades. Cuando salía a las calles y me daba cuenta que eso era lo que Chávez tenía pensado me generaba sentimientos encontrados, es una sensación de sorpresa, de estar ahí como ministro y observar una oportunidad que no quieres desechar y que además vas a batallar para defender todo eso tan valioso. De pronto, entras en una desesperación por no saber como transmitir todo lo que allí (comunidad) está sucediendo y que nadie sabe. Entonces yo estoy convencido de que la Revolución Bolivariana sin esa apuesta segura es otra cosa ya desnaturalizada. Yo sé que se repite mucho, pero no es casual que en su testamento político Chávez le haya dado tanta relevancia a la consolidación de la organización. Él dijo una sola vez en su vida “Comuna o nada” y fue diciéndole a Nicolás Maduro, encárgate de eso porque ya yo me voy.

Actualmente es preocupante ver la poca confianza que se le tiene a la Comuna. Pesa mucho el prejuicio de la teoría de entregar los recursos al pueblo y que se los roben, porque sí existen esos casos, y porque esa ha sido una verdad, queda esa falta de confianza por parte del Gobierno.

Pero, en todo proceso de transformación se van a presentar retrocesos, se harán visibles contradicciones y limitaciones y la obligación de nosotros como funcionarios es crear las condiciones para que esos problemas se resuelvan. Si se le prestara más apoyo del casi inexistente de ahora, a la gente que está produciendo con las uñas en la comunidad, en el campo, es muy probable que no estuviéramos en la situación que atravesamos. Se debe evaluar más cuánto dinero de los que se aprueban para el campo van destinados a las agroindustrias que no creen en este pueblo. Entonces no se trata de dejar de aprobarle los recursos a este sector, se trata también de no abandonar el proyecto del autogobierno popular y el presidente Nicolás Maduro lo sabe. Repito, yo hice muchas cosas positivas con su apoyo.

— Usted también tuvo la fortuna de liderar la cartera de cultura y justamente hace poco algunos monumentos fueron objeto de ataques por parte de quienes adversan al jefe de Estado Nicolás Maduro, ¿qué lectura le da a estas acciones fascistas de la oposición?

— La Revolución Bolivariana, representada principalmente en el chavismo, es una realidad material y creo que sus enemigos tienen clara la disposición de acabar con esa verdad. Sin embargo, creo que una buena parte de ese sector reaccionario no piensa o no quiere actuar de esa manera. Estoy seguro que un importante grupo del antichavismo político sí cree en la posibilidad de poder coexistir y que aprendamos a lidiar con nuestras diferencias, pero esa no es la opinión de Estados Unidos que siempre hará todo lo posible por eliminar este proceso mientras se mantenga. Por esa razón también creo que no fueron (la oposición) a las elecciones del año pasado, no porque no tuvieran oportunidad de ganarlas sino que ellos prefieren un escenario como el de ahora. Es decir, se sienten más cómodos en un panorama donde puedan derrotar a la Revolución Bolivariana en el plano político, militar y cultural.

El chavismo no es que estaba Chávez ahí y después llegó Nicolás con la obligación de gobernar lo más parecido al Comandante, con una gente ahí que lo apoye, no, el chavismo es una cultura política, es una manera de hacer las cosas, es una manera de entender el mundo, son unos valores, es tener varias ideas sobre lo que tiene que hacer el Estado, sobre el papel del mercado, sobre cuáles deben ser nuestras relaciones con los empresarios. Eso está estudiado, escrito y la derecha está destruyendo esa sociabilidad. Entonces aquí nos preguntamos: ¿a quién le conviene un país en el que predomine la corrupción, la disputa del uno contra el otro, después de todo el énfasis en el tema de la solidaridad, en el tema de poner al Gobierno al servicio de las mayorías populares, con el acceso a la salud pública y privada, y la educación gratuita?, solo a los enemigos de este proceso les conviene que esto no funcione de esta manera. Solo a ellos (la derecha) les conviene que haya una debacle y a los que están robando, obviamente, porque las mayorías populares dejaron de confiar en ellos, entonces su objetivo es ver todo quebrado para regresar a los años 90 donde exista una época de crisis social y reine el sálvese quien pueda, donde nos desmoralicemos. En ese sentido, tenemos un país hermoso, pero el propio venezolano es el problema.

Es decir, la misión es enterrar simbólicamente a la Revolución Bolivariana, destruir a Bolívar, la organización popular en los barrios, porque al eliminar a los Consejos Comunales, el Gobierno se cae inmediatamente y así logran debilitar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, los dos pilares de este proceso. Por eso queman estatuas, incluso se atreven a quemar gente como una manera de hacerte sentir miedo si eres chavista.

— El presidente Nicolás Maduro ha adoptado medidas económicas y políticas para hacer frente a la Guerra Económica e imperial, pero existe parte de la población descontenta, confundida por quizás no recibir pronta respuesta a sus necesidades, ¿cómo debe manejar el Gobierno esa situación y evitar que muchos, al no comprender, salten la talanquera?

— Yo creo que la mayoría del chavismo se siente satisfecho por la actuación en general del Gobierno. Se debe tener mucho cuidado con ceder a la tentación o creer en que la solución al tema económico pasa por pactar con la oposición o la burguesía, porque ellos siguen ejerciendo un poder fáctico desde hace siglos y saben medir muy bien los gestos del Gobierno, entonces si le cedes mucho no lo van a ver como una posibilidad para convivir, sino como una debilidad. Creo que ese es el mayor peligro del cual debemos cuidarnos todos.

Otra cosa que atenta contra la Revolución Bolivariana es decir que vas a hacer algo y no hacerlo, eso es un pecado mortal y me da hasta pena decirlo. Como funcionarios del Estado no podemos actuar de esa manera negativa.

Si en 2018 más de 6 millones de venezolanos votaron por Nicolás Maduro, creo que aquí tenemos una reserva moral y política. La gente que vio a Chávez está viva y ni con una bomba acabarán con ella.

— ¿A qué se dedica ahora y qué otros proyectos emprende?

— Cuando en 2016 me llamó el vicepresidente Jorge Arreaza para que entregara el Ministerio de Cultura yo, desde luego, les agradecí la oportunidad a él y al Presidente y les manifesté que me iba a dedicar a escribir, de hecho es lo que me gusta. Y desde entonces comencé a trabajar en la continuación del libro El Chavismo Salvaje que, en su primera parte, no lo había publicado hasta 2017 y desde el año pasado estoy laborando en el Centro Nacional de Estudios Históricos, que dirige Pedro Calzadilla (exministro de Educación Universitaria), mi amigo y me siento muy cómodo trabajando con él y ahí, además, tengo mucha libertad y tiempo de hacer otras cosas personales.

En línea general, me siento una persona privilegiada, no cambio por nada todo lo que he vivido.
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*Biografía Mínima

Reinaldo Antonio Iturriza López nació el 30 de noviembre de 1973 en Puerto Ordaz. Es casado y tiene dos hijas. Integra una familia de cuatro hermanos siendo el mayor. Se crió en un núcleo muy unido, estable y liderado por un padre de mucho carácter que falleció hace 10 años. Su madre, aún viva, se dedicó al duro trabajo del hogar, al cuidado de sus hijos. Ambos jefes de la familia son oriundos de Maracay.

Trabajó en la Vicepresidencia Ejecutiva, Defensoría del Pueblo, Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), Universidad Central de Venezuela (UCV), Ministerio de Economía Comunal, Ministerio del Trabajo, Ministerio de Comunicación e Información, Ministerio de las Comunas, Ministerio de la Cultura. Escribió los libros: 27 de febrero de 1989: interpretaciones y estrategias, El Chavismo Salvaje, La Política de las Comunas. Sin publicar: textos de la lectura de Chávez a Friedrich Nietzsche y otro sobre el primer mandato de Maduro.

TEXTO HAROLD URRIETA | FOTOS AMÉRICO MORILLO

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