La Esquina Caliente, un espacio que nunca se enfría

Los militantes la fundaron en la Candelaria y la mudaron a Catedral

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Los activistas de la Esquina Caliente, un espacio representativo de la lucha revolucionaria, que tiene su centro de operaciones en el lado sur de la plaza Bolívar de la ciudad capital, tuvieron una participación activa antes, durante y después del golpe de Estado de la derecha venezolana contra el gobierno legítimo del presidente de la República, Hugo Chávez, los días 11, 12 y 13 de abril del año 2002.

En esa oportunidad, tres de los militantes del levantisco y contestatario espacio murieron en la refriega contra la Policía Metropolitana en las inmediaciones del Puente Llaguno. Otro grupo, presionó y acompañó a los militares que impulsaron la retoma del Palacio de Miraflores y el regreso de Chávez al poder.

Bajo las balas asesinas de los funcionarios comandados por el entonces alcalde metropolitano, Alfredo Peña, cayeron Jairo Smith, un hombre nacido en Colombia que tenía como oficio la talabartería; el poeta Antonio León y un tercer combatiente del cuadro revolucionario, cuyo nombre no recuerda ninguno de los fundadores de la Esquina Caliente.

Génesis del espacio

Nació como un lugar de lucha, combate e información desde los inicios de la Revolución por allá en 1990. Todo comenzó con una serie de reuniones en la plaza La Candelaria. Quienes allí se juntaban eran militantes de izquierda y sus charlas giraban en torno a la dialéctica revolucionaria, soñaban conque la Revolución alcanzara el triunfo en el país, todos añoraban con el desalojo definitivo de la derecha del Miraflores.

Cuando el presidente Chávez llega al poder en 2000, los activistas mudaron su frente de batalla a la esquina de Catedral, en pleno casco histórico de la ciudad.

Freddy Bernal apoyó la instalación del toldo en el lugar donde hoy aún se encuentra

En las inmediaciones de la plaza Bolívar, los revolucionarios se encontraron con una enorme piedra de tranca. En julio de 2000 también había tomado posesión el periodista Alfredo Peña en la Alcaldía Metropolitana de Caracas, quien, pese a haber alcanzado el triunfo en la tarjeta del chavismo, trocó hacia la contra-revolución a los pocos meses de haber sido juramentado como Alcalde Mayor.

Peña persiguió con saña a los integrantes de la Esquina Caliente, quienes valientemente, y en completa desventaja, enfrentaron los ataques con cientos de bombas lacrimógenas lanzadas por los funcionarios de la extinta Policía Metropolitana (PM).

“Los ataques se hicieron con tanta saña que en varias oportunidades, las ardillas que habitaban en los árboles de la plaza Bolívar murieron asfixiadas”, llegó a comentar en un acto público el ex alcalde de Caracas y dirigente revolucionario, Jorge Rodríguez.

Ante esta situación, los integrantes del colectivo se vieron en la obligación de mudar su punto de concentración hacia el ala sur de la plaza Bolívar. Miriam Blanco contó que ella y otros militantes ( Lisbette Durán, Jairo Smith, Andrés Arrivillaga Carlos Rojas, entre otros) desempolvaron un toldo, consiguieron una silla por acá y otra por allá y se plantaron frente a la antigua sede de la joyería La Francia, hoy en día sede de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

El Alcalde de Caracas, Freddy Bernal, quien también acaba de tomar las riendas de su cargo, se ocupó de ayudar a los activistas. Les recomendó que instalaran su toldo en el lugar que hasta hoy ocupan y, además, les otorgó apoyo logístico.

Desde ese día, la Esquina Caliente es un lugar de combate, de lucha e información. Es un espacio para instruir a las miles de personas afines a la revolución que transitan por las inmediaciones de la plaza Bolívar.

“Desde aquí impulsamos múltiples cosas, pues nosotros somos la esquina del pueblo y nos convertimos desde hace años en la voz del pueblo”, señala Miriam Blanco, quien acude al emblemático lugar en compañía de su hijo Sebastián Miranda, de dos años de edad.

El inolvidable Aniluz

Tenía un verbo incendiario. Era un pelirojo de baja estatura que siempre llevaba paltó, pero que no lucía como un oficinista. Enfilaba sus críticas hacia la iglesia y la oligarquía recalcitrante, que cuestionaba y criticaba todas las decisiones del Comadante Eterno. Era frontal y detestaba la burocracia. Alirio Serrano, o Aniluz, como se identificaba, fue un abogado maracucho que llegó a la Esquina Caliente después de los sucesos de abril de 2002, según contaron los fundadores del espacio. Completaron su descripción como un hombre con un buen discurso político y voluntarioso para ayudar a quien le solicitaba asesorías jurídicas.

Pero su característica más resaltante era la de su verbo incendiario y radical en favor de la Revolución Bolivariana. En una oportunidad hizo un llamado a medio mundo para que se reparara un poste de luz de la plaza Bolívar que estaba a punto de caerse y que ponía en peligro la vida de los transeúntes.

Luego de múltiples llamados infructuosos a las autoridades, Aniluz tomó el micrófono de la Esquina Caliente y convocó a la militancia -y a todas aquellas personas que se quisieran sumar- a derribar el poste de marras. Eso bastó para que una cuadrilla de trabajadores se adelantaran apresuradamente a los planes del dirigente.

Aniluz fue un experto en la arenga política. Siempre llevaba la voz cantante en los debates, luego de los acontecimientos de los hechos de abril de 2002. La muerte lo sorprendió un día de mayo de 2004, cuando guardaba unas sillas de plástico en el almacén del edificio Toromaima. Sufrió un ataque cardíaco fulminante.

JUAN RAMÓN LUGO/CIUDAD CCS/BIEN RESUELTO
FOTOS LUIS BOBADILLA

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