La figura humana más allá de sus rasgos (+fotos)

La obra de Carlos Prada tiene como protagonista al hombre concebido con un sello personal de líneas y contornos

Cuando era solo un pequeño de 5 años vino desde Cumaná a vivir a Caracas, y como buen apasionado por el arte adoptado por esta ciudad, inició su formación artística en la Escuela Cristóbal Rojas. Hablamos del escultor Carlos Prada, y aunque su obra se ha paseado por muchos escenarios alrededor del mundo, una de sus piezas más emblemáticas, Entre el grito y el silencio, reposa desde el 2006 en el Puente Llaguno, haciendo un homenaje a los caídos aquel fatídico 11 de abril del 2002.

Fue un amigo de la familia, el pintor Pedro Báez, quien le sugirió a los padres de Carlos que estudiara en la Cristóbal Rojas. Allí fue discípulo de grandes escultores como Gertrud Goldschmidt (Gego) y el español Eduardo Gregorio. Sin embargo, su obra no se enmarca en los estilos de sus maestros. Las primeras piezas que el joven estudiante esculpió se acercaban más al cubismo y al abstracto.

Corría el año 1962 cuando obtuvo el certificado de arte puro de la institución. Ese mismo año, debuta como expositor en el XX Salón Arturo Michelena y el Salón Julio T. Arze. Posteriormente, en el I y III Salón de Escultura Joven (Galería G, Caracas). Tres años más adelante sumó a su naciente carrera el certificado de docente.

Los paisajes europeos esperaban la visita de Carlos, y en 1965, con la ayuda de una beca de Inciba, allá fue a parar, a la IV Bienal de Jóvenes Artistas en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París. Después de eso obtuvo al año siguiente el Premio Nacional de Escultura con el XXVII Salón Oficial, con El infierno. Ya las diversas galerías del mundo le abrían las puertas: Canadá, Holanda, Irlanda y Estados Unidos apreciaban su obra.

Sobre Carlos Prada, el pintor venezolano Manuel Quintana Castillo dijo una vez: “la obra de Prada encuadra dentro de las corrientes más actuales de la escultura, ubicándose, por afinidad, en grupos donde la preocupación por el tratamiento de la figura humana constituye el principal centro de atracción”.

Lo cierto es que la obra de este artista, aunque siempre estuvo pensada como una alabanza al cuerpo humano, nunca se ha encasillado en un estilo; con el paso del tiempo siempre ha evolucionado. Muy influenciado por el suizo Alberto Giacometti, la escultura de Prada inició como una reflexión de la soledad del hombre. Luego, estableció el vínculo hombre-máquina, y posteriormente realzó la figura humana con líneas y contornos muy definidos. Las escalas también han jugado en el proceso realizador de Carlos: sus obras van desde monumentos de casi tres metros hasta piezas de 15 cm.

La etapa de enseñar también estuvo presente. Fue docente en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas Carmelo Fernández de San Felipe, la Escuela Cristóbal Rojas, el Colegio San Agustín, en la Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios en Maracay y fundó en el IUPC el posgrado sobre artes plásticas venezolanas.

Entre el grito y el silencio

Sería Nicolás Maduro, en su función de presidente de la Asamblea Nacional, y el entonces vicepresidente José Vicente Rangel, quienes se encargarían de develar el monumento a los caídos del Puente Llaguno en 2002.

La obra realizada por el escultor Carlos Prada es un tributo que se le rinde a hombres y mujeres que defendieron la libertad y la democracia.

En su primer párrafo la placa reza: “Al glorioso y bravo pueblo bolivariano, a todos nuestros hermanos caídos el 11 y 12 de abril del año 2002 en defensa de la libertad, la constitución, la democracia y la soberanía”.

ALBERT CAÑAS/CIUDAD CCS/BIEN RESUELTO
FOTO LUIS BOBADILLA

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