La parroquia 23 de Enero es sinónimo de resistencia popular

Nació con el nombre de urbanización 12 de Febrero, pero luego de la caída de su mentor, Marcos Pérez Jiménez, se transformó en...

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Hablar de la parroquia 23 de Enero es hacer referencia a la resistencia popular y a la lucha social. La zona tiene su origen en una urbanización que ordenó construir el dictador Marcos Pérez Jiménez a finales de la década de los 50.

“Como Pérez Jiménez solía inaugurar todas sus obras en la época más alegre del año, planeaba colocarle el nombre ‘2 de Diciembre’, pero eso se quedó en proyecto”, contó Gregoria de Valles, quien es cronista popular de esta populosa y pujante zona caraqueña.

Sentada en una banca de la plaza 4-F, en la zona F de la parroquia, la mujer de 71 años de edad evoca los años de antaño como quien revisa las hojas amarillentas de una libreta de apuntes.

“Mi esposo trabajaba como vigilante en el Banco Obrero, que era la institución que se ocupó del financiamiento y construcción de la urbanización 12 de Febrero, se llamó Ernesto Valles. Llegó aquí mucho antes de que empezara la construcción. Todo el mundo lo conocía en esta zona como ‘Chiquito’, era un hombre muy popular”, comentó la doña llena de nostalgia y enfilando la mirada hacia el Bulevar de la Dignidad.

La plaza 4-F y el Bulevar de la Dignidad rinden homenaje a los soldados y civiles que dieron su vida en los hechos de febrero 1989 (Caracazo) y 1992 (rebelión cívico-militar). Ambas obras fueron erigidas por la Alcaldía de Caracas y el Gobierno del Distrito Capital, bajo las gestiones de Jorge Rodríguez y Jacqueline Faria, respectivamente. Fueron entregadas por la Revolución Bolivariana al pueblo en febrero de 2012.

Retornando a la historia, Gregoria rememoró que, antes de que se construyera la urbanización, el terreno –muy cercano al centro de la ciudad– donde se edificarían los edificios se llenó de gente humilde, proveniente del interior del país, que emigraron a la capital en busca de mejoras sociales. El dictador, fiel a su estilo, las mandó a desalojar a la fuerza del sitio y empezó a edificar los bloques.

Destacó que, luego de la caída del dictador, el mismo pueblo cambió el nombre de la urbanización a 23 de Enero. “De esta manera comenzó la historia revolucionaria y rebelde de la zona”, subrayó la señora de Valles.

“El edificio sede del Banco obrero estaba en Sierra Maestra, que era la institución en la cual trabajaba mi esposo. Por eso él era tan conocido en este lugar, porque fue quien recibió a muchas de las personas que se asentaron allí”, contó.

Posterior a la entrega y, en algunos casos, de las tomas de los apartamentos, las zonas aledañas a los bloques se fueron poblando de gente humilde, que fue construyendo sus modestas casas en las laderas de los cerros. Ese es el origen de algunas de las barriadas que coexisten con el urbanismo, de 56 edificios pequeños y grandes.

“Cristo Rey es el centro de la parroquia, porque allí está la jefatura civil y la plaza central, donde destaca la estatua La Libertad. También contamos con otros sectores importantes, tales como: Monte Piedad, La Cañada, El Mirador, Zona Central, Zona F, El Rincón del Taxista, Sierra Maestra, El Observatorio, entre otras”, destacó la señora Gregoria.

El bloque misterioso

Entre los hechos curiosos de los bloques del 23 de Enero es que el número 8 no existe en la zona.

“Cuando se estaba construyendo la urbanización, ocurrió una explosión en la ciudad de Cali, en Colombia, que dejó miles de personas sin vivienda. Entonces, Marcos Pérez Jiménez tomó la decisión de donar el bloque número 8 a esa ciudad para que las personas que quedaron sin casa se alojaran allí”, informó Gregoria de Valles.

Agregó que existen muchos mitos urbanos en torno a la construcción del edificio en el vecino país. Señaló que una de ellas habla que el bloque fue trasladado completamente construido desde nuestro país hacia tierras neogranadinas, cosa que no es posible desde ningún punto de vista.

“Ese edificio se encuentra en la ciudad de Cali y fue bautizado con el nombre de Unidad Residencial República de Venezuela y aún conserva ese nombre”, acotó.

Fidel estuvo aquí

En 1959 llegó al país Fidel Castro, quien se sintió atraído por la arquitectura de la urbanización. El líder cubano, al observar los bloques, se dirigió caminando desde Miraflores hasta una de las zonas donde estaban varios de los bloques más emblemáticos. Una vez allí, Castro se reunió con un grupo de jóvenes revolucionarios de la época.

“Los barbudos vestidos de verde causaron furor entre los muchachos de la época. Imagínense, aquí estaban en persona Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, todo un evento”, relató.

Rescató que cuando Fidel llegó estaba frente a los bloques 54, 55, y 56, los revolucionarios locales le plantearon que les ayudara a conseguir un nombre para esa zona.

“Su actitud fue pararse de frente a los bloques, luego dio la vuelta y se sitió frente al Warairepano y señaló que la montaña se parecía mucho a su Sierra Maestra: ‘Si ustedes están de acuerdo, la pueden llamar así’, propuso, y los muchachos gritaron al unísono: sí, sí, sí. Entonces, ese nombre se quedó para siempre”, contó la señora Gregoria de Valles.

Recordó que después de es evento, el líder cubano se dirigió en compañía de varios políticos venezolanos y el Poder Popular del lugar hasta la zona F, donde pronunció un discurso desde una tarima de cemento.

En Sierra Maestra nació el Comité Social que se llamó como la zona. El presidente de esa organización fue Luis José Suniaga, quien llegó al lugar el 2 de diciembre de 1958. De Valle agregó que esta organización fue pilar fundamental en el desarrollo de toda la zona.

Luego, en torno a los bloques 54, 55 y 56, surgieron otras organizaciones sociales, que fueron conformadas por jóvenes luchadores sociales de la época, a saber. Comité Social Guaicaipuro, Agrupación Jóvenes Unidos, que dieron todo a cambio del desarrollo comunal de la zona a cambio de nada.

Hoy en día, Sierra Maestra es un gran sector de la parroquia, conformado por barriadas y los bloques de la vieja urbanización. La Calle Real comprende los bloques 7 (ubicado al frente de la plaza Bolívar) hasta la redoma del bloque 37. Complementan otros lugares emblemáticos como La Libertad, El Porvenir, Cristo Rey, Camboya, El Plan de La Sierra, entre otros. En la actualidad allí hacen vida numerosos grupos y colectivos sociales que se ocupan de impulsar el desenvolvimiento de la vida social, cultural y educativa del sector y zonas aledañas.

Siempre combatiente

Desde su origen, 23 de enero de 1958, la parroquia homónima se conoce en nuestro país por ser un bastión de lucha por parte de sus habitantes, en busca de reivindicaciones políticas y sociales, así como por mejoras en las condiciones de vida para sus ciudadanos.

Gregoria de Valles estima que ese carácter “guerrilero” de muchas personas que han vivido en el 23 ha hecho que los gobiernos de derecha de la IV República calificaran la parroquia de “zona roja”, “lugar lleno de subversivos” o de “vagos y maleantes”.

“Estas etiquetas cobraron la vida de mucha gente, cuando en realidad nosotros lo que somos una comunidad rica en organización comunitaria. Aquí tenemos tres Centros de Diagnóstico Integral y módulos de salud en todas las zonas, así como Mercales y Pdvales. Somos gente que lucha, estudia y trabaja organizadamente”, afirmó Gregoria de Valles.

Como consecuencia de esta fama de parroquia combativa, en la década de los 80 los vecinos tuvieron muchos problemas con los cuerpos parapoliciales al servicio de los gobiernos de derecha en turno, luego de exigir reivindicaciones sociales vehementemente, como siempre ha sido su característica.

“En 1989, durante los sucesos del Caracazo, la parroquia fue fuertemente reprimida. Como era de esperarse, el gobierno de Carlos Andrés Pérez la declaró ‘zona de guerrilleros urbanos’”, acotó.

En 1992 ocurrió la Rebelión Cívico Militar encabezada por Hugo Chávez Frías, quien tomó el Museo Histórico Militar como base de operaciones, desde donde dirigió toda la estrategia de la rebelión.

“En 2004, cuando Chávez estaba en campaña, hizo un recorrido por nuestra parroquia. Su gira comenzó por el bloque 55 de Cristo Rey. Luego bajó a pie hasta el teatro de la zona. Su presencia aquí fue un verdadero acontecimiento”, contó la señora Gregoria.

En 2013, el Comandante Eterno es sembrado en el ahora Museo 4-F. “El 23 de Enero es guardián de Chávez y los ojos del mundo”, acotó la cronista popular.

Biografía mínima

Gregoria de Valles, quien tiene 71 años de edad, es cronista popular del 23 de Enero. Se graduó en la misión Robinson en julio de 2016 y siguió de largo en sus estudios al enrolarse en la Misión Ribas. Cuenta orgullosa que ya está en segundo año.

Ocupa parte de su tiempo a las actividades del Club de Abuelos Manantial de la Esperanza, que tiene 23 años de fundado. Además, escribe sobre historia y hace las tareas sin consultar los libros. “Todo sale de mi cabeza”.

Una mirada al pasado

El 23 de Enero fue decretada como parroquia por el Concejo Municipal de Libertador en 1967. La fundación de esta entidad caraqueña trajo consigo la Jefatura Civil, que se abrió en el sector El Mirador, contó Gregoria de Valles.

Surgió luego de la separación de la urbanización construida por el dictador Marcos Pérez Jiménez de la parroquia Sucre.

Está bajo el gobierno municipal de la Alcaldía de Caracas y la jurisdicción regional del Gobierno del Distrito Capital (GDC), los cuales han ejecutado en los últimos años un gran número de importantes obras, tales como la plaza 4-F, el Bulevar de la Dignidad, el Mirador de la Zona F, entre otras.

“En esta parroquia jugó el único Salón de la Fama del Beisbol de las Grandes Ligas venezolano, Luis Aparicio, quien echó una partidita en el estadio “Chato” Candela, que para cuando se realizó ese encuentro se llamaba Alfonso “Chico” Carrasquel, que fue otro legendario jugador de beisbol venezolano”, contó la cronista.

Otros personajes que hicieron historia y vivieron en el 23 de Enero fueron el policía de punto Apascacio Mata, quien por muchos años estuvo enseñando buenos modales a peatones y conductores en la esquina de Sociedad en Caracas, fue un ícono del casco central. Estaba destacado en la esquina de Sociedad, donde reprendió a diputados y senadores del otrora Congreso de la República por no respetar las señales de tránsito. Este funcionario modelo murió en mayo de 2015 en su residencia.

El Rincón del Taxista

El Rincón del Taxista es la emblemática entrada a la parroquia 23 de Enero, desde la avenida Sucre. En la década de los 60-70 ese sitio fue punto de encuentro de personas que se reunían para intercambiar ideas revolucionarias o, simplemente, para escapar del bullicio que armaban los vecinos en los bloques.

“Las personas se reunían en un pequeño local que contaba con pocas mesas. Allí, entre cervezas, empanadas de queso y carne mechada, los revolucionarios de la zona conversaban amigablemente fuera de los oídos de las autoridades policiales de entonces”, rememoró Gregoria de Valles.

A las tertulias también se sumaban los taxistas que llevaban hasta la zona a los ñángaras de la época. De cuando en cuando, los profesionales del volante apovechaban para hacer carreritas a los demás clientes que llegaban a comer al restaurancito ubicado en el lugar.

“De tanto ir a este sitio, los taxistas terminaron vendinedo sus carros y compraron el local, que luego se hizo más famoso por sus sabrosas empanadas y el suculento plato de espaguetis que servían”, contó la relatora popular.

El restaurante fue bautizado por su dueños, Miguel Rodríguez y Eduardo Pérez, como El Rincón del Taxista. Fueron tantos los choferes de por puestos que traían y llevaban personas al lugar a comer, que frente al local se fundó una línea. El local existe aún en el lugar, pero ahora es una cauchera.

Juan Lugo/Ciudad CCS

Fotos Luis Bobadilla


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