La política mundial se mueve en armas

Los Estados invierten importantes cantidades de recursos públicos en el complejo militar-industrial

De inmediato recuerdo a Ernest Hemingway con su libro Adiós a las armas como una metáfora antibelicista, con cuarenta y siete finales para terminar en cada uno hablando de muerte. ¿Se le puede poner fin a la guerra cuando medio mundo está armado hasta los dientes?

Vivimos quizá bajo los ecos incesantes de la Guerra Mundial (la Primera y la Segunda), la Guerra Fría, y vivimos con el temor de una tercera. La ironía está en que quienes hoy pretenden una solución pacífica para Venezuela están de lleno en el negocio de la compra o importación de armas en el mundo.

Pues el negocio de las armas representa uno de los más grandes mercados de la economía mundial y dice mucho hacia donde vamos.

En esta dinámica, el gigante norteamericano es el primero al frente de la industria armamentística, con Alemania con 5,6% como el primer receptor neto de armas. Le sigue Francia con 6% .

El Instituto Internacional de Investigación de la Paz de Estocolmo (Sipri) ha publicado recientemente que las principales ventas internacionales de armas han aumentado en 10% en los últimos cuatro años, en comparación con el anterior periodo comprendido entre 2008 y 2012.

Israel y sus adquisiciones para asedio constante a Palestina.

España, quien vive pendiente de la democracia venezolana, ocupa un lugar dentro de los 10 países que más armas exportan, representando el 3,5%. Según el Sipri, España se ha convertido, en el período 2012-2016, en el tercer proveedor de armas de Arabia Saudita, un país involucrado en conflictos regionales como el de Yemen, que la ONU calificó de “desastre humanitario”, violando su propia legislación y el derecho internacional.

Le sigue Italia país que representa el 2,5% del total de las exportaciones de armas y sus ventas aumentaron 13%, aportando al crecimiento anual.

Uno de los supuestos bajo el cual las transferencias de armas estarían prohibidas es si “en el momento de autorizar la exportación, se tiene conocimiento de que podrían utilizarse para cometer ataques dirigidos contra bienes de carácter civil o personas civiles protegidas como tales”, aclaran los expertos en amnistía.

En 2017, Venezuela depositó en Naciones Unidas el instrumento de ratificación del tratado sobre la prohibición de armas nucleares, después de México, Cuba y Guyana en el hemisferio americano, sumándose a Palestina, Tailandia y al Vaticano. Pero Europa vuelve al ojo del huracán cuando España no firmara tan siquiera el tratado sobre prohibición de armas nucleares adoptado en el 2017, “por solidaridad con sus socios de la OTAN”.

Los intereses políticos se pasean campantes en el lobby industrial militar.

FRANCIS COVA  / CIUDAD CCS

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