La primera puerta de Caracas se abrió en La Pastora

Al norte de Caracas y custodiada por la montaña nació la parroquia de La Pastora, con sus calles llenas de anécdotas que recrean...

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Si hay una parroquia que hace referencia a los Techos Rojos, esa es La Pastora. Sus casas de grandes ventanales y puertas de madera, sobre las cuales reposa un nicho de santos, esconden la arquitectura de los primeros pasos de la república e incluso mucho tiempo antes.

Tras la entrada, un zaguán angosto marca el recorrido, que en la mayoría de los casos está sobre un piso de mosaicos en los que la vista halla diversas formas. Al pasar del pasillo, una sala principal da la bienvenida, un gran tragaluz en el techo ilumina y da frescura, y hay quienes debajo de él optan por instalar un modesto jardín. Los cuartos se ubican a un lado de la vista, anclados uno detrás del otro y conectados por puertas internas, hay casas que tienen hasta 10 habitaciones. Detrás de la sala, está el comedor, la cocina y los baños, y finalmente un corral o patio. Son muy grandes estas casas, y es que fueron hechas en días donde las familias eran muy numerosas. Por fuera, sus fachadas a dos colores dan la impresión de que el tiempo ha pasado lentamente por allí.

Fue en una de esas casas donde tres cronistas pastoreños, Benvinda Correia, Robert Rodríguez y Víctor Zambrano, relataron la historia de la parroquia, de sus calles, sus casas y sus habitantes. Desde su experiencia y las vivencias que le han dejado esta calurosa parroquia.

TAN ANTIGUA COMO CARACAS

La historia de La Pastora comienza a narrarse antes de que fuera llamada así. Los primeros asentamientos son tan viejos como Caracas, y es que para establecerse en la ciudad, los colonizadores tuvieron la necesidad de marcar una ruta que los conectara con el puerto de La Guaira. Fue así como en 1603, crearon el Camino de los Españoles, un sendero que se iniciaba en Maiquetía, marcando el paso por el Ávila y culminando en La Pastora, en una entrada que llamaron Puerta de Caracas.

GÉNESIS DE LA PASTORA

Victor Zambrano, pastoreño de nacimiento, se ha dedicado a rescatar parte de la memoria histórica del lugar y explicó que la única parroquia que existía en Caracas era Catedral. Altagracia fue nombrada parroquia en 1750, y de ella se segrega en 1889 La Pastora, tras culminar la construcción de la iglesia de La Pastora, requisito para que un sector fuera parroquia.

Previamente el territorio se fue poblando, marcando acontecimientos que hoy sirven para relatar una historia a través de monumentos, como el puente Carlos III, construido en 1781, es uno de los primeros puentes de piedra de Caracas, comienza en la esquina de Dos Pilitas, que fue llamada así porque allí vivían dos hermanas que compartían el mismo esposo, y al ser un lugar de parada para los que venían del puerto, muchos hombres se acercaban a la casa a pedir agua, situación que no era muy agradable para el celoso marido, por lo cual decidió instalar en las afueras de la casa dos piletas o pilitas de agua, para que en ellas saciasen su sed los hombres y bestias que pasaban.

A pocos metros de esa esquina está la Unidad Sanitaria del Norte, en una casa tan larga que tiene más de 10 ventanas horizontalmente, muchos aseguran perteneció a José Tomás Boves, sin embargo Víctor aclaró que perteneció a Chepito González, lugarteniente de Boves, por eso existe la confusión.

Casualmente al lado de la Sanidad, Agustín Aveledo fundó en 1878 el Asilo de Huérfanos de Caracas, primer orfanato de Venezuela.

La parroquia también tiene un bulevar, que se llamaba calle Las matas, cinco cuadras llenas de verdor y frescura. En los días de Gómez, en Brasil inauguraron la calle Venezuela, y en respuesta diplomática el Benemérito decidió cambiarle el nombre a Las matas por Brasil; en la década de los 70, tras la remodelación del espacio, paso a ser Bulevar Brasil.

UN PRÓCER, UN SANTO Y UN ARTISTA

Los pastoreños reconocen muy bien al prócer José Félix Ribas, quien guarda un pasaje con estas calles, luego de su fusilamiento, su cabeza se exhibió en Puerta de Caracas con el fin de debilitar a la causa patriota. Allí estuvo expuesta hasta la derrota de los españoles. Actualmente en el lugar existe un monumento en honor a su memoria. La plaza principal de la parroquia también lleva su nombre. Allí por las tardes se reúnen niños y adultos a pasar el rato, unos leen, otros conversan y otros juegan. Todos los pastoreños, desde pequeños aprenden a querer y admirar a Ribas, y aunque no nació en esas calles, se puede decir que es un buen vecino para visitar.

Un siglo después, estas calles despedían a José Gregorio Hernández. El domingo 29 de julio de 1919 el galeno se dirigía a visitar a una de sus pacientes, no sin antes pasar por la botica Amadores, ubicada en La Pastora. Al salir, su rumbo fue interrumpido por el golpe de un Essex modelo 1918, ahora vive en nuestros hogares a través de una estampita con su velita. Aunque no ha sido declarado santo por la Iglesia católica, el llamado Médico de los pobres nos sigue curando.

Con pincel también se ha escrito la historia de esta parroquia, donde vivió en algún momento de su carrera el insigne pintor Arturo Michelena, en una casa de la esquina de Urapal, recinto que fue donado al Estado por su esposa y que abrió sus puertas como museo en 1963.

Gracias al museo Robert Rodríguez llegó a la parroquia, y aunque la relación ha sido laboral, ha desarrollado un cariño especial por sus calles, donde se ha dado a la tarea de mantener vivas las tradiciones y no dejar que olvidemos que la parroquia también ha sido cuna de grandes personajes, entre ellos el boxeador Morochito Hernández, el médico Jacinto Convit y el artista Carlos Cruz-Diez.

Robert resalta que la parroquia tiene varias fechas importantes, el 28 de octubre se celebra el Día de San Judas Tadeo y allí esta su iglesia y el 6 de enero la Misa del Deporte, ambos días personas de todas partes visitan la parroquia, para unirse a la celebración.

MÁS QUE CASAS COLONIALES

Caracas ha crecido a paso acelerado en el último siglo. Hablar de La Pastora es más que hablar de historia lejana, casas coloniales y grandes personajes. Por su ubicación no es un lugar muy transitado, pero sí habitado por personas que han aprendido a querer ese friito mañanero con que se despiertan y se acuestan, pero viviendo en un ambiente con calor de pueblo.

El sentir pastoreño está inmerso en sus pobladores, que se pavonean al hablar de calles tan bonitas como vivas, donde a puerta abierta se sientan sus vecinos a relacionarse, a enterarse de las novedades, saludar al que pasa y mantener vivas las buenas costumbres, así lo sintió Benvinda Correia, cuando hace más de 60 años llego desde Portugal de brazos de su esposo para hacer una nueva vida, el lugar lo sintió como suyo a primera vista, donde ahora todo el mundo la conoce.

Para ella una de las cosas más bonitas de La Pastora es la abundancia de espacios religiosos, entre conventos, capillas e iglesias, ha contado más de 60, además mantiene vivas tradiciones que acogió como suyas, la Paradura del Niño y la Cruz de Mayo se celebran sin falta cada año.

La educación también tiene su espacio aquí, entre instituciones privadas y públicas existen más de 70 recintos, entre ellos la Universidad Católica Santa Rosa, ubicada en el sector Sabana de Blanco.

También está el barrio, no lo podemos olvidar, oculto entre casas coloridas y escaleras, por donde transita un sinfín de personas que cada mañana bajan en montones al centro, algunos a trabajar, otros a estudiar y a veces las dos cosas; a emprender al país y sacar adelante a los suyos; gente que aunque vive en la moderna Caracas, tiene sus códigos internos. La bodega de ventana que surte ante alguna emergencia e incluso a cualquier hora, los niños juegan pelota en las calles llenándolas de risas, la tacita de azúcar que se le pide al vecino para el colado de la tarde, mientras llega la visita no anunciada, porque en La Pastora, son como una gran familia, no hay nada que anunciar.

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Víctor, Benvinda y Robert

Tras los relatos de tres cronistas se dibuja la historia de La Pastora. Desde pequeño Víctor se paseó por sus esquinas conociendo su historia, que hoy mantiene viva gracias a su incansable trabajo; Benvinda llegó desde Portugal, creyendo que solo estaría de paseo, pero ya lleva más de 60 años aquí, junto a su esposo crió a su familia e hizo suyas estas calles que al verlas por primera vez las comparó con los techos rojos de su natal Madeira; y Robert, que a pesar que vive en La Candelaria, se enamoró de los aires pastoreños desde el primer día que empezó a trabajar en el Museo Arturo Michelena, conoce la parroquia como si hubiera nacido allí.
Pasear junto a ellos fue un deleite enriquecedor, sus saberes se asoman cada tantos metros, entre saludos y cuentos que justifican la identidad que sienten por el lugar.

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La casa de Robert

Tras un proceso de restauración de Puerta de Caracas, el presidente Maduro inauguró en febrero del 2015, en pleno corazón de La Pastora, la Casa de la Juventud y Memoria de Robert Serra, en honor al mártir de la revolución y vecino de la parroquia. El espacio funciona como un centro cultural donde se realizan actividades para toda la comunidad, además cuenta con una librería, una sala de exposiciones y un anfiteatro. Allí se ha presentado el Festival de Teatro de Caracas y el Festival Mundial de Poesía.

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Una mirada al pasado

Llegó Pacheco es una de las frases más famosas de Caracas, y hace referencia a la llegada del mes de diciembre, que se siente con frío y neblina en el norte del valle caraqueño.
El origen de esta popular frase que aún seguimos escuchando toma vida a través de un floricultor galipanero, que todos los diciembre bajaba a Caracas por el Camino de los Españoles. Ya entrando por Puerta de Caracas se oía, de quien lo venía venir “llegó Pacheco”, con él venía su mula y un cargamento de bellas flores, que vendía primero en la iglesia de La Pastora. Luego se disponía a seguir su ruta hasta el Mercado de las Flores en San José y la Plaza Bolívar.
Antonio Pacheco realizaba este recorrido por lo menos tres veces a la semana, pero más allá del fin comercial, la verdadera razón que hacía bajar a este hombre de la montaña, era la baja temperatura que arropaba Waraira en los meses de noviembre, diciembre y enero.
Aunque en Caracas también se sentía el frío, no era tan fuerte como en la montaña, por eso bajaba Pacheco, huyendo, pero detrás de él venía el frío.
Pacheco representaba en ese entonces a la naturaleza, su fuerza y belleza, que lo obligaba a abandonar su refugio para llenar la ciudad de aquel amoroso mensaje de las flores de Galipán; la excusa para enamorar con pétalos y para recibir al forastero que todos conocen. Fue y sigue siendo el representante de una tradición que aún perdura en nuestra Caracas. Se fue Pacheco, pero nos dejó el frío.

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Lídice, un sitio con nombre libertario

En las faldas del Waraira Repano se encuentra el sector Lídice, parroquia La Pastora. Esta urbanización, conformada por casas construidas sobre la zona montañosa debe su nombre a un homenaje hecho a la pequeña aldea checoslovaca homónima que fue arrasada por los nazis entre la madrugada del 9 y el 10 de junio de 1942, relató Víctor González, cronista del sector.
La venganza de Adolf Hitler por el asesinato del jerarca alemán Reinhard Heydrich originó la masacre que acabó con la vida de 340 personas entre hombres, mujeres y niños. “El mundo comenzó a darse cuenta de que Lídice no debía ser olvidada y es por eso que empezó a usarse el nombre en honor a aquellos pobladores que habían sido exterminados”, destacó el historiador local.
El espacio fue construido bajo el gobierno de Isaías Medina Angarita. En sus inicios se llamó Villa Amelia, sin embargo fue fundada el 28 de junio de 1943 finalmente bajo el nombre de Lídice.
La urbanización actualmente cuenta con las escuelas Perú de Lacroix, Enrique Chaumer y San Francisco Javier. También posee un Centro de Diagnóstico Integral de la Misión Barrio Adentro.
Entre los personajes resaltantes que han sido habitantes de la comunidad pastoreña se encuentra Aquiles Bellorín, dirigente de izquierda, quien fue asesinado al frente de su casa en 1962, víctima de la política represiva de Rómulo Betancourt.

ALBERT CAÑAS
FOTOS LUIS BOBADILLA Y JESÚS VARGAS


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