La revolución en escena: Manifiesto de los niños y niñas

Delisse Lugo

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Nosotros y nosotras, los niños y niñas de Venezuela, que cuando hacemos alguna travesura nos regañan, que cuando nos portamos mal, “por nuestro bien” nos castigan. Nosotros que siempre estamos oyendo a la gente grande acerca de qué hacer y qué no hacer, unimos nuestras voces, con cariño y con firmeza, para decirles: A ustedes que se tapan la cara y usan máscaras (y a quienes los mandan):

– Que estamos hartos de que anden molestando a todos: a las maestras, a las mamás, a los papás, a las abuelas, a los abuelos, los tíos y las tías y, de paso, también a nosotros.

– Que ya estamos cansados de perder clases por su culpa. Queremos ir a nuestra escuela y aprender a ser mejores personas, para no repetir las cosas horribles que ustedes hacen.

– Que estamos fastidiados de quedarnos encerrados en la casa, sin poder salir a jugar, a bailar o a hacer deportes. No nos tranquen ni dañen nuestras calles (Sí, también son nuestras).

– Que no queremos que quemen árboles, animales, y, mucho menos, que lastimen a otras personas.

– Que nos negamos a ser usados para hacer cosas peligrosas, y a que nos lleven donde haya riesgo.

– Que no permitiremos que nos traten como animales de circo, poniéndonos a gritar consignas de muerte a cambio de caramelos o galletas.

-Que no aceptaremos que nos usen en fotos o videos para promover el odio y la venganza.

– Que nos negamos a vivir nerviosos, temerosos y preocupados, porque nuestra mamá o papá aún no ha podido llegar a casa.

-Que les prohibimos- oigan bien- LES PROHIBIMOS, que se acerquen a nuestros preescolares, guarderías, escuelas, liceos y hospitales para asustarnos, acosarnos o para destruir lo que es nuestro.

– Que ustedes no son nuestros héroes, ni lo serán. Nuestros héroes hacen cosas buenas y ayudan a la gente, no andan quemando, ni aterrorizando a todos. Nuestros héroes construyen, no destruyen.

– Solicitamos a quienes ponen las normas entre los grandes, que los manden a ustedes al rincón más oscuro y solitario por un tiempo bien largo. Que los dejen sin recreo y sin televisión, y que les manden a escribir un millón de veces: “Los niños y las niñas son sagrados”.

A todos los demás:
– Que resuelvan las cosas para garantizarnos nuestro tetero, nuestras tres comidas, nuestras medicinas, nuestra educación y nuestra felicidad.

– Que nos respeten, porque también somos ciudadanos y sujetos de derecho.

– Que somos y seremos siempre prioridad absoluta.
Sin excusas.


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