Libros CCS: Las casas más sencillas

El arquitecto Fruto Vivas invita a disolver limitaciones mediante métodos de construcción popular

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Para los lectores que Fruto Vivas ha conquistado en su condición de escritor, su más reciente publicación titulada Las casas más sencillas se imprime como una extensión del lineamiento ecológico que el arquitecto venezolano ha mantenido durante su destacada trayectoria.

El texto concentra un acopio de aprendizajes reunidos durante las largas expediciones del autor por pueblos indígenas, dueños de una cultura de autogestión, perdida por el fenómeno de la transculturización.

El modo de vida aborigen lo inspiró a escribir sobre la construcción de viviendas a partir de materiales que pueda proveer la naturaleza como el barro, la madera y el bambú, presentados como una alternativa rentable que ofrece calidad y respeto por el medio ambiente.

“La sabiduría que los pueblos incorporan a sus construcciones no debe ser despreciada, al contrario, debe ser valorada y tomada en cuenta para proyectarse hacia el porvenir”, escribió Vivas en su texto, quien invita a la población a disolver sus limitaciones mediante la fabricación de viviendas bioclimáticas, con ventajas, materiales y métodos de construcción precisa a través de una serie de técnicas bautizadas por el autor como Teoría de la necesidad.

Las casas más sencillas, desmiente, además, la visión del hombre como único ser constructor, exponiendo a una serie de animales que, desde su aparición en el mundo, han elaborado sus respectivos habitáculos, elogiando la precisión con que algunos insectos edifican el tamaño, peso y formación geométrica de su hogar.

El también Premio Nacional de Arquitectura demuestra en este libro, a través de un reconteo histórico, cómo ha evolucionado la vivienda del hombre en cuanto a su composición y forma, partiendo de las cavernas primitivas hasta la eficacia estructural.

“De las culturas indígenas, ya sean de América o de cualquier parte del mundo, se reciben estupendas lecciones en el manejo del bioclima, en la adecuación al medio y en la lógica estructural de las edificaciones”, expresó Vivas en su manuscrito.

La bioarquitectura, el sistema de construcción de madera y las tecnologías populares son otros tópicos abordados en el material formativo.

En este contexto, la divulgación de su quinto libro es concebido como un homenaje al programa televisivo Las cosas más sencillas conducido por el gran Aquiles Nazoa, espacio donde el poeta disertaba sobre la historia, reflexión y propiedad de cualquier objeto que bajo su curiosa inventiva se convertía en el centro de una creativa evaluación.

“Aquiles fue un maestro del saber popular, que nos mostró con sencillez la raíz de las cosas. Hoy me toca a mí pedirle permiso para continuar su discurso dedicado a uno de los problemas vitales del ser humano: cómo hacer una casa de la forma más sencilla”, explicó Fruto Vivas en el texto prologado por su homólogo Alonso Ramírez Ponce.

Este libro regresa hoy a las manos de los lectores y se inserta en las nuevas generaciones con una reedición de Fundarte junto a El Perro y la Rana.

Novedades Fundarte

Adagia, de Wallace Stevens

Leer las páginas de Adagia es como hurgar en el diario íntimo del consagrado escritor americano Wallace Stevens, referencia de la modernidad poética en el ámbito literario.

Se calcula que desde los años 30, Stevens recopilaba una serie de proverbios, frases y pensamientos en viejos cuadernos de su propiedad, que hoy se imprimen en las 112 páginas de esta publicación.

La obra muestra los aforismos en su idioma original, acompañados de su respectiva traducción, dándole la posibilidad a los lectores de que conozcan el breviario filosófico desde su letra de origen.

“La vida es un asunto de personas y no de lugares. Pero, para mí, la vida es un asunto de lugares, y este es el problema”, reza Stevens en su libro, cuyo nombre alude al latín adagium: sentencia breve y memorable, publicado en el año 1957 y sumándose en esta oportunidad a la biblioteca literaria de Fundarte.

Definido por los críticos como un poeta tardío, el autor suma esta recopilación vanguardista a su lista de éxitos, entre los que se cuentan Harmoniun (1923), Ideas de orden (1935), Poemas completos (1954), entre otros.

De esta manera, Wallace Stevens se inmortalizó como célebre literato, pese a iniciar su carrera como escritor a la edad de 50 años, consiguiendo ser aclamado por el Instituto de Artes y Letras de EEUU.

Abreboca

Ensayo sobre la ceguera

La ocurrencia había brotado de la cabeza del ministro mismo.

Era, por cualquier lado que se la examinara, una idea feliz, incluso perfecta, tanto en lo referente a los aspectos meramente sanitarios del caso, como a sus implicaciones sociales y a sus derivaciones políticas.

Mientras no se aclarasen las causas, o, para emplear un lenguaje adecuado, la etiología del mal blanco, como gracias a la inspiración de un asesor imaginativo la malsonante palabra ceguera sería designada, mientras no se encontrara para aquel mal tratamiento y cura, y quizá una vacuna que previniera la aparición de casos futuros, todas las personas que se quedaran ciegas, y también quienes con ellas hubieran tenido contacto físico o proximidad directa, serían recogidas y aisladas, para evitar así ulteriores contagios que, de verificarse, se multiplicarían.

(…)

En palabras al alcance de todo el mundo, se trataba de poner en cuarentena a todas aquellas personas, de acuerdo con la antigua práctica, heredada de los tiempos del cólera y de la fiebre amarilla, cuando los barcos contaminados, o simplemente sospechosos de infección, tenían que permanecer apartados cuarenta días, hasta ver.

(…)

Quería decir que tanto pueden ser cuarenta días como cuarenta semanas, o cuarenta meses, o cuarenta años, lo que es preciso es que nadie salga de allí.

(…)

Dicho esto, pedimos la atención de todos hacia las instrucciones siguientes: primero, las luces se mantendrán siempre encendidas y será inútil cualquier tentativa de manipular los interruptores, que, por otra parte, no funcionan; segundo, abandonar el edificio sin autorización supondrá la muerte inmediata de quien lo intente; tercero, en cada sala hay un teléfono que sólo podrá ser utilizado para solicitar del exterior la reposición de los productos de higiene y limpieza; cuarto, los internos lavarán manualmente sus ropas; quinto, se recomienda la elección de responsables de sala, se trata de una recomendación, no de una orden, los internos se organizarán como crean conveniente, a condición de que cumplan las reglas anteriores y las que seguidamente vamos a enunciar; sexto, tres veces al día se depositarán cajas con comida en la puerta de entrada, a la derecha y a la izquierda, destinadas, respectivamente, a los pacientes y a los posibles contagiados.

(…)

Duodécimo, en caso de muerte, cualquiera que sea la causa, los internos enterrarán sin formalidades el cadáver en el cercado; decimotercero, la comunicación entre el ala de los pacientes y el ala de los posibles contagiados se hará por el cuerpo central del edificio, el mismo por el que han entrado; decimocuarto, los contagiados que se queden ciegos se incorporarán inmediatamente al ala segunda, en la que están los invidentes; decimoquinto, esta comunicación será repetida todos los días, a esta misma hora, para conocimiento de los nuevos ingresados. El Gobierno y la nación esperan que todos cumplan con su deber. Buenas noches.

En el silencio que siguió a estas palabras se oyó la voz del niño: quiero ver a mi madre, pero las palabras fueron articuladas sin expresión, como un mecanismo repetidor automático que antes hubiera dejado en suspenso una frase, y ahora, fuera de tiempo, la soltase. El médico dijo: las órdenes que acabamos de oír no dejan dudas, estamos aislados, más aislados de lo que probablemente jamás lo estuvo alguien anteriormente, y sin esperanza de poder salir de aquí hasta que se descubra un remedio contra la enfermedad.

REDACCIÓN JOSÉ RAMIREZ 


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