A las puertas del infierno

Nelson Guzmán

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La humanidad debe volver los ojos hacia la rehabilitación de la cultura de lo local. El modelo de desarrollo que ha impuesto el capitalismo neoliberal nos ha colocado a todos al borde del abismo. El peligro de extinción de la humanidad cada día es más creciente. Los mares y océanos están irremediablemente contaminados. El planeta ha sido tomado por el asalto de la irracionalidad. El poder destructivo norteamericano ya finalizando la Segunda Guerra Mundial abrazó en llamas inútilmente a las ciudades japonesas de Nagasaki e Hiroshima, se hizo cuando ya no era necesario para vencer, era evidente que tenían ganada la guerra, era la simple perversión de mostrar el poder. Esa honda cesura estará siempre allí y es muestra de la demencia de un imperio de inspirados fanáticos religiosos y racistas a quienes nada les importa ni la tolerancia, ni la vida del otro.

Como lo ha dicho Edgar Morin el homo sapiens posee el saber científico y tecnológico para que el planeta sea aniquilado en unos segundos.

El desarrollo nos ha aportado sin duda grandes beneficios con la conquista del dinamismo y con la aceleración de un tiempo que parece vencer los obstáculos de la lentitud de las sociedades tradicionales, lo que antes tardaba días, meses y años, hoy se fragua en sólo instantes.

Nosotros vivimos en un mundo que ha profundizado las comunicaciones y que ha visto llegar grandes masacres. La modernidad igualmente ha hecho posible lo impensable. Tanto las fuerzas de destrucción y construcción las poseemos, en la actualidad somos dioses y demonios. La vida, es necesario decirlo, debe ser el compendio de la ultra modernidad con su portentoso acervo científico, y de las culturas tradicionales con su sapiencia y equilibrio ecológico milenario.

Debemos responsablemente defender el futuro y la pervivencia del planeta. La única vía es la del socialismo y la de la tolerancia. Los modelos de las culturas tradicionales nos aportan la preservación y el cuido de la tierra. El socialismo es inclusión y necesidad de parroquializar los saberes. Lo importante es que la vida humana debe ser preservada dignamente.

La modernidad y su ingeniería han explorado territorios hasta ahora desconocidos. El sistema genético cada vez más nos muestra las claves de funcionamiento de la vida. Poesía y Thanatos convergen en la cotidianidad. El experimentalismo ha hecho posible el sueño de la clonación. Los fundamentalismos religiosos tiemblan con estos pasos agigantados, no significa que estemos en el principio del fin de las creencias, o de los sistemas dogmáticos, al contrario, las creencias se han fortalecido. No ha muerto la metafísica, se sigue matando en su nombre. Morin ha dicho que las culturas antiguas siguen batallando contra el occidentalismo y su afán expansionista.

La cultura del odio ha asaltado al espíritu humano. Los grandes imperios se consideran con el derecho de arrodillar a los países pequeños, pero son incapaces de controlar la disfuncionalidad del asedio que sus psicópatas, de sus tarados mentales. Sus disfuncionales provocan a cada rato tragedias, asesinatos en masas todos ocasionados por los fanatismos, o por sus alucinaciones de hombres heridos en sus emociones. Los estupefacientes, o simplemente el simple disfrute del placer del mal provocan el caos y los llevan a desencadenar el mal. El temor de hombres como Donald Trump es saber, que a pesar del mito del progreso y del alcance de sus cohetes sabe que al interior de la tierra bullen unas fuerzas creadoras e indetenibles que nunca se ha entregado, ni lo harán jamás.

A pesar del exterminio, del odio del sionismo, el pueblo palestino sigue allí defendiendo su derecho a vivir en paz y su calvario demuestra que han sido ajusticiados en vano. El totalitarismo unilateralmente ha establecido como capital a Israel. Jerusalén es un estado en disputa entre palestinos e israelís. Esa fuerza del mal fue creada por el judaísmo expansionista como brazo armado norteamericano. Lo digo de una vez, es un error ser antijudío y asumir desprecio ante su credo, esto no es más que intolerancia, en Venezuela esta comunidad desde su llegada se ha integrado a nuestro mundo cultural, pero lo que sí es inaceptable es el sionismo del gobierno de Israel y su genocidio en Franja de Gaza.


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