Letra Bolivariana | El hombre invisible

José Gregorio Linares

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José Gregorio Linares

Recomiendo la lectura de la novela El hombre invisible, del escritor británico H. G. Wells. Fue publicada por primera vez en 1897 y de inmediato se convirtió en un éxito literario. La obra trata acerca de la vida de H. Griffin, un científico sin probidad que realiza experimentos con los que logra hacerse invisible. Al comienzo todo fue inocuo: “Me entraron ganas de bromear, de asustar a la gente, de darle una palmada en la espalda a algún tipo, de tirarle el sombrero a alguien, de aprovecharme de mi extraordinaria ventaja”, se dijo. Pero luego pensó en obtener provecho pecuniario, en sacarle partido a esa condición: roba todo lo que está a su alcance, amparado en el hecho de que no puede ser visto. Planea hacerse rico y no ser castigado por sus delitos. Como ninguna persona puede verlo, nadie puede denunciarlo y mucho menos llevarlo a la cárcel.

Conseguirá, así, disfrutar impunemente de la riqueza que acumula con sus robos y fechorías.

Sin embargo, no todo sale como estaba planeado. La codicia rompe el saco. Llega el momento en que roba todo lo que está a su alcance y a toda la gente que hay a su alrededor; al punto que termina apropiándose también de los bienes de los más pobres, asunto que lo tiene sin cuidado. Se sabe invisible y se siente invencible. Este fue su punto débil, creer que su poder era ilimitado, que podría seguir robando indefinidamente y que nunca sería atrapado. Entonces se descuida, deja rastros perceptibles de la riqueza mal habida y evidencias notorias de la autoría de sus delitos. Todo apunta hacia él, aun cuando es invisible. Cuando trata de escapar es perseguido por sus víctimas, que logran dar con él a pesar de no verlo; “un trabajador lanza una pala golpeando al hombre invisible derribándole al suelo, donde los demás peones le golpean violentamente. El hombre invisible muere por estas heridas volviéndose visible su cuerpo desnudo y maltratado”.

En Venezuela, al parecer, ha habido unos cuantos hombres invisibles. Durante un periodo disfrutan del don de la invisibilidad y ejercen impunemente sus delitos. Nadie los ve, nadie los acusa, nada los delata. Lo más llamativo es que a su alrededor todo se hace también invisible aunque esté a la vista: facturas con sobreprecio, maletines con dinero en efectivo, galpones de productos acaparados, containers de mercancía prohibida, gandolas destinadas al contrabando, autopistas donde circulan delincuentes buscados por la justicia, etc.

No obstante, con el paso del tiempo estos hombres invisibles comienzan a hacerse visibles. Su corporeidad la van adquiriendo a través de las cosas que compran con el dinero substraído: grandes propiedades, selectos clubes, costosos vehículos, rentables empresas, vistosas prendas, atractivas parejas. Sus nuevos hábitos, marcados por la opulencia en un país donde no ha sido erradicada la pobreza, los expone a la mirada de los otros. Fastuosas fiestas, frecuentes viajes al exterior, prolongados asuetos, exclusivas prebendas, contactos importantes los delatan. Cuando finalmente se visibilizan ante el resto de la gente, descubrimos que no solo ellos eran invisibles, sino que un poderoso sector de la sociedad era ciego. Y según el refrán ¡no hay peor ciego que el que no quiere ver!


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