Letra Desatada | A quien le caiga la chupa

Mercedes Chacín

A estas alturas, 16 de mayo de 2018, unos días antes del 20M, quiero comentar, en primera persona del singular, y me dispensan, algunas cosas. La primera es que votaré por Nicolás Maduro. Las razones se resumen en una: la Patria. La Patria no es una palabra hueca, es una forma de ver el mundo. “Quien no quiere a su Patria no quiere a su madre”, canta un puertorriqueño que sabe lo que significa que a su país lo pise una bota extranjera. “Puerto Rico, ala que cayó al mar, que no pudo volar, yo te invito a mi pueblo y buscamos juntos el mismo cielo”, dice una canción de Pablo Milanés, que, además, expresa para referirse a la patria de Maelo: “Cuando se alzó mi bandera, la tuya lo haría igual y fue esa vez la primera, que juntos quisimos volar. Más tarde, una voz amada gritó con mucha razón: Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”. Miren, vean, cómo se vive en esas islas y después hablamos.

Huelga aquí enumerar los problemas que nos aquejan. Son múltiples. Muchos personifican en Nicolás Maduro la culpa de todo. Y sí, es responsable de todo lo que nos pase porque es nuestro Presidente. De acuerdo. Están en su derecho. Ejerzo el mío: en esta guerra, el presidente Maduro nos ha protegido de los ataques a nuestro poder adquisitivo, que han distorsionado el valor de nuestra moneda al punto de convertirla en una mercancía, para, además de tratar de asfixiarnos, desmoralizarnos.

En esta guerra hay mucha gente delinquiendo: funcionarios militares y civiles, empresarios, y gente que llaman “de a pie”. Todos andamos embarrados de bachaquerismo, en mala hora. Pero no todos tenemos claro de qué se trata esto. Es una lucha por nuestro cielo y por nuestro suelo. Es una lucha por la Patria y, a aquellos que repiten a cada rato que Maduro lo que quiere es “aferrarse” al poder, les preguntamos: ¿y por qué no? Con Maduro tenemos la certeza de que nuestro cielo y nuestro suelo seguirán siendo nuestros. Me aferro, pues. Resistiré lo que haya que resistir para defender mi dignidad, que es la misma dignidad de la Patria, en contra de quienes, “en vez de darle caricias lo que hacen es manosearla”. Yo me juego todo. Rosalinda, la llaman. Sigamos.


Únase a la conversación