Letra Directa ǀ La movilización para espantar a los fantasmas

Santiago Díaz

Cuando a la oposición se le dirigía desde un canal de televisión, había un programa desde donde se bajaban casi todas las líneas y luego se analizaban los resultados. Todo eso en vivo, sin pudor. Uno podía ver a aquellos brillantes personajes decidiendo y diciendo cómo se iban a hacer las cosas. Una vez, cuando los planetas se alinearon, pude contemplar un espectáculo particularmente repugnante: el señor Ravell señalaba con nombre y apellido a varios políticos y les decía que ya no iban a aparecer en su canal porque habían reconocido los resultados del revocatorio de 2004. Se pueden decir muchas cosas sobre Ravell, pero debo aceptar que aquella promesa la cumplió hasta que se fue de ese canal. Anoten ahí: la maldad es consecuente.

Entre el desfile de mentes brillantes, todas arropadas hoy por el mismo olvido, había un señor que se dedicaba a calcular la asistencia de las marchas de la oposición. Aquello era francamente hermoso. Si por cada metro cuadrado caben tantas personas y la autopista Francisco Fajardo tiene tantos kilómetros cuadrados, entonces tres por cuatro 12, llevo dos, cero mata cero y listo, a la marcha fueron tres millones de personas. No sé si él creía en esas cuentas locas que sacaba, pero sí sé que él cumplía un papel, porque luego entendí que el objetivo principal de una movilización de masas es demostrarle al adversario que tienes fuerza y, si es posible, hacer que se asuste.

Hoy a la oposición no la dirigen desde un canal de televisión. Las órdenes llegan directamente desde el norte, porque los intermediarios salen muy caros. Pero sigue vigente el hecho de que las movilizaciones de masas sirven para intimidar al adversario. O, para usar una palabra más apropiada para estas circunstancias, digamos que sirven para disuadirlo. El 1ero de septiembre de 2016, por ejemplo, parte de la oposición buscó una nueva masacre como la del 11 de abril de 2002. La desgracia se evitó gracias a la movilización del chavismo, que sirvió como un muro en el centro de Caracas, y con las conversaciones que se tuvieron unas horas antes con varios dirigentes de la oposición.

Pero ya ni siquiera hay un Chúo Torrealba con quien se pueda compartir una llamada telefónica para razonar entre adversarios. De hecho, no hay nadie con quien se pueda hablar. La oposición ahora son un montón de consignas y amenazas que flotan en medios y redes sociales. El enemigo externo da la cara, pero el interno es casi espectral. Eso da cancha para que se avance en la toma de espacios, pero evita que la dinámica política fluya como debe y enrarece el ambiente. Por eso la movilización popular de hoy 10 de enero tiene una importancia estratégica que se pierde de vista.

@letradirectasd


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