Letra Directa | Bolshocknaro

Santiago Díaz

La victoria de Bolsonaro ha hecho que la izquierda del continente entre en un proceso de autoflagelación y repartición de culpas que, aunque es normal, porque es parte del proceso de luto que debe darse después de una derrota tan aplastante, puede terminar paralizándola. Si bien muchas de las críticas que se oyen por ahí son ciertas y tal vez hasta se quedan cortas, en algún momento deben cortar con el luto y pasar a la contraofensiva o, como mínimo, a la resistencia. En lo personal, ya me aburrí de repartir culpas y, en lugar de eso, el fenómeno empieza a parecerme fascinante a pesar de lo terrible y monstruoso que es. En vez de buscar culpables, creo que debemos empezar a entender cómo y por qué pasó lo que pasó para poder vacunarnos y estar preparados en caso de que se repita.

Todo empezó con unas guarimbitas incipientes. Luego el poder judicial, bajo el manto de la independencia de poderes, se encaramó en una torre y empezó a disparar a todos los bandos. Esto degeneró en un sentimiento de antipolítica que cundió entre muchos votantes. Preparar el terreno para que gane cualquiera con un discurso antipolítico de “Todos son corruptos menos yo” es fácil. Aquí entre los medios, el poder judicial y la fiscalía de aquel entonces, con la complicidad de su propio partido, sacrificaron a Carlos Andrés Pérez para salvarse ellos cuando pillaron que el modelo ya no daba gobernabilidad. No contaban con que Chávez les iba a robar el impulso y, en vez de enterrar a la política, iba a terminar dándole un empujón que lleva 20 años y parece rendir para 20 más.

Lo que resulta realmente extraño es que en pleno siglo XXI gane un candidato con un discurso de odio hacia todo lo que no sea blanco, cristiano, burgués y heterosexual. Sin embargo, hay antecedentes. No solo Trump ganó con una versión un poco menos descarada de ese discurso, sino que ya aquí Capriles una vez nos dio una probada de esa nueva estrategia de shock cuando lanzó aquella frase horrorosa de “Nadie se los va a devolver”. En el momento, pareció una locura, pero ahora empiezo a creer que esa frase pudo haber ayudado a acortar la diferencia de votos entre octubre de 2012 y abril de 2013.

Para entender bien todo esto tocará taparse la nariz y leer muchas entrevistas con personajes como Steve Bannon, pero es evidente que, a grandes rasgos, el plan es lanzar golpes inesperados, frases e ideas espantosas que hagan que millones de personas que nunca votarían por un candidato se atrincheren cada día más en la rabia que le tienen, con la esperanza de arañar miles de votos de gente que no quiere nada con los políticos de siempre. Las estrategias de alto riesgo como esta casi nunca se dan en política pero, como vimos, cuando funcionan, son letales.

@letradirectasd


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