Letra Directa | Nuestro candidato

Santiago Díaz

Hubo un señor que acumuló mucho poder al frente del motor económico más importante del país. También, según se supo recientemente gracias al trabajo del Ministerio Público, se llevó mucha plata. Parece que para algunos no es suficiente un retiro dorado, así que el Lord aquel decidió empezar a escribir artículos para atacar a Maduro. Los ataques, la verdad, no me dieron frío ni calor. Y si las críticas hubieran tenido una intención más sana, me habrían parecido perfectamente válidas. Lo realmente notable era que el tipo dedicaba muchas más líneas de sus artículos a sobarse el ego que a los ataques que supuestamente estaba tratando de hilar contra el presidente.

Algo que he aprendido en medio de la pelea que nos ha tocado aguantar, particularmente desde 2013, es que hay gente que, sobre todo en tiempos de crisis, siente una inexplicable debilidad por los personajes que se soban el ego en sus artículos, o en sus programas de TV, radio o Internet. Esa gente ve a alguien en plan de “Porque cuando yo estudié en tal parte, hice el doctorado en aquel otro lado y luego hice esto y Chávez me regaló un lápiz por haber hecho esto otro…” y de inmediato les creen y compran todo. También he aprendido que, afortunadamente, a mí me pasa exactamente lo contrario: cada vez que alguien empieza a hacer eso, yo le huyo hasta por instinto.

También por instinto admiro a las personas que, en vez de querer acumular poder para alimentar su ego y aplastar a otros, preferirían la tranquilidad del anonimato, pero entienden que la vida los puso en un lugar para que hicieran lo que el momento histórico exigía. Así le pasó a Chávez y, en mi opinión, también le pasó a Maduro. Ambos tuvieron que enfrentar retos que otros presidentes, incluso algunos que se hacían llamar aliados, no terminaron de entender hasta el final, cuando les tocó a ellos y no pudieron resistir ni una fracción de lo que tuvieron aguantar Chávez y Maduro.

La conspiración contra Maduro, en particular, jamás ha cesado. No ha habido un año en el cual no le haya tocado lidiar con situaciones que podían desencadenar en una guerra civil, y a todas las ha logrado desarmar con la misma paciencia, humildad, gentileza y astucia; cualidades que esos detractores ególatras y legadólogos definitivamente no tienen. Es más, todos deberíamos preguntarnos si en realidad las tenemos. En mi caso, a veces pienso que probablemente habría caído en la trampa adonde querían llevarlo a él.

Los retos, los errores y las deficiencias están ahí para que los abordemos con sentido crítico, pero tener al frente a un líder dispuesto a enfrentarlos con sencillez, aplomo y la ternura de quien jamás le ha tenido miedo a la idea de reírse de sí mismo es un lujo que no podemos dejar pasar.

Santiago Díaz

@letradirectasd


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