Letra Directa | Consigneros

Santiago Díaz

Si alguien me hubiera preguntado en 2013 quién era el mejor ministro, en fracciones de segundo le habría gritado, con gallos salidos de fan enamorado y todo, “¡Hebert García Plaza!”, así, sin permitirme a mí mismo un ratito para pensarlo. El tipo parecía andar activo y haciendo de todo, desde castigar a los especuladores hasta convertir el aeropuerto de Maiquetía en un portento de la eficiencia y la tecnología, además de conectar a Margarita y Caracas con un ferry. Y todo eso lo hacía con un porte y un carisma inigualables cada vez que se paraba frente a la cámara. Hoy sabemos que todo era una pose, que el ferry que compró —y sobrefacturó— no cabía en el muelle de donde iba a salir y que el tipo solo se dedicó a robar, tanto plata como cámara.

Aparte de ladrón, resultó legadólogo el desgraciado. “Maduro traicionó el legado de Chávez”, gritaba el infeliz mientras entregaba información a los gringos sobre la ubicación de nuestra artillería antiaérea. Ahora anda, como todos, en Twitter, diciendo que María Corina es la salvadora de Venezuela. Absolutamente nadie le hace caso ni se atreve a defenderlo. Así le pasó también a Rafael Isea y a otros impresentables que prefiero no nombrar por cortesía con quienes lean esto y conmigo mismo. Eso sí: después del segundo caso de ministro carismático pero corrupto, afortunadamente, aprendí la lección. Yo soy tapado, pero en algún momento termino aprendiendo, aunque sea por las malas.

Después de tropezar tanto, empecé a tratar de averiguar bien quién es quién antes de dejarme embobar por cualquiera con ángel para las cámaras de TV. Si bien mis “fuentes”, por llamarlas de alguna manera, no siempre pueden acertar, ciertamente han confirmado aquello que desde hace tiempo debía ser obvio: hay mucha gente carismática que parece tener en sus manos la verdad y la llave para alcanzar la utopía, pero en realidad están podridos por dentro, ya sea por cosas de corrupción o de ego; pero también hay muchos que tal vez frente a una cámara no logran juntar dos frases, pero son disciplinados, honestos, trabajadores y que, calladitos, porque no les queda otra, encuentran las soluciones a los problemas.

También están los burócratas rasos. Muchos son gente valiosa que, cuando les toca recibir un pase de VTV, informan lo que están haciendo sin mucho alboroto, mientras que otros recitan de memoria cuanta consigna recuerden en el momento, sin respirar, esperando que el presidente o el ministro quede impresionado y les dé un cargo mejor. Estos últimos son iguales de consigneros en sus redes sociales hasta que los dejan sin la chamba. Entonces se convierten en “autocríticos” y luego, si les sale bien el papeleo, en “exiliados” y “perseguidos políticos” que se toman fotos en Starbucks.

@letradirectasd


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