Letra Directa | El ocaso del descontentismo

Santiago Díaz

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Santiago Díaz
@letradirectasd

Es de esperarse que, en medio de una crisis tan difícil y después de los años que vivimos con Chávez, exista un sector de la población que se pueda calificar como chavismo descontento.

Cualquier encuestador o analista que tenga algo de olfato dirá que ese es el segmento clave que se debe conquistar para construir una nueva hegemonía electoral. Ya todos hemos podido observar los incomprensibles esfuerzos que ha hecho la oposición, desde trancas y asesinatos hasta la búsqueda de bloqueos económicos, para espantar a toda a esa gente y asegurarse de que lo que vimos en 2015 nunca vuelva a pasar. Pero ese no es el tema que quiero tratar hoy.

Durante estos años ha habido, ciertamente, grupos e individualidades que han intentado venderse como representantes de ese chavismo descontento. Lo verdaderamente fascinante de estas iniciativas es que todas han resultado tan chapuceras y fracasadas como la oposición tradicional. En algunos casos, saltan demasiado rápido. Se nota que están desesperados por arrimarse a aquello que alguna vez se hizo llamar Mesa de la Unidad Democrática. Allá, en vez de abrirles la puerta principal, los obligan a entrar por alguna ventana y terminan tratándolos como mascotas; y no me refiero a los animales que uno adopta para que sean parte de la familia, sino a las mascotas de las marcas de cereales y chucherías.

Nícmer Evans, por ejemplo, lleva años lanzando ramalazos, pero nadie le hace caso. El Nacional trató de presentarlo como la voz del “chavismo crítico”, pero no cuajó. Como saben que tiene problemitas de autoestima, de vez en cuando le dan una palmadita en la espalda para mantenerlo ahí. Además, el movimiento que el señor Evans trató de armar con un puñado de escribidores de cierta página web terminó hecho pedazos. En cuestión de meses repitieron todos los errores políticos que a aquella izquierda del 6% le tomó años cometer.

Hay otros que, aunque salten demasiado rápido o demasiado lento, se queman porque no tienen moral para opinar sobre nada. El general aquel, otrora ministro estrella, terminó hablando solo con sus cuatro bots de Twitter. Y, al ver el esfuerzo histórico que está haciendo Tarek frente al Ministerio Público y los desvaríos de la señora exfiscala, los tres o cuatro operadores 2.0 de Luisa Ortega –todos te vimos, Eva, y a ti también, Gabriela– terminaron tratando de echarle tierrita al asunto.

Hago este breve recuento porque, este domingo, una de las individualidades que se ajustan al perfil antes descrito pretende contarse en el municipio más grande de Venezuela. Eso es válido y es su derecho. Solo espero que, después de chocar con la realidad electoral, que es mucho más compleja de lo que él cree, no veamos berrinches ni gritos de fraude.


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