Letra Directa | El placer de no saber

Santiago Díaz

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Santiago Díaz
@letradirectasd

Confieso que, cuando Maduro anunció el lanzamiento del Carnet de la Patria, no entendí de qué se trataba. Unos meses antes, se hablaba de un Carnet de Misiones, una idea que tampoco entendí y la cual, podemos concluir después de haberle dado tiempo al tiempo, no terminó de arrancar. Eso sí, algo en el tono de voz de Nicolás me hizo pensar que el Carnet de la Patria no iba a quedarse en el camino como su predecesor. Pero, para ser completamente sincero, debo admitir que, aparte de la corazonada que sentí, por mucho tiempo estuve perdido y sin entender cómo iba a funcionar aquella iniciativa. Es más, aunque sabía qué era un código QR, no lograba imaginar cómo y para qué un código QR iba a funcionar con un carnet.
Algo parecido me pasó con los CLAP. La idea de repartir alimentos a través del Poder Popular era

algo que podía procesar, pero cómo aquello iba a agarrar algún cauce con el juego trancado que había entre las UBCh, los consejos comunales y otras instancias que, antes y después de la derrota de 2015, parecían no querer pasar por la misma puerta, era algo que me angustiaba. Y cómo de aquella situación tan compleja se pretendía, incluso, pasar a la producción de alimentos desde las bases, era algo que, la verdad, en ese entonces me sobrepasaba. Pero, a pesar de mis dudas, preferí quedarme callado y esperar a ver cómo se daban las cosas.

Ahora el panorama que se presenta para ambos planes es completamente distinto. El Carnet de la Patria y los CLAP son algo así como la canción de moda: usted puede gozar un mundo cada vez que suena, puede tener críticas sobre el segundo verso, incluso puede no gustarle en lo absoluto, y todo eso es perfectamente válido. Lo que definitivamente ya resulta imposible es negar que el Carnet de la Patria y los CLAP están sonando en todas partes, han tenido pegada y están cambiando desde nuestro vocabulario hasta nuestra forma de relacionarnos con el Estado. Ni siquiera los más rabiosos detractores del gobierno se atreven hoy a decir lo contrario.

Me toca entonces hacer otra confesión y es que, como ya me pasó con los CLAP y el Carnet de la Patria, yo sé muy poco sobre las criptomonedas. He tratado de buscar información, pero ni siquiera podría decirse que llego a novato. A diferencia de algunos intelectuales –de ambos bandos, por cierto– que, en vez de admitir que no manejan el tema, empiezan a lanzarle agua bendita a través de sus artículos para espantarlo y no tener que buscar información, considero que lo más sensato es esperar, darle su tiempo y ver cómo se va desarrollando. El placer de no saber está en que nos regala la oportunidad de aprender algo nuevo. Allá aquellos que necesitan sabérselas todas de antemano para sentirse bien consigo mismos.


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