Letra Fría | Octavita del amor

Humberto Márquez

Así como el carnaval tiene su octavita, el día de los enamorados tiene la suya también. Más de una pareja y de amigos utilizarán este fin para celebrar lo que no pudieron hacer un miércoles tan atravesado, unos por trabajo y otros porque ambos tenían tarjetas que no pasaban del banco que colapsó por el apagón. El amor en general también tiene sus octavitas. Son esas repeticiones del romance que no termina de morir. En boleroterapia recomendaba una fórmula de la última noche que pasé contigo, que consistía en replicar los momentos más sublimes de la pareja y hacerse una despedida con todos los juguetes, en algunos casos a la quinta, decidían volver porque se amaban, en otros resultaba un verdadero desastre.

Pero hoy vamos a hablar de la octavita de “Julio Cortázar, un cronopio enamorado”, una deliciosa tertulia que ocurrió el propio 14 en el Salón Rojo de La Casa Bello. Allí estuvimos con José Javier Sánchez, Benito Mieses, Libeslay Bermudez y Malú Rengifo, todos en medio de la intro y cierre de Cacri Jazz. Benito se lució con su presentación y despedida, Malú con los manuales de instrucciones, ¡esa niña es un espectáculo de mujer! Aparte de mi entrevistadora favorita, Libeslay hizo unas lecturas póstumas de nuestro amado Cortázar y me dedicó un bolero. José Javier leyó y repartió “Rayuelas” a granel, y yo recordé aquella cita inolvidable de mi héroe Julio Cortázar, un cronopio enamorado ciertamente: “Lo que mucha gente llama amor consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”. Ese rayo que no cesa diría el otro.
Y por supuesto sin dejar de enviar mensajitos crípticos a esas “Garcías” que todos llevamos dentro: “Yo ya era así antes de que tú llegaras, caminaba por las mismas calles y comía las mismas cosas. Incluso antes de que llegaras yo ya vivía enamorado de ti y a veces, no pocas, te extrañaba como si supiera que me hacías falta”.

Y sin dejar de clavarnos la estaca de saber que no siempre -o a veces nunca- las octavitas tienen una segunda oportunidad sobre la tierra, nada más consolador que: “Probablemente de todos nuestro sentimientos, el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”. Por no dejar, lancemos este salvavidas del “porsiporsi”, impelable: “Existe una cita, aún sin hora ni fecha, para encontrarnos. Yo ahí estaré puntual; no sé si tú”.

Espero que esta vaina les sirva para algo, porque yo hasta Esperanza perdí, ¡una novia espectacular que me dejó hace unos 40 años! Jajaja.


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