Letra Fría | El olor de las hallacas

Humberto Márquez

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Humberto Márquez

Así como Gabriel García Márquez atrapó el olor de las guayabas en su querida Aracataca, trayéndose en su manto todo lo que oliera a las Antillas… En Maracaibo, el puerto más escondido del Caribe -donde también supimos de mariposas amarillas-, había otro aroma que nos diferenciaba, el delicioso olor de las hallacas, aunque ni tanto, si podemos presumir que los venezolanos exilados en aquel Macondo, como el general Marco Freites, no iban a pelar sus hallaquitas de fin de año. El olor de las hallacas comienza a ventear en diciembre, el olor a encurtidos en divina mezcla con el cochino, en sus dulzores amalgamados con las olivas y alcaparras en perfecta armonía universal, se instala hasta los primeros días de enero. Hasta la brisa de los marullos huele a hallacas en diciembre.

Anoche soñé con Mamá, hacíamos hallacas en el patio de la casa allá en Maracaibo, mi tío Benigno puso su equipo de sonido con gaiticas zulianas y el jolgorio familiar ardía de júbilo, mis hijos Ligeia y Marcel hacían clínica de amarrado, Marlene me peleaba por servirme tazas del guiso, la escena era de película y la banda sonora, Paraguaipoa, región zuliana… Tierra galana de gran primor, rinconcito ensoñador de mi Patria soberana… Con el Conjunto Sorpresa… Aquella verga era como empezar a pasar el puente, porque el nudo en la garganta no se hizo esperar cuando desperté.

Al despertar descubrí que mi hija me hizo llegar mi primera hallaca, después de dos o tres años sin haber visto a linda. En nariz, ya mi apartamento invadido por un delicado aroma, era indicio de la crónica de un banquete anunciado. En boca, la delicadeza de la masa de sus orejas empimentonadas al aceite en onoto, anunciaban lo mejor, al capturar el primer bocado del centro de la hallaca, la carne de cochino celebrando su fusión con pasitas, aceitunas rellenas y tocineta, alegraron mi paladar agradecido.

Mi membrana pituitaria brincaba de alborozo con aquellos bocados de la memoria, sembrados desde mi infancia por mi querida abuela Rema y mi adorable madre Ana Lucía, eternizados por Ligeia, que heredó la receta completica y que sabe cuánto disfruto de las maravillas de este delicioso condumio que prepara.

En el alma, el inmenso amor por el encuentro de aromas de la gastronomía y el sentimiento. En el corazón, un agradecimiento inmenso porque nuestra primera hallaca del año resultara de tan exquisita factura, memoriosa y familiar. En el estómago, la gran satisfacción de colmarlo de los mejores deseos y sentir esa sensación inmensa, esa alegría desbordante de la barriga llena y el corazón contento. Ya puse a calentar la otra y a refrescar las notas aromáticas florales y frutales del Trumpetter. Jajaja.


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