Letra Roja: El rollo que no cesa

Blas Perozo Naveda

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Los diablos y los traidores salen siempre retratados de cuerpo entero, y a veces a caballo, no solo en las fotografías y daguerrotipos antiguos, sino también en los libros de historia y también en los de ficción histórica (¿?). Pero no conforme con eso se reproducen en los medios de toda natura de hoy en día y casi que con los mismos nombres y apellidos.

He estado releyendo subrayados y apuntes que voy dejando al voleo para perpetrar El rollo que no cesa, y me conmueve comprobar que la vil idea de la restauración de la monarquía, que llenó de sangre y desolación al país después de la Batalla de Carabobo y durante todo el siglo XIX, se corresponde con la réquete vil idea de la restauración de la dictadura pitiyanki y antinacional, denominada democracia representativa.

Dejaré para los curiosos relacionar los nombres de los héroes secesionistas del pasado (uno que incendió la Villa del Rosario, otro petimetre de apellido Matos, otro bodeguero devenido en banquero, o aquel Jorge Sutherland, hijo de un gringo que en 1864 le dio unas concesiones a un pana gringo, y otros etcéteras), con sus herederos de ideología y a veces de sangre, siempre al servicio del imperialismo, las monarquías y la Santa Alianza, con la bendición del partido ese que es la Iglesia.

Y aunque tenemos absoluta confianza en nuestros mandos patriotas, y en la idea de que “Venezuela tiene algún genio tutelar pacífico que preside a sus destinos” que dijo Páez en carta al Libertador, y que confirma siempre el pueblo venezolano en cada uno de sus actos de legitimación democrática y tolerancia extrema, nos inquietan los mapas, la información codificada-descodificada que se trasmite vía satélite, como parte del estado de guerra anunciada, que nos recuerda la estrategia informativa militar de la guerra de las Malvinas.

No insistiré más y no mencionaré los nombres de nuestros enemigos, pero sí sus remoquetes y segundos nombres: Guarimba, le dicen a uno que engañó a sus votantes y a quien le han prometido el paraiso. Güebarra vil, le dicen a otro que pretende ser parlante de unos Marchistrados apócrifos en la implementación de una Republiqueta en el exilio, con la que los dueños de las corporaciones pretenden readueñarse de nuestro territorio, como fuente gigantesca y maravillosa de riquezas y de privilegiada situación geopolítica.

Sin hablar del Diábolo que, cejijunto y artero, y doble feo el Bichito ese, hace la payasada ensayada ante los medios, según el scrip antipatria que recita, cual Mussolini Malapartiano.


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