Letras francesas abrazan a Venezuela

Tres escritores galos regresan luego de la Filven 2016 para presentar un libro sobre sus experiencias y encuentros en el país

“Concepto o imagen sin verdadera realidad”. Esa es la definición que la RAE da a la palabra espejismo, justamente el título –pero en plural– del libro que la Embajada de Francia bautizó esta semana y en el que se reúnen los testimonios de nueve escritores galos que visitaron Venezuela el año pasado, a propósito de la Feria Internacional el Libro de Venezuela (Filven).

Tres de esos literatos, Bénédicte Martin, Patrice Robin y Dominique Fernández arriban de nuevo al país para asistir a la presentación de este volumen y con nuevos proyectos editoriales con Monte Ávila Editores y El Perro y la Rana.

La tríada plasma en la obra sus impresiones y sentimientos hacia el país, cada uno desde sus estilos y referentes, tratando de ir más allá del espejismo que ofrecen los titulares de la gran prensa.

Una evocación intimista

La escritora Bénédicte Martin aporta a la publicación el texto Nota bene, en la que llena de lirismo dibuja la ciudad con la que se encontró y en la que resalta el canto de las aves, la presencia del petróleo y los recuerdos de los relatos de su madre.

En sus letras, Martin afirma que en Venezuela se siente ella misma. “Nací en París y tengo la costumbre de las estaciones. El hecho de estar aquí sin estaciones fue como una petición de mi cuerpo, es la impresión de estar como en una etapa oceánica. Europa no me hace falta, mientras que cuando estoy en París hay algo que me hace falta de Venezuela, aquí me siento como en mi lugar”, dijo Martin.

La joven poeta volverá a Caracas dentro de pocas semanas para presentar en la Filven un libro de relatos eróticos, que será editado en español por El Perro y la Rana.

El relato de un aventurero

La experiencia, y por tanto el texto, de Patrice Robin se centra en su visita a Mérida. El año pasado el escritor asistió al capítulo inaugural de la Filven en esa ciudad en un viaje con no pocas particularidades.

Su relato habla de su estancia en la ciudad andina, a la que viajó luego de ganarse el sorteo de la única plaza disponible en un avión no comercial, y finaliza con su retorno a Caracas recorriendo más de 700 kilómetros en un taxi, cuyo motor estaba en condiciones no precisamente óptimas.

La de esta semana es la tercera visita de Robin al país y espera volver una cuarta para recorrer las calles de Caracas con más tiempo y sin compromisos. “Esta vez no sabía que iba a regresar, pero tenía ganas”, comentó.

Canto de amor

Dominique Fernández, miembro de la Academia Francesa, es quizás el escritor de mayor calibre dentro de este ramillete. Escribió el texto que da inicio al libro y que tiene el entrañable título de Canto de amor a Venezuela. Allí revela que nuestro país forma parte de su mitología personal desde su juventud, gracias a referencias cinematográficas y literarias.

“Por lo general la gran prensa se interesa por los escándalos y no por la vida cotidiana (…) Mi interés por venir era ver por mí mismo la realidad”, señaló el intelectual.
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Un regalo para los lectores venezolanos

El libro Espejismos de Venezuela. Nueve escritores franceses tras la huella de un país está a disposición del público lector en la página web de la Embajada de Francia en Venezuela, desde donde puede ser descargado libremente. De igual forma, la misión diplomática puso a disposición el correo electrónico espejismosgratis@gmail.com para que las personas interesadas soliciten el volumen, el cual se le hará llegar como un obsequio.

El libro tendrá su bautizo oficial en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) de este año, que tendrá lugar en el mes de noviembre. Mientras tanto se realizará una serie de presentaciones en diversos espacios culturales, uno de ellos la Alianza Francesa de La Castellana, el próximo martes 24 de octubre.

Es importante mencionar que la visita de estos nueve escritores reactivó el intercambio literario con Francia. Es así como textos de Martin, Fernández, Robin y el resto de los autores serán editados por Monte Ávila y El Perro y la Rana como parte del intercambio cultural entre Venezuela y Francia. Algunos de esos libros se bautizarán en la Filven de este -año.
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Fragmento
Nota bene, de Bénédicte Martin

Podría contarles cómo cae la lluvia en el país,
como gotas negras sobre los follajes carnosos y reverdecidos.
Podría escribirles qué hay,
encima de Caracas,
la noche,
cantos de pájaros que no son necesariamente tropicales.
No loros azules con picos amarillos.
Sino buitres cuyas garras
se enganchan a los balcones oxidados de los edificios, frente a las calles.
Aves del paraíso o pájaros de mal agüero.
Su sangre es del mismo rojo que la revolución.
De un rojo hibisco, de un rojo sangría.
Como el de las uñas de las jovencitas, como el de la tierra de monte Ávila.
Podría hablarles de la savia de las plantas
que circulan en los macizos como en las refinerías
(…)
Podría contarles que el petróleo está en todas partes.
En el castaño de los ojos de las jovencitas,
bajo las uñas de los hombres,
En los charcos de los estacionamientos,
(…)
Jungla de cemento y de hormigón,
Caracas es un gigantesco decimotercer distrito parisino.
Los bloques son modernos, la arquitectura futurista,
los edificios cuadrados.
En la universidad hay obras de Calder
y Fernand Léger.
Podría decirles que los timbres no se pegan,
Pero que las cartas de amor llegan.
(…)
Que el viento es tranquilo y las lluvias son fuertes.
Que los llanos son amplios pero las montañas altas.
Podría narrarles cómo ciertos caraqueños
caminan de la mano en el Waraira Repano.
Los señores tienen brazos hechos para el baseball,
Las mujeres cinturas finas como para llevar faldas dobladilladas con los colores de la
bandera.
Volveré otra vez a mi historia
(…)
Podría contarles que el pasado noviembre,
me encontré con unas mujeres,
que tenían el mismo color de cabello que mi mamá y un cuerpo como el mío,
es decir, color madera.
Mi madre,
Quizás, hubiese sido necesario uno o dos días más de sol
para que se instalase en Caracas en agosto de 1963
que abandonase su carguero de casco blanco que
cargaba contenedores en el puerto antes de su travesía por el Atlántico.
Que, del ojo de buey de su cabina, decidiese vivir en el nuevo mundo.
Del trópico, ya conocía las noches de terciopelo, las horas lentas de los mediodías,
el azul cerúleo del mar Caribe.
Faltó poco para que la escala se eternizase
En esta América Latina.
(…)
Podría contarles todo esto,
pero solo les diré esto:
Vestida de algodón,
levantada de mi sillón de mimbre de mi cuarto en el Altamira Suites,
Fumando en el balcón,
los pies descalzos,
los ojos cerrados,
inclino mi cabeza de un lado
Y colores espléndidos me llegan al corazón.
En Venezuela,
No me lo explico,
Me siento YO.

Rosa Raydán / Ciudad CCS
Foto Marcos Colina


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