“Libros vivientes” enseñan a niños la siembra del agua

Un programa conservacionista va al rescate de lo ancestral para apostar a la perpetuidad del uso del preciado bien con el menor impacto

En momentos en los que se necesita ahorrar y reconducir el uso del agua como bien y no como servicio, imperan soluciones que pasan necesariamente de lo ancestral a lo curricular y de lo administrativo a lo tecnológico, con la aplicación de métodos ecologistas no académicos, que ayudan a conservar las cuencas y garantizan la siembra del vital líquido.

Así aborda este complejo tema un grupo interdisciplinario que involucra a la escuela tradicional con la “escuela de conuco” sustentado en el conocimiento ancestral para generar cultura de conservación y uso correcto de este bien, que desde su concepción mágico-religiosa es creación divina, pero que desde el concepto humano es una necesidad que el mismo hombre en sus modelos de explotación agota y contamina, y para sembrar agua hay que devolverle a la madre tierra lo que con excesos se le ha quitado.

La profesora Luisa Sequera, lidera la organización de las “escuelas de cuencas que siembran aguas en biorregiones desde la cultura ancestral ‘konukera’ en resistencia e insurgencia”, con docentes de ocho escuelas públicas y una privada de los altos mirandinos (subregión Karive), y llevan las experiencias y estrategias de enseñanza a los alumnos para sacar a la escuela “de las cuatro paredes” a interactuar con la “escuela de conuco”, donde se encuentran con el conocimiento real de cómo se comporta la naturaleza.

Sembrar agua implica, como tareas permanentes, generar semilleros, reforestación y fauna de poco consumo de agua para crear las condiciones que una vez existieron en los sitios cercanos a las cuencas, y eso solo se sabe si se interactúa con quienes están en contacto permanente con lo natural y que por sus saberes se denominan, para efecto de este proyecto, los libros vivientes.

Sequera asegura que esa es la manera directa de obtener una data informativa de la relación del humano con la naturaleza y se plantea reencontrar un equilibrio en el trato e intercambio con el ambiente para generar el menor impacto posible en el uso de los bienes naturales sin daños, generando vida desde la vida.

“Se trabaja la formación de criadores de nacientes de agua encargados de detectar, limpiar, rezar y covar las cuencas”, expuso.

Este programa impacta a casi 300 niños en la fase inicial, y esperan que permeé, como el agua, esa cultura de conservación y uso adecuado del bien hídrico a sus familiares y entorno.

En la figura del trueque han conseguido un aliado para la independización del comportamiento del mercado, asegura Sequera.

“Esto debe llegar a las comunidades con la corresponsabilidad de las comunas, con conciencia y con leyes que enmarquen el tema como un asunto de Estado. Esperamos llegar a la Asamblea Nacional Constituyente, proponiendo que el asunto tome rango constitucional por lo neurálgico del tema”, aseveró la docente.

La tarea es difícil porque va más allá de lo político o lo académico, y por tratarse de un tema agroecológico, Sequera advierte sobre el uso de tóxicos que generan daño ambiental y a la salud pública.

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Biorregión Karive

En la zona de los altos mirandinos existen las cuencas de San Antonio, San Diego y Carrizal, y como dato paradójico, toda esa vertiente va a alimentar los embalses de Agua Fría y La Mariposa, que son de consumo exclusivo para los habitantes de Caracas, mientras que los residentes de la zona de origen del vital líquido no tienen acceso directo. Luisa Sequera apuesta a formar más cuidadores de nacientes, descentralizar los servicios hídricos, democratizar su uso y crear conciencia, porque “a mayor organización para sembrar agua, se logran cosas fundamentales para la vida”.

LUIS MARTÍN/CIUDAD CCS
FOTO JAVIER CAMPOS/HUELLAS KARAÍVE

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