Los bailadores obedecen al grito de ¡Lo dice Irving!

Sus composiciones llevan el sello de calidad hecha en Venezuela

403
403

Hace un año Irving Manuel sacó al mercado su producción aniversaria. Celebrando entonces diez años de su permanencia en el mundo de la llamada “salsa erótica”.

Nuestro personaje nació en el litoral venezolano, en El Teleférico, barriada aledaña a Macuto. Eso fue un 12 de marzo de 1979 y sus padres lo bautizaron como Irving Manuel Matos Barrios. Dicen que cuando le echaron el agua no lloró, porque estaba ocupado con el sonido de una campana.

Estaba claro que llevaba la música desde el vientre.

—¿Cuántos hermanos?

—Somos tres y soy el único músico en la familia. Soy el primogénito, como diría Rubén.

—¿No hubo oposición de parte de tus padres?

—Por el contrario. Mis padres me apoyaron y yo me lo tomé muy en serio, al punto de que vine a probar suerte en el canto en el 2005.

—Se dice que eres la mejor carta de la salsa sensual en Venezuela, ¿es eso cierto?

—Mi pasada producción fue la quinta en diez años de carrera y está enmarcada en la salsa sensual. Yo he trabajado duro para estar en los primeros lugares, pero siento que hay otros colegas que merecen mi respeto, por eso grabé con varios de ellos.

¡LO DICE IRVING!

“Como dije, me tomé muy en serio mi papel de cantante; me he preparado lentamente. A los once años me inicié en los estudios musicales en la Escuela Pablo Castellanos, en La Guaira, y luego de terminé mi formación pianística con el maestro Gerry Weill”.

Nuestro entrevistado tiene la suerte de comenzar su carrera en medio del auge de la salsa sensual, erótica o monga. Fue durante su niñez cuando los salseros se guardaron “la mata” en los bolsillos y decidieron adentrarse en la romántica, porque solo así podrían competir con el merengue, un género inventado para el bailador. La sensual, además de bailable, sirve de pretexto para el “amapucheo” y sus letras, casi todas, están destinadas al ser motivo de nuestras tristezas o alegrías.

La niñez de Irving estuvo adobada con la salsa de Lalo Rodríguez, Paquito Guzmán, Eddie santiago, Tito Rojas y Frankie y Viti Ruiz. Ellos, de manera abierta y sin mucho tapujo, reclamaban sexo en cada canción. Las letras influían en el deseado “cuerpo a cuerpo” con un tumbao’ bailable, que no necesariamente tenía que ser bolero; el asunto era el roce, el corazón a punto de estallar de tanta cercanía.

También a la “sensual” le llegó su hora con la irrupción de Juan Luis Guerra, quien le puso color al merengue y letra bien pegajosa a la música. La sensualidad se llenaba de contenido y dejaba que la bachata se acentuara en el ambiente. Eso lo aprovecharon los de la “dura” para resurgir de sus cenizas.

En nuestro país comenzó a penetrar con fuerza esa salsa romanticona. Surge el Irving Manuel compositor.

“Lo mío fue siempre estar frente al piano. En esa posición estuve por muchos años, lo que me permitió acompañar a gente como Cheo Feliciano, Maelo Ruíz, Adalberto Santiago, Pupi Santiago… cantantes de muy alta factura de los que aprendí muchísimo. Soy una esponja músical”.

—¿Qué tal como cantante?

—Muy bien. Ya tengo cinco producciones y la acogida ha sido a mi favor. En Colombia el público es numeroso y lo mismo puedo decir de México y Panamá. Ahora mismo estoy tratando de retomar el tiempo perdido en Perú.

¡Saravá!

ÁNGEL MÉNDEZ
FOTO ENRIQUE HERNÁNDEZ 

 

 

 


Join the Conversation