La Caraqueñidad | De los techos rojos a una ciudad vertical

La llegada de los rascacielos a la ciudad representó la transición a la modernidad y para que fuera posible hubo que hacer algunos...

Al apreciar a Caracas desde alguna terraza de sus altos edificios descubres que, si alguna vez fue la Ciudad de los techos rojos, hoy se debate entre un paisaje que contrasta la arquitectura colonial y la moderna, además de las barriadas.

De esa pequeña París, “la París de un piso”, como pretenciosamente la llamaba Antonio Guzmán Blanco, quedan varios testigos que, con el paso del tiempo y la llegada de la modernidad, fueron arropados por las sombras de nuevos gigantes que se construyeron en la ciudad.

Así fue como el Capitolio, que en su momento impresionó a una ciudad de calles empedradas y casitas de un piso, bajó del podio de las construcciones ostentosas cuando nuevos proyectos arquitectónicos prometían poner a Caracas en el mapa como algo más que la cuna del Libertador.

El Centro Simón Bolívar le dio a Caracas y a Venezuela sus primeros rascacielos, dos torres gemelas de 32 pisos que superaban los 100 metros. No había en la ciudad nada que se le asemejara, y aunque entre la muchedumbre se rumoraba de muy mala gana “cambiaron a Caracas”, este complejo marcó el inicio de la modernidad con su inauguración, el 6 de diciembre de 1954.

El precio que los capitalinos tuvieron que pagar por tal estructura, más que monetario fue sentimental. Tuvieron que despedirse del Hotel Majestic, el cual era uno de los consentidos de la urbe. La alta sociedad lo disfrutaba puertas adentro; para el resto con poder observarlo desde afuera era suficiente.

Para las dimensiones del proyecto era necesario demoler el hotel donde se quedaban los famosos que iban a presentarse al Teatro Municipal (que quedaba en frente). Los amantes del tango no podían creer que sería destruido ese emblema que una vez hospedó en el piso 2 a su gran ídolo, Carlitos Gardel.

Aunque no sufrió el mismo destino que el Majestic, el Teatro Municipal también era un obstáculo, y en 1949 su arquitectura original fue modificada: se recortó la fachada y desaparecieron el peristilo semicircular, el vestíbulo original y la escalera del palco presidencial. Pero por si fuera poco, estuvo cerrado hasta 1959. Qué hubiera pensado el Ilustre Americano de los cambios que le hicieron a su teatro.

Las paredes también hablan

En el arte urbano los creadores han encontrado un medio para enviar mensajes necesarios en una ciudad agitada, siempre en marcha, pero que espera ser leída y descifrada por sus habitantes.

“No seas esclavo del dólar”, reza este stencil referenciado en la técnica del artista Banksy, y que al leerlo nos hace impactarnos contra una realidad que se ha hecho difícil de controlar, en plena guerra económica algunos han optado por mirar a otra parte, el celular, por ejemplo.

ALBERT CAÑAS/CIUDAD CCS
FOTO JAVIER CAMPOS

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